1 enero, 2026

1 enero, 2026

Laberintos del poder

Yo brindo por…

Laberintos del poder

Mañana se despedirá de todos nosotros, este año.

Doce meses cumplirá y con él también sumamos el mismo lapso a nuestras edades. Uno año más, sobre el cual bien vale la pena intentar una reflexión.

Para hacerlo, permítame un ejercicio de imaginación acunado en el escabroso escenario preelectoral que vive Tamaulipas, en torno a la sucesión de gobernador, sin duda la madre de todas las batallas que en las urnas se libran en un Estado.

Le invito a cerrar los ojos unos minutos y pensar en una amplia mesa, con varios personajes sentados a su alrededor. Van a empezar un brindis, en un símil del célebre Brindis del Bohemio que magistralmente declamaba Manuel Bernal.

Con su licencia y una disculpa previa por la parodia y la manipulación de los versos, empiezo a imaginar:

En torno de una mesa de lujosa cantina, una noche de invierno, regocijadamente departían seis alegres aspirantes a candidatos. En todos los labios había risas, de ellos brotaba la palabra chusca o la que vierte veneno; y nueva inspiración llegaba a todos los cerebros.

Con la copa casi siempre en alto, compartían el vino y las viandas el conspicuo Alejandro, el apasionado Jano, el imperturbable Baltazar, la linda Paloma, el ácido Marco y el belicoso Enrique.

Aquel grupo celebraba entre libaciones, la agonía de un año que alegrías y penas dejó en todos los pechos, así como la llegada del que todos también esperaban, fuera el mejor de los años nuevos.

La primera voz fue la de Alejandro, quien invitó con mesurada voz a brindar por el año que casi comienza. “Porque nos traiga ensueños, porque no sea su equipaje un cúmulo de amargos desconsuelos”, dijo.

Le sucedió Paloma, quien brindó por vencer los rigores del destino, “Brindo por la esperanza, nuestra dulce amiga, que las penas mitiga y convierte en vergel nuestro camino”, apuntó con delicada pero firme voz.

¡Bravo!, dijo Enrique, inspirada esta noche has estado, para de inmediato señalar con voz ronca y altisonante: “Brindo por el pasado, que fue de luz y de alegría, en donde hubo frentes soñadoras que se juntaron con la frente mía”.

El turno fue de Marco, cuyo sarcasmo es delicioso: “Brindo porque el presente y futuro esparza sus consuelos trayendo hasta mi cuerpo y mente las dulzuras de goces, de ternuras y delicias permanentes”.

Los buenos deseos prosiguieron:

“Brindo”, dijo de pie el dinámico Jano, “porque en mi mente brote un torrente de inspiración divina y seductora, porque en mí, vibren las palabras que sonríen, que cantan y enamoran”.

Con gesto adusto pero soñador, Baltazar tomó su copa y brindó también: “Brindo porque al corazón de quien me interesa, llegue mi canto, porque con creces mi pasión me pague, porque me embriague con el favor de su mirada”.

Los seis habían hablado, pero no se habían percatado de que a su lado, el cantinero había tomado otra copa y aprovechaba el álgido momento para expresar lo que pensaba:

“Brindo”, dijo el inesperado invitado, “por la gubernatura, más no por esa que os brinda sus hechizos artificiosamente perfumados, sino por la que vale por su cariño verdadero, por la que no sólo piensa en el hoy sino también en el mañana, por la que debe ser luz del alma para todos, por la que del cielo implora que sea el mejor de sus hijos o hijas quien la cuide y enamore”.

El silencio cayó sobre todos.

Ningún acento profanó ese cálido sentimiento nacido del pueblo y de la sed de confianza. Y pareció que sobre aquel ambiente, flotaba inmensamente un poema de esperanza…

¡Feliz Año Nuevo, Tamaulipas!
Twitter: @LABERINTOS _HOY

Facebook
Twitter
WhatsApp

DESTACADAS