20 enero, 2026

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Muere el principal juez conservador de la Suprema Corte

El magistrado Richard A. Posner escribió en el 2011 en The New Republic que Scalia era ‘el magistrado más influyente de los últimos 25 años’

MÉXICO, CDMX.- El magistrado Antonin Scalia, cuyas transformadoras teorías legales, redacción brillante y extrovertida personalidad lo convirtieron en líder del renacimiento intelectual conservador durante los tres decenios que formó parte de la Suprema Corte, fue localizado ayer sin vida en un centro vacacional del oeste texano, de acuerdo con el comunicado emitido por el presidente del tribunal superior John G. Roberts Jr.; Scalia tenía 79 años.

‘Era una persona y un jurista extraordinario, admirado y apreciado por sus compañeros’, dijo Roberts. ‘Su muerte constituye una gran pérdida para la Corte y el país, al que con tanta lealtad prestó servicio’.

El motivo del deceso no se dio a conocer de inmediato.

Scalia inició su labor en el tribunal superior como una minoría conocida por disentir de manera mordaz y alejar inclusive a sus posibles aliados. Pero sus teorías, que al principio se consideraban peculiares, se afianzaron gradualmente, y no sólo en la derecha ni en los juzgados.

El magistrado Richard A. Posner escribió en el 2011 en The New Republic que Scalia era ‘el magistrado más influyente de los últimos 25 años’.

Scalia era un abanderado del originalismo, la teoría de interpretación constitucional que intenta aplicar los puntos de vista de quienes diseñaron y ratificaron la Constitución. En manos de Scalia, por lo general el originalismo generó resultados que complacieron a los conservadores políticos, pero no siempre: su enfoque resultó útil a los imputados penales en casos relativos a sentencias y a testigos interrogados por la parte contraria.

Scalia desdeñaba asimismo el uso de la historia legislativa –declaraciones que los miembros del Congreso hacían en torno al significado y el propósito de las leyes– en la interpretación judicial de los estatutos. Denostaba contra las leyes vagas que no brindaban a los acusados potenciales advertencias justas respecto a cuál conducta resultaba delictiva, criticando intensamente las opiniones de la Suprema Corte que no ofrecían lineamientos claros a los juzgados de menor instancia y a los litigantes.

Todas estas posturas tomaron la forma de opiniones disconformes. Con el tiempo, llegaron a influir y en numerosos casos dominaron el debate en la Suprema Corte, en juzgados de menor instancia, entre abogados y en el mundo académico legal.

Para cuando redactó su opinión mayoritaria más importante –aseverando que la Segunda Enmienda protege el derecho individual a la portación de armas– hasta los disidentes se abocaron a intentar determinar el sentido original de la Constitución, enfoque que Scalia había defendido.

En ese fallo emitido en el 2008, en Distrito Columbia v. Heller, se ilustraba un segundo punto: en los últimos años de su carrera Scalia estaba dispuesto a ceder un poco a fin de atraer votos de sus compañeros. En Heller, al parecer el precio de dirigir a la mayoría incluía un fragmento en el cual se limitaba el impacto práctico de la decisión.

Al jubilarse en el 2010 el magistrado John Paul Stevens, Scalia pasó a ser el integrante del tribunal superior actual con mayor antigüedad. Para entonces, Scalia redactaba en forma rutinaria a nombre de la mayoría en los casos importantes, entre ellos los relativos a la Primera Enmienda, a demandas colectivas y a arbitrajes.

Dominaba en forma excepcional el estilo al redactar las opiniones en las cuales se esmeraba y se complacía en encontrar precisamente la palabra o la frase correcta. El autor de alguna opinión mayoritaria podía tener la certeza de que Scalia no ignoraría en su disidencia ninguna falla. Abogados y civiles leían sus opiniones por placer y para aprender.

En los argumentos orales, Scalia se deleitaba cual profesor al debatir con los activistas que tenía ante sí. Parecía lucirse ante el público presente en la sala del tribunal. Los interrogatorios en ocasiones fulminantes de Scalia contribuyeron a transformar lo que a su llegada había sido una corte aletargada en una que Roberts ha manifestado se ha vuelto demasiado activa, cuyos magistrados interrumpen a los abogados y uno a otro.

Scalia era un hombre de gustos diversos, con afición por el póker, la ópera y la caza. Sus amigos le decían Nino.

Rara vez estaba de acuerdo con la magistrada Ruth Bader Ginsburg en las preguntas importantes que llegaban al tribunal superior, pero ambos recibían juntos el Año Nuevo. Al poco tiempo de que ingresara a la Corte la magistrada Elena Kagan, otra liberal, Scalia empezó a practicar tiro al plato con ella.

Antonin Gregory Scalia nació el 11 de marzo de 1936, en Trenton, Nueva Jersey, hijo de Salvatore Scalia y Catherine Panaro. Como hijo único, sus padres y tíos, ninguno de los cuales tuvo hijos, lo colmaban de atención.

Scalia y su esposa, Maureen McCarthy, tuvieron nueve hijos. ‘Ambos éramos devotos católicos’, según Scalia dijo a Joan Biskupic para su biografía del 2009, ‘American Original’. ‘Y ser un católico devoto significa que tienes hijos cuando Dios te los da, y tienes que criarlos’.

El joven Antonin era un estudiante excepcional, se graduó con el mejor promedio de la Xavier High School en Manhattan, fue el primero de su clase en Georgetown y magna cum laude en la Facultad de Derecho en Harvard.

Ejerció la abogacía por seis años en Cleveland antes de aceptar un puesto como maestro de derecho en la Universidad de Virginia en 1967. Cuatro años después se convirtió en servidor público, primeramente como abogado de la Oficina de Telecomunicaciones y luego como presidente de la Conferencia Administrativa de Estados Unidos, dependencia de la rama ejecutiva que da asesoría a los reguladores federales.

En 1974, el presidente Richard M. Nixon lo nominó para subprocurador general a cargo de la Oficina de Consejería Legal, una unidad de élite del Departamento de Justicia que da asesoría a la rama ejecutiva.

Fue confirmado por el Senado poco después de que Nixon renunciara a la Presidencia.

En 1977, Scalia regresó al cuerpo académico legal, uniéndose al profesorado de derecho en la Universidad de Chicago.

Scalia rechazó un escaño en la Corte federal de Apelaciones en Chicago con la esperanza de que sería nominado para formar parte de la Corte federal de Apelaciones para el Circuito del Distrito de Columbia, cuya lista de litigios, ubicación y prestigio le atraían. La primera vacante en el Circuito de D.C. en los años de Reagan fue ocupada por otro prominente profesor conservador de derecho, Robert H. Bork. Pero la segunda la ocupó Scalia en 1982.

En una entrevista para C-Span en el 2009, Scalia reflexionó sobre su papel y su legado, describiendo una modesta concepción del papel que juega un magistrado de la Suprema Corte.

‘Nosotros no hacemos las leyes, ni dictamos quién debe ganar’, dijo.

‘Nosotros decidimos quién gana en apego a la ley que la gente adoptó. Y muchas veces, si eres un buen juez, no te agrada mucho el resultado al que se llega’.

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