Todos los extremos, asienta la sabiduría popular, no son buenos. Prácticamente nada ni nadie escapa al significado de esa frase.
La política desde luego no es una excepción y hoy, el escenario electoral en que se desenvuelve Tamaulipas parece ser una muestra más de la verdad encerrada en esas palabras.
Me referiré en ese sentido sólo a dos casos que en mi opinión reflejan las dos puntas que marcan esas circunstancias. El primero, que hace evidente un abuso de impunidad y el segundo, que manifiesta un exceso de prudencia. Dos extremos, sin duda. Iré, si me permiten, en ese orden.
Es innegable que el candidato del Partido Acción Nacional a la gubernatura, Francisco García, ha definido una estrategia de desafío permanente a la autoridad electoral, a través de acciones que rebasan unos milímetros los límites de la ley, a fin de volver a ser blanco de denuncias por actos anticipados de campaña.
El ex senador acaba de confirmar lo anterior al protagonizar durante la Semana Santa en las playas del sur del Estado, una serie de actividades de proselitismo puro disfrazadas de festejos vacacionales de particulares, en donde los riesgos estuvieron rigurosamente medidos.
El propósito claro fue poner el cebo para que sus opositores electorales de nueva cuenta registren acusaciones en contra del aspirante azul, que al final, si así sucediera, serían desechadas por improcedentes, con el esperado reforzamiento de la imagen de don Francisco como acosada víctima del sistema y por lo tanto ganador de nuevas simpatías. Un extremo benéfico para él, aunque se coloque en términos éticos fuera de la ley. Habrá más sucesos similares, puede jurarlo.
En el segundo caso, la diferencia es radical. La presencia mediática y social del candidato del Partido Revolucionario Institucional, Baltazar Hinojosa, es apenas notoria.
Es evidente que el aspirante priísta a la gubernatura observa un estricto apego a la normatividad. Bien por eso, porque con ello demuestra que el respeto a las instituciones y a los mandatos que de ella emanan, es una prioridad en su trabajo electoral. Desde hoy define lo que sería, si el voto lo hace ganar, su futura administración: Un gobierno de leyes.
Pero llevar lo anterior al extremo tampoco es sano. En este lapso de intercampaña, bautizado en forma coloquial en el mundillo político como “zona del silencio”, el nombre del aspirante tricolor al Ejecutivo estatal apenas se ha escuchado, derivado de los actos oficiales de registro llevados a cabo por los otros partidos que integran la coalición que lo cobija, el Verde Ecologista y Nueva Alianza.
Ciertamente la ley dispone que en esta etapa no pueden darse convocatorias al voto ni formular compromisos, pero la inmovilidad casi total del candidato priísta es precisamente lo que ha permitido que su principal opositor, Francisco García, avance en el nivel de conocimiento popular. Opuesto, pero extremo, al fin.
El saldo, en mi percepción, sería un viejo refrán: Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre…
¡VAYA COMPETENCIA!
En lo personal, me parece una buena noticia que Gustavo Cárdenas haya decidido contender también por la gubernatura.
Ayer, impulsado por el Partido Movimiento Ciudadano, llevó a cabo su registro formal y con esa acción le dio, a querer o no, un perfil mucho más dinámico a la búsqueda del Poder Ejecutivo del Estado.
Bienvenida sea una opción más. Al final, quien triunfe, podrá decir con orgullo que ganó en la elección más competida en la historia de Tamaulipas…
Twitter: @LABERINTOS_HOY




