He escuchado y leído las entrevistas y mensajes cercanos en los que el gobernador electo, Francisco García Cabeza de Vaca, es el protagonista.
En todas, he encontrado un factor común: en contra de lo esperado, no veo la euforia triunfalista que usualmente caracteriza a los días siguientes de una victoria. Por lo menos no
la percibo.
Es un escenario que mueve a la curiosidad, por citar sólo una de sus consecuencias. ¿En dónde está la belicosidad del candidato de unos días atrás?… ¿Cambió de la noche a la mañana su naturaleza guerrera al obtener la gubernatura? ¿Se ablandó el gobernador electo?
No creo que así haya sucedido. Lo que sí es inobjetable es el cambio de investidura y con ella, la aparición de un giro radical indispensable en la visión del quehacer público. Después del resultado del 5 de junio, lo manifestado por Francisco García dejó de ser un paquete de frases para ganar votos y se convirtió en señales de lo que será la administración que encabece.
Hay razones poderosas para entender esa postura conciliatoria del mandatario electo.
Una de ellas es la necesidad de sumar. Gobernará a un estado fracturado en varias partes, con contrapesos políticos poderosos inclusive dentro de su propio partido y con una oposición que no se sentará a descansar en el dintel de una puerta a esperar una oportunidad. De ahí la posibilidad planteada –y entendible– de abrir la puerta del nuevo gobierno para otras fuerzas partidistas.
Otra razón es la construcción de un proyecto marcado con fechas y una de éstas es el 2018. La mejor manera de apoyar la aspiración de Acción Nacional para volver a Los Pinos en ese año será la de ofrecer un gobierno estatal eficaz en todos los sentidos y si lo logran, pondrán piso firme a la segunda etapa, que es la continuidad azul en el poder tamaulipeco.
Como se puede ver no hay cambios de conducta; lo que se está aplicando ahora es sólo un factor, pero vital: Sentido común.
Y a propósito de la posible inclusión de no panistas en el nuevo gabinete estatal, habría que recordar un pasaje atribuido al ex presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson.
Al responder a una pregunta reporteril de por qué había integrado a su equipo de trabajo a personajes del partido opositor. Johnson señaló, palabras más, palabras menos:
“Por simple autoprotección. Cuando mis enemigos se orinen, prefiero que lo hagan hacia fuera de la casa y no hacia adentro…”
Cruda, pero indudable sabiduría política…
UN FRESCO EJEMPLO
Una de las experiencias agradables registradas en la campaña recién terminada por la gubernatura, fue la protagonizada por los jóvenes.
¡Cuánta pasión, cuánto esfuerzo de muchachas y muchachos!
No quiero cometer una injusticia con el resto de los sectores que participaron en esa contienda, pero me complace sobremanera haber sido testigo de ese trabajo juvenil, fresco y oxigenante.
En especial, un reconocimiento a un grupo que fuera del presupuesto priista de campaña, con recursos propios en gran parte de sus actividades, hicieron gala de entrega a su causa.
Su nombre: Jóvenes por Baltazar.
Ojalá ese partido voltee hacia ese tipo de aportaciones individuales y de conjunto y no sólo les aplauda, sino aproveche también a esa nueva fibra para sembrar hoy y cosechar mañana. Será la única manera tricolor de aspirar a recobrar la fuerza e influencia que apenas un año atrás parecía imbatible…
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