La segunda mitad del año 2016 puede convertirse en una pesadilla para el presidente Enrique Peña Nieto.
Durante las últimas semanas ha sufrido duros golpes que nublan su panorama, ya no para pensar en la continuidad del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el poder luego del año 2018, sino incluso para llegar al ocaso de su sexenio con la tranquilidad de un país con paz y gobernabilidad.
1) La derrota priista del 5 de junio, con todas sus implicaciones locales, no puede dejar de verse como un duro revés para el presidente. Sus bajísimos niveles de popularidad explican en buena medida la debacle tricolor.
2) Con el paso de los días se ha ido confirmando que la Iglesia Católica le tiene declarada la guerra a Peña Nieto y su partido. Disgustados por la iniciativa -de avanzada, hay que decirlo- para legalizar el matrimonio igualitario en todo el país, los sacerdotes se metieron abiertamente en el campo de batalla político.
3) El matrimonio perfecto del presidente con sus representantes en el Poder Legislativo parece atravesar una crisis seria. Son varias las voces que señalan una suerte de rebelión del priismo en el Congreso de la Unión; la muestra es su negativa a aprobar precisamente la reforma del matrimonio igualitario, promovida directamente por el mandatario.
4) Acaso, producto de ese alejamiento que derivó en descontrol, los legisladores le abrieron a Peña Nieto otro frente de conflicto. En esta ocasión con los empresarios, que en un hecho inédito salieron a manifestarse en el Ángel de la Independencia. La poderosa Confederación Patronal de la República Mexicana dejó de ser una aliada del presidente, ni más ni menos.
5) Por último, la aplicación de la reforma educativa atraviesa su momento más álgido. Sobre lo ocurrido en Oaxaca el domingo hay todavía mucho por descubrir, pero algo es seguro: la palabra “Nochixtlán” con todo y sus seis muertos perseguirá al presidente hasta el último día de su sexenio.
El silencio de Aurelio Nuño Mayer, tan proclive a las declaraciones explosivas, demuestra que al mimado secretario de Educación Pública se le salió de las manos el conflicto, al que en más de una ocasión arrojó gasolina para intentar apagarlo.
Así llega Peña Nieto al ocaso de su sexenio, con muchos frentes abiertos y muy pocos funcionarios de primer nivel con la capacidad -y la disposición- para controlar los daños y blindar la de por sí maltrecha imagen presidencial.
EL ANUNCIO DE BELTRONES
La versión de que Manlio Fabio Beltrones Rivera dejaría la dirigencia nacional del PRI empezó a cobrar fuerza por la tarde. Después de las siete, el sonorense confirmó que había presentado su renuncia y que entraba en un proceso de “pausa necesaria”.
¿De qué manera incide la decisión de Beltrones Rivera en la renovación de la dirigencia priista en Tamaulipas? De algún modo la retrasa. Una fuente cercana al proceso opina que lo más lógico ahora es que no haya cambios en la entidad hasta que se conozca quién asumirá la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional.
Así es que los priistas tamaulipecos tendrán que practicar la paciencia.
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