22 enero, 2026

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¿Otro 1968?

Enroque

Víctima de sus propios errores y desatinos, el PRD no sólo atraviesa por su peor crisis política sino que más bien parece encaminarse a su autodestrucción.

La salida de sus filas de 28 figuras de renombre, entre ellas las de su fundador y guía moral, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Andrés Manuel López Obrador, Rosario Robles Berlanga, Marcelo Ebrard Casaubón, Alejandro Encinas y Ricardo Monreal, y la renuncia al cargo de los dos últimos dirigentes, Carlos Navarrete y Agustín Basave, revelan que el partido
político se encuentra en proceso de desintegración o de convertirse en un partido minoritario.

La firma del Pacto por México y las alianzas subrepticias del Partido del Sol Azteca con los gobernantes priístas y el propio Revolucionario Institucional, le hicieron perder credibilidad y el respaldo de amplios segmentos de la población lo ha dejado en una situación complicada.

Por si eso no fuera suficiente, la creación del Movimiento Regeneración Nacional, MORENA, le quitó la mitad de los seguidores y de no haber sido por las alianzas logradas este año con el PAN que le permitieron ganar las gubernaturas de Veracruz, Quintana Roo y Durango, ahora el instituto político estaría al borde de perder su registro nacional, como lo ha perdido ya en Tamaulipas.

Además, con elementos pragmáticos como los chuchos, Jesús Ortega Martínez y Jesús Zambrano Grijalva, en el poder tras el trono, difícilmente la principal agrupación de izquierda del país podrá representar otra vez una auténtica alternativa en
la lucha por el poder político de México, como lo hizo en los comicios federales del 2006 y el 2012.

Bajo esas circunstancias, la única esperanza con la que cuenta ahora el Partido de la Revolución Democrática para evitar el colapso, es que el disminuido jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, acepte pelear la presidencia en el 2018 con la camiseta amarilla.

Aunque la situación del PRD parece tan delicada que no sería extraño que el hasta ahora principal aspirante perredista al gobierno de la nación, termine, más que en disputar la presidencia de la República, en asistir a sus exequias.

Sin embargo, más que la posible desaparición del organismo como partido político, el asunto que acapara en estos momentos la atención de la opinión pública es el brutal enfrentamiento que los efectivos de seguridad pública y los trabajadores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) protagonizaron en Nochixtlán, Oaxaca, confrontación que dejó un saldo 8 muertos, un centenar de heridos y 21 detenidos.

El lamentable punto de gravedad en
el que ha entrado el conflicto ha puesto
de relieve que la estrategia utilizada por
el gobierno para resolverlo no ha sido la indicada ya que, en lugar de apaciguarlo e impedir su crecimiento, le ha agregado un nuevo ingrediente que lo ha desbordado
y al mismo tiempo ha puesto en el filo de la navaja, de entrada la cabeza del gobernador Gabino Cué, que podría alcanzar a figuras de mayor jerarquía, si no le encuentran pronto una salida no violenta.

Como sucedió con la matanza de estudiantes de Ayotzinapa, aún sin esclarecerse, la violencia magisterial ya ha provocado reacciones más allá de la frontera. La organización no gubernamental Amnistía Internacional hizo un llamado al gobierno mexicano para que esclarezca los hechos y la embajadora de los Estados Unidos, Roberta Jacobson, declaró que el
asunto es monitoreado de cerca por el gobierno estadounidense.

Si el presidente Peña Nieto no actúa con prontitud, aunque ayer pidió a la PGR apoyar a la Fiscalía General del Estado en la investigación de los hechos, para evitar que el problema salga de control, como sucedió en Iguala, el movimiento de los profesores va a afectar también internacionalmente al régimen y de rebote al PRI.

No hay que olvidar que la derrota que éste sufrió en 7 estados en las pasadas elecciones estatales, que ayer hizo rodar
la cabeza de Manlio Favio Beltrones y lo dejó fuera de la carrera presidencial, fue ocasionada, en gran medida, por la manera de encarar este tipo de acontecimientos.

Y tener bien presente lo que sucedió con los conflictos estudiantiles de 1968 y 1971, que marcaron para siempre la imagen del tricolor.

jlhbip@hotmail.com

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