1 enero, 2026

1 enero, 2026

Crónica urbana

Días de lluvia en Tampico

Crónica Urbana

Llegué a Tampico en un mar sobre mar de lluvia. Las ventosas de agua arremolina autos y entrenan a los peatones. La ciudad alta en la gloria y la ciudad baja en el cadalso del agua hasta las nalgas.

La lluvia embiste como toro de lidia calles y edificios, y en los remedos de viento azotan con frágiles manos el agua en los rostros de la gente.

Es remolino en las calles y la preciosa ciudad y sagrado puerto de México es sometido por la tormenta que pone a prueba sus defensas.

Todo ha sido un episodio nocturno y amanecido, los torrentes que abren las calles por los vados que atraviesan los barrios pobres y algunas zonas residenciales.

He llegado a Tampico con la alegría y la hospitalidad del puerto, entre la bamba y el requeteque, el son y la marimba de las tardes acompañadas del sol amarillento que se desliza en la suntuosa plaza y la maravillosa catedral.

Ha salido el sol, o entrado la luz en las ventanas de mi hotel con la memoria perdida en las imágenes del Tampico que conocí de niño en el bullicio de la gente por la Avenida Hidalgo, el centro histórico cruzado por los viejos tranvías que marcaron sus huellas al paso de la arena y las calles de un puerto jacarandoso lleno de mujeres hermosas.

Tampico es lo Azul, escribió el esplendoroso cronista maestro de maestros, el padre Carlos González Salas. Tampico azul pleno de amor en las cortinas, en los resquicios de las puertas y en los asomos de los balcones y el torrente de juventud en el Café Degas de la Plaza de Armas que configura un sitio ideal de esta maravillosa ciudad atrapada al mar.

Se tiene el corazón contento, en la secrecía de las cortinas donde se alojan los murciélagos y los rayos del sol que esconden a las sombras y la alegría de los paseantes y el ruido de los taxistas, los bailes callejeros y los alambres y maderas de las marimbas.

Es una orquesta de grillos y de cantos de pájaros, la hora del puerto que se ha venido tras la lluvia y saborea este Tampico Azul que narrara nuestro inolvidable Carlos González Salas.

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