A simple vista, Enrique Peña Nieto parece un presidente que ya no quiere ejercer el poder.
Quien llegó a Los Pinos el primero de diciembre de 2012 con una imagen fabricada y catapultada por la televisión, hoy parece un hombre cansado.
Cuando parecía que su gobierno iba a entrar en una ruta ascendente en el tercer año de gestión, la masacre de Ayotzinapa se le cruzó en el camino y perdió una batalla vital: la lucha mediática.
La desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, un caso que involucra a un cártel del narcotráfico y a policías municipales de Iguala, Guerrero, (con el ejército bajo sospecha), se convirtió en el parteaguas de una administración que estaba destinada a sacar adelante las visionarias reformas que requería el país para fincar las bases de un desarrollo económico.
Eso no fue todo en el último trimestre de 2014: en noviembre, el noticiero radiofónico que encabezaba la periodista Carmen Aristegui destapó el caso conocido como ‘La Casa Blanca’.
La propiedad, con valor de más de 80 millones de pesos y ubicada en el privilegiado sector de Las Lomas en la Ciudad de México, fue construida por el Grupo Higa, corporación que, en ese entonces, ganó la licitación del tren que comunicaría a la capital del país con Querétaro… una obra que, finalmente, tras el escándalo desatado por la noticia revelada por el equipo informativo de Carmen Aristegui, no se construyó.
Desde entonces, el gobierno de Enrique Peña Nieto perdió el rumbo. Nunca pudo responder a los reclamos de justicia del caso Ayotzinapa, ni a los cuestionamientos por la supuesta participación u omisión castrense en la desaparición forzada de los estudiantes.
Tampoco convencieron los argumentos presentados sobre la propiedad de ‘La Casa Blanca’, cuya dueña, según la versión oficial, era la esposa del presidente, la ex actriz de Televisa, Angélica Rivera.
A casi dos años de ambos hechos, el primer mandatario y su primer equipo siguen sin dar ‘pie con bola’. La suma de errores y fracasos conducen al despeñadero.
En las últimas semanas, el presidente ha abierto demasiados frentes de batalla, áreas en las que acumula negativos que se reflejan en las encuestas y, peor aún, con abiertas confrontaciones con influyentes grupos de poder que, tarde o temprano, le cobrarán la factura.
Un ejemplo específico: el sector empresarial se siente ofendido porque la clase política y, en especial, el partido en el poder, respondió con la aplicación de la ‘Ley 3 de 3’ a quienes sean contratados por cualquier entidad pública para prestar un servicio o realización de obra.
Otro más: las Iglesias -Católica, Evangélica, Ortodoxa y las que se acumulen- también cuestionaron con dureza al gobierno peñanietista por lanzar la iniciativa de los matrimonios igualitarios.
La ofensiva eclesiástica, afirman grupos del Revolucionario Institucional, modificó las tendencias electorales en las contiendas de algunas gubernaturas (Aguascalientes y Chihuahua) que se disputaron el pasado domingo 5 de junio, proceso en que se alzó como máximo triunfador el conservador Partido Acción Nacional.
Los negativos resultados electorales del partido en el poder, el PRI, ya generó un movimiento al interior del tricolor. Muchos priistas se sienten traicionados y abandonados por el propio presidente Peña Nieto.
Un supuesto acuerdo con el panista Felipe Calderón para allanarle el camino a su esposa Margarita Zavala para que gane la elección presidencial de 2018 está provocando reacciones que pueden desencadenar una rebelión interna priista.
En ese contexto, el discurso de Manlio Fabio Beltrones ofrecido el pasado lunes en la sede nacional del PRI al presentar su renuncia a la dirigencia nacional del partido, debe ser analizado a fondo, así como sus comentarios positivos sobre una posible victoria del izquierdista Andrés Manuel López Obrador en el proceso electoral por la presidencia de la república.
Y mientras Oaxaca se convierte en otro acertijo sin resolver para el equipo de Peña Nieto (con una -innecesaria, por violenta- represión que arrojó varios muertos con la movilización de la radical CNTE), las presiones de los diversos grupos de poder aumentan por todos lados en contra de un gobierno que, todo indica, ya quiere cerrar la cortina.
Y PARA CERRAR…
El gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, estará hoy en Tampico. Asistirá a dos eventos, el primero, la inauguración de la primera Electrolinera, del grupo Nexum.
El segundo evento, de carácter público, será la inauguración de la pavimentación a base de concreto hidráulico de la calle Luxemburgo, de la colonia Borreguera. Ahí estará, por supuesto, el alcalde porteño Gustavo Torres Salinas, que cierra el trienio a tambor batiente con la entrega de obras en diversos sectores de la ciudad.




