Los colores que se disuelven en colores y que emergen del pecho del que separa al frío del calor para dar la vida propia del color.
El color contagia, el color exagera los rasgos, sublima.
El color está en nosotros todos los días, desde que levanta la mañana hasta el cierre de la noche…
Los colores del amor van de lo frío a lo cálido.
El amor puede comenzar en una verde hoja turquesa en que los amorosos se acomodan con timidez, para entrar de los fríos azules empiezan a ser violetas con el rojo y de pronto saltan al rojo que se oxida, cercano al amarillo, para circular el aire
un naranja ardiente que se prende al rojo balbuceante anaranjado de pasiones. El rojo es un descaro y el amarillo es cómplice del naranja.
Los ruidos alimentan al color. Los chasquidos envuelven a los tonos.
El rojo, amarillo y naranja son la tutela de la locura porque los colores aman.
Y son la piel que nos rodea desde la casa a la calle. El color reconforta, cura.
El color es la envoltura de los labios que recorren la geografía total del cuerpo
Que suspira y late en color…




