23 enero, 2026

23 enero, 2026

Laberintos del poder

Un viejo lema

Laberintos del poder

Atribuida a uno de los íconos priístas del quehacer público nacional, el profesor Carlos Hank González, la frase es tan vieja como conocida:
“Un político pobre, es un pobre político…”

Lo añejo de esas palabras no les resta ni un gramo al peso –político desde luego– que conservan en la actualidad. Y el PRI de Tamaulipas es en estos momentos un claro ejemplo de esa sabiduría palaciega.

Apenas un par de días atrás, en la antesala de una indispensable renovación del mando formal en el Partido Revolucionario Institucional del Estado, su aún dirigente Rafael González Benavides reconoció que cúpulas y militantes de ese organismo preparan en esta patria chica un “pase de charola” para nutrir las ahora casi famélicas arcas del mismo.

El argumento oficial de ese barrido de carteras tricolores, es la sanción que las autoridades electorales les endosaron por violaciones a la ley en la reciente campaña por la gubernatura, alcaldías y diputaciones, pero la verdadera explicación es que desde el mes de julio el PRI perdió esa especie de piedra filosofal que convertía al plomo en oro –entiéndase así el apoyo financiero del gobierno estatal– al obtener Acción Nacional en las urnas el control de ese orden público.

En esas condiciones, al borde de la bancarrota por lo que parece inminente derrota en el 2018 del Revolucionario Institucional en la lucha por mantenerse en Los Pinos, queda claro que el nuevo liderazgo del priísmo en Tamaulipas no va a depender de la capacidad política de los aspirantes a presidirlo, sino del volumen de sus cuentas bancarias y de su habilidad para obtener recursos de quienes se han enriquecido a la sombra de ese partido.

Lograrlo, bien podría ser una más de las tareas casi imposibles que le pidieron al héroe mitológico, Hércules, porque equivale a sacarle jugo a una piedra.

En esas condiciones, ¿Quiénes se fortalecen y quiénes se debilitan en su intento de reemplazar a González Benavides?
Primero los aparentes perdedores:
Enrique Cárdenas del Avellano no sacará ni un centavo de sus alforjas personales para dárselo a su partido y tampoco lo hará Marco Antonio Bernal Gutiérrez, una vez perdido el picaporte dorado que poseía cuando Manlio Fabio Beltrones era el jefe del clan tricolor. Si meter dinero u obtenerlo para esa causa será un requisito, los dioses juegan en contra de ambos.

¿Y quiénes se paran en primera fila?

Forman otra pareja. Edgar Melhem Salinas, quien jura y perjura que sólo le interesa su encomienda legislativa pero que en su interior no ve mal suplir a Rafael, tiene la puerta abierta con el Secretario de Hacienda Luis Videgaray, con la bendición del lastre político –pero no económico– de Baltazar Hinojosa. Por lo menos de aquí a la
sucesión presidencial, de mantenerse Videgaray, Edgar podría hacer sonar la caja registradora del PRI tamaulipeco.

El otro es Alejandro Guevara Cobos, quien conserva en buena medida la simpatía del presidente Enrique Peña Nieto, el cual sobre su grave pérdida de credibilidad y confianza mantiene en sus manos las llaves de la caja fuerte nacional y puede pavimentar el camino al mantense, para reducir en el Estado la distancia entre este partido y el ahora ganador.

Aún así, los dos sólo tienen la mitad de lo que se necesita para ser líder estatal. Pueden trabajar para traer dinero, pero puede jurarlo, la otra condición que es sacar dinero de sus bolsillos, no lo verán nuestros ojos. Vamos, no lo verán ni los ojos de San Pedro.

¿La razón?
Es el viejo lema que priva en el mundillo político y al cual todos quieren honrar: “Lo cáido, cáido”…

Twitter: @LABERINTOS_HOY

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