Cuando el presidente Felipe Calderón Hinojosa declaró la guerra al narcotráfico el 11 de diciembre del 2006 muchos le aplaudieron, 10 años después, lamentablemente, esta no solamente no ha tenido éxito sino que se ha extendido y ampliado a modalidades como las de la extorsión, el secuestro y las desapariciones forzadas que están fuera de control.
Y lo peor de todo, que no se vislumbra cuánto tiempo tardará en recuperarse la tranquilidad y la paz perdida a causa de la confrontación.
Además de los cientos de miles de muertes que el conflicto ha provocado, desacreditó a las fuerzas armadas que ya quieren volver a los cuarteles porque la depuración de los cuerpos policiacos no ha terminado ni tiene para cuando. Pero sobre todo, exhibió la incapacidad del gobierno para frenar el hampa.
Como consecuencia del fracaso, el PAN perdió la presidencia de la República el 2012 y el PRI, que regresó a los Pinos como el salvador de la patria y que tampoco ha podido con el paquete, podría correr la misma suerte en el 2018 y no precisamente ante Acción Nacional y mucho menos de Margarita Zavala, sino de un candidato de izquierda o independiente.
Ante la falta de resultados de los dos últimos sexenios, más de la mitad de los ciudadanos ya no quiere saber nada del PRI ni del PAN y todo indica que les cobrarán a ambos la factura a la hora de acudir a las urnas dentro de dos años, en la que sin duda parece que será una de las más intensas jornadas de la historia electoral reciente del país.
En Tamaulipas no ganó el PAN, que era la única opción viable que tenían, igual que en Veracruz en el que Miguel Ángel Yunes Linares representaba la menos peor para sacar al ex invencible del gobierno, sino el hartazgo contra el priismo. Si el fundador del Partido Movimiento Ciudadano, Dante Delgado Rannauro, hubiese participado en la contienda, como lo hizo seis años atrás, seguramente habría sido él el que estaría ahora al frente de las riendas de Veracruz.
La ex primera Dama de México ciertamente es una mujer simpática, pero la carga negativa que dejó la guerrita de su esposo y el fuerte rechazo social que existe contra el ex mandatario parece que la dejará fuera de la carrera por la candidatura presidencial que favorecería la del dirigente nacional, Ricardo Anaya Cortés.
El gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, solo anda en la pepena.
En tanto llegan los tiempos sucesorios, los jerarcas del tricolor se preparan para la reunión del Consejo Político Nacional, programado para el próximo miércoles 14 de diciembre, en la que se definirán los lineamientos generales de cara al proceso electoral del 2017 en el que estarán en juego las gubernaturas de Coahuila, Nayarit y la más importante de todos, por el peso político y económico que representa, el Estado de México, tierra del presidente Enrique Peña Nieto.
Sin olvidar, por supuesto, la renovación de los ayuntamientos y los asientos del congreso veracruzanos.
Los guías del PRI, sin embargo, necesitan ser menos rigoristas con los perfiles que exigen a los futuros candidatos a gobernador, ya que si insisten en que los aspirantes tienen que ser honestos, capaces y arrastra multitudes, corren el riesgo de que el proceso selectivo sea declarado desierto.
Y por favor que alguien le diga a Enrique Ochoa Reza que deje de presumir la democracia del ex invencible, pues tanto él como las bases del instituto político y la población entera saben que él ha sido uno de los ejemplos más representativos del dedazo y la imposición desde la presidencia de la República.
Que mejor diga que es lo que hará para poner un freno a la desbandada de miembros activos. Porque si en la pasada elección de gobernador de Tamaulipas, casi la mitad de ellos votaron por el PAN, no sorprendería que en la entrante la otra parte se sumara a MORENA y a Andrés Manuel López Obrador, como lo hizo el fin de semana Américo Villarreal Anaya, hijo del ex gobernador Américo Villarreal Guerra, quien, tras 40 años en las filas del partido, abandonó al organismo de su padre para adherirse al proyecto político de AMLO.
Para concluir, cuando aludan a la próxima elección federal no olviden al ex dirigente municipal del PRI, Eduardo Hernández Chavarría, que es un fuerte prospecto para la curul que actualmente ocupa Paloma Guillén Vicente.
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