Hace un año, y un día, al PRI de Tamaulipas se le vino el mundo encima, los vientos del cambio que traía consigo el «huracán» político llamado Francisco Javier García Cabeza de Vaca arrasaron con todo a su paso en el tricolor y es fecha que sus despojos siguen tirados.
Así es mis queridos boes, recuerdo ese día a eso de las 16:00 horas, los que estábamos al pendiente del desarrollo de la elección ya teníamos la certeza de que el PRI y Baltazar Hinojosa iban muy abajo en la votación, en el búnker del PAN brotaba el optimismo, pero no festejaban antes de tiempo.
Hable con Francisco García Juárez, hoy titular de comunicación social de la administración azul, a eso de las 16:30 horas y me confirmaba lo que se percibía, el triunfo sería irrefutable, aplastante, pero no echaban las campanas al vuelo.
Llegó el cierre de las casillas y unos minutos después Rafael González Benavides y Baltazar Hinojosa salían ante los medios en rueda de prensa a declarar ganador al PRI.
«Los resultados nos favorecen», dijo Benavides, hoy diputado local, «Se obtuvo un flujo mayoritario en la votación de militantes y simpatizantes de Baltazar Hinojosa. Los votos a favor nuestro. Nos permiten afirmar que Baltazar Hinojosa ha sido electo el próximo Gobernador de Tamaulipas».
Y Baltazar lo permitió, se permitió a si mismo hacer el ridículo, porque la verdad ya estaba escrita, había perdido por nocaut, había sido zarandeado él y la mayoría de los candidatos a diputados locales y a alcaldes.
Más tarde la fiesta por todo Tamaulipas era color azul, en Victoria el entonces virtual ganador electo festejaba con los suyos en una verbena en las inmediaciones del estadio, mientras que el templete y el sistema de sonido instalado en el PRI estatal para festejar yacían vacíos, mudos y Baltazar ya con unos cuantos comenzaba a lamer sus heridas.
Entre semana, el IETAM oficializaría la victoria de Cabeza de Vaca al concluir el cómputo final que arrojó como resultado que Francisco Javier García Cabeza de Vaca obtuvo el triunfo con un total de 721 mil 049 votos, por 527 mil 619 votos de Baltazar Hinojosa Ochoa, candidato de la coalición PRI-PVEM-Nueva Alianza.
La derrota de Baltazar y los suyos estaba consumada, de nada habían servido los millones que se gastaron en proselitismo, los millones que se desviaron de recursos públicos para apuntalar desde el gobierno estatal una candidatura que había nacido derrotada, un equipo que nunca lo fue, de nada habían servido los ríos de tinta que se utilizaron para intentar desprestigiar a Cabeza de Vaca acusándole de todo, ni las filtraciones, ni las ediciones especiales llenas de lodo en algunos medios, todo sin pruebas.
De nada sirvió el pago a los otros candidatos que sirvieron de paleros al PRI y cuya misión era bombardear a Cabeza de Vaca para bajarlo de las preferencias electorales, porque la popularidad del candidato del PAN hizo mancuerna con el hartazgo de una sociedad cueruda que ya estaba ofendida, encabronada por el desdén del gobierno de Egidio Torre que en medio de la peor crisis de inseguridad la dejó sola, desamparada.
De nada sirvieron aquellos intentos burdos de ligar a Cabeza de Vaca con la delincuencia, como cuando ‘truquearon’ la foto de una camioneta con hombres armados de las autodefensas de Michoacán y le pusieron el logotipo de los cuernos largos y decían que los grupos delincuenciales locales estaban con el entonces candidato del PAN.
El teatro se les cayó bien pronto y lo único que logró fue incrementar el descontento contra un sistema tricolor local que ya estaba liquidado antes de llegar a las urnas el 5 de junio del 2016.
Tarde, pero empujado por las circunstancias, Baltazar Hinojosa tuvo que reconocer la derrota, se fue unos días y volvió para advertir que se convertiría en el líder del PRI y que lo convertiría en el partido ganador que había sido antes.
Cabeza de Vaca ya estaba en lo suyo, había que configurar un gabinete, un equipo para la entrega recepción y preparar la toma de posesión.
Llegó el 1 de octubre y la nueva era política de Tamaulipas comenzó, lo hizo con aquel: no habrá borrón ni cuenta nueva y el que la hizo la pagará.
De entonces a la fecha, han caído notarios públicos, han cerrado casinos, han sacado de circulación taxis piratas, han cancelado jugosos negocios que se hacían al amparo del poder con empresas de todo tipo, han echado a cientos de «aviadores» que por años succionaron las nóminas estatales y por primera vez se metió mano a los penales.
Claro que la tarea no está terminada, falta mucho, muchísimo por hacer, porque el principal tema de interés de los tamaulipecos sigue en espera de solución, la inseguridad, pero se ha avanzado.
Hoy en Tamaulipas se puede decir lo que pasa, el Gobernador se refiere al problema con pelos y señales, se ocupa del problema con operativos y exigencias a los otros niveles de gobierno.
Un año después, Cabeza de Vaca y los suyos se ocupan de reparar el desastre que les dejaron de gobierno y el PRI sigue ahí, tirado como quedó hace un año, sin dirigente estatal, abandonado por Baltazar Hinojosa y los ex gobernadores, víctima de las desbandadas hacia Morena y el PAN.
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