13 mayo, 2026

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Las lecciones de 2017; arranca la elección 2018

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Ayer, con los raquíticos triunfos del PRI en el Estado de México y Coahuila -procesos electorales que seguramente terminarán en los tribunales-, arrancó la elección presidencial de 2018.

Aunque el Revolucionario Institucional logra ahora dar un respiro tras la catástrofe electoral de 2016, cuando perdió siete gubernaturas, entre ellas Tamaulipas y Veracruz, en realidad sus victorias son pírricas, a duras penas, sufridas, cuestionadas en muchos sentidos y con un alud de observaciones legales.

No obstante, justo cuando parecía que se hundía sin remedio la embarcación tricolor en los mares embravecidos de la frustración y el enojo nacional, el arcaico partido, con sus múltiples trucos, consiguió aferrarse a un salvavidas en la compleja jornada electoral del pasado domingo 4 de junio.

La primera lección de la elección 2017 es clarísima: ‘El sistema’ no va a permitir que Andrés Manuel López Obrador llegue a Los Pinos.

Así es: ‘El establishment’ -integrado por las élites políticas y empresariales- va a hacer todo lo que esté en sus manos para evitar que ‘El Peje’ gane la silla presidencial en 2018.

Ya se la hizo en dos ocasiones, en las elecciones de 2006 -sobre todo- y 2012. Y ‘el sistema’ se la volverá a hacer en 2018.

Si López Obrador entendiera la política como un método para establecer acuerdos, ya hubiera sido presidente de México. El problema es que el tabasqueño no comprende que debe construir puentes políticos para llegar a la meta trazada.

Esa es su más marcada debilidad: con frecuencia cae en las posiciones radicales y todo aquél que no simpatiza con su causa lo quiere inscribir bajo el argumento de ‘la mafia del poder’. La descalificación es casi inmediata. Esa actitud le cierra el margen de maniobra para llegar a acuerdos en el escenario político y, por consiguiente, sumar a su causa.

En 2006, por ejemplo, si ‘El Peje’ se hubiera sentado a dialogar con los pequeños y medianos empresarios, otro hubiera sido el resultado de la elección.

Constructores, industriales, ganaderos, agricultores y comerciantes de todo el país quisieran exponerle de manera directa sus peticiones y propuestas, pero AMLO nunca les ha dado la oportunidad de conversar cara a cara. Ese es un grave error. La estrategia de hablar y cuestionar desde la plaza pública ya está muy gastada. Quienes lo escuchan son los mismos de siempre. Debe abrir el abanico.

Por supuesto, Andrés Manuel López Obrador cuenta con varias fortalezas. Una de ellas es su tenacidad. En su lucha contra ‘el sistema’ o ‘la mafia del poder’ ha sido persistente.

Además, pese a sus ‘resbalones’ mediáticos y discursivos, es un excelente comunicador. Su comunicación con un sector del electorado ha sido exitosa, no hay duda. Esa característica lo tiene arriba en todas las encuestas rumbo a la elección presidencial.

Pero si ‘El Peje’ quiere tener una oportunidad real de ganar la presidencia de la república, debe de establecer acuerdos políticos con el resto de los sectores de la sociedad, entre ellos, los partidos de izquierda, en especial, con el PRD.

Si López Obrador hubiera pactado una coalición electoral con el sol azteca en el Estado de México, la gubernatura estaría en sus manos… y de un frente amplio de izquierda. Sin embargo, no sucedió así.

Aún así, existe una oportunidad dorada para la izquierda en 2018: si Morena y el PRD pactan una alianza electoral -donde sean influyentes con el sector empresarial- la presidencia de la república la tendrían casi en la bolsa. El gran problema de la izquierda es que suele dividirse, fragmentarse.

Precisamente la fragmentación del voto es lo que buscará el PRI en la elección del próximo año. Funcionó -a duras penas, pero funcionó- en el Estado de México y en Coahuila. El gobierno de Enrique Peña Nieto pondrá en práctica otra vez esa estrategia electoral en 2018. De entrada, se espera la inscripción de varios candidatos independientes.

El PAN, por su parte, deberá evitar la confrontación que derive en su división interna. Margarita Zavala, de manera errónea, ya abrió fuego en contra del presidente nacional blanquiazul Ricardo Anaya a quien culpa del desastre electoral panista en el Estado de México.

Ya entrados en ‘dimes y diretes’, el poblano Rafael Moreno Valle también se subió al ring, al igual que el gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes Linares, quien también quiere ser candidato del panismo a la presidencia de la república.

En otras palabras, las aguas de Acción Nacional entraron en una zona de posible tormenta. Ricardo Anaya deberá ser conciliador para evitar que la nave albiazul choque con un arrecife antes del tiempo electoral. En el horizonte cuentan con la gran oportunidad de regresar a Los Pinos, pero si se dividen los panistas pueden decir adiós a la anhelada silla presidencial. Ellos tienen la palabra.

Ante un escenario político convulso y confuso, lo único cierto es que la elección de 2018 comenzó ayer. Todo puede suceder. Hagan sus apuestas.

Y para cerrar…
Los protagonistas políticos de Tamaulipas observaron con atención el desarrollo electoral en las entidades en disputa. La toma de decisiones vendrá después del periodo vacacional veraniego.

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