Pese a que era creencia generalizada de que el PRI estaba en agonía, los resultados de la elección del Estado de México demuestran que no es así, que el tricolor no sólo aún respira y mantiene en orden los signos vitales sino que ha sido capaz de vencer a su peor enemigo, el hartazgo de la población.
Como dijera un conocido columnista de la capital del país, la maquinaria oficial financiada con recursos del erario público y toda clase
de triquiñuelas, el acarreo, la compra del voto y la intimidación, se impusieron al rechazo social y a la irritación provocada por la inseguridad, las graves dificultades económicos, la pobreza, la precaria economía familiar, la corrupción y la impunidad.
Y si quienes creían que los ciudadanos mexiquenses enterrarían al Revolucionario Institucional, se equivocaron, con las mismas herramientas e ilegalidades aludidas, el tricolor está listo para retener la presidencia de la República en la sucesión del 2018.
Aunque hay que aclarar que no fueron únicamente las artimañas las que han permitido al ex invencible mantener en poder de la misma familia consanguínea y política la gubernatura a lo largo de 88 años, por otros seis más, hubo otros factores que le ayudaron al ex invencible a consumar la hazaña, Acción Nacional.
Analistas de aquella entidad federativa coinciden en que cuando los panistas se dieron cuenta de que Josefina Vázquez Mota no tenía posibilidades de ganar, habrían optado por lanzarle el salvavidas a Del Mazo para impedir la eventual victoria de Delfina Gómez Álvarez.
Es decir, que prefirieron al PRI que a Morena, a la que parece que los albicelestes les tienen pavor.
Otro factor más, la soberbia de Andrés Manuel López Obrador.
Si en vez de sentirse dueño absoluto de la voluntad ciudadana y lanzar un ultimátum a otros partidos de izquierda para que si no declinaban a favor de la candidata del Movimiento Regeneración Nacional no aceptaría su alianza en la contienda presidencial, el Peje debió de actuar con más humildad, pero sobre todo con inteligencia, y sentarse a platicar con los jerarcas del PRD y Juan Zepeda. Quizá los resultados habrían sido diferentes.
Si la arrogancia no ha obnubilado al nativo de Macuspana para entender la lección, tendrá que cambiar de actitud y entender que la carrera hacia los Pinos del año que viene no la ganará Morena sin el respaldo de los perredistas y otros organismos de la misma ideología. El tabasqueño sería aplastado otra vez.
Obviamente, el presumible sacrificio de Josefina no será gratuito, seguramente el PRI le devolverá el favor al PAN dentro de un año.
Como lo comentamos la semana pasada, por otra parte, ¿cuáles han sido o serán las repercusiones de la elección del Estado de México en los Estados y Municipios? Son varios, los priistas tamaulipecos, por ejemplo, se han reanimado, el triunfo les ha devuelto la esperanza de que no todo está perdido.
Los panistas, en cambio, están convencidos de que si no concretan una alianza presidencial serán derrotados el año que viene, por el PRI o por López Obrador. La victoria que obtuvieron el domingo en Nayarit, gracias a la coalición con el Partido del Sol Azteca, es un ejemplo.
En el municipio de Madero el aspirante a candidato de MORENA a alcalde, Adrián Oseguera Kernion, necesita empezar a acercase al PRD y a tratar de establecer un frente común, si quiere pelear al tú por tú el gobierno de la urbe petrolera a Andrés Zorrilla Moreno y evitar que el PRI lo vaya a mandar al tercero o cuarto lugar, como le sucedió a la Vázquez Mota.
Algo similar deberá de ir pensando en Altamira la alcaldesa Alma Laura Amparan Cruz, contender el año entrante junto con el PVEM y el Partido de la Revolución Democrática. Si Magdalena Peraza Guerra resuelve buscar también la reelección, lo aconsejable sería que lo hiciera con las siglas del Partido del Tucán, como en el 2016, y la ayuda del partido de AMLO.
Sin ese apoyo, será muy complicado doblegar otra vez al PAN.
Para concluir, la buena noticia para los partidarios del ex jefe de gobierno del Distrito Federal es que los candidatos morenistas ganaron las alcaldías de Jalapa, Poza Rica y Coatzacoalcos. La mala que los de la coalición del PAN y el PRD se adjudicaron las del puerto de Veracruz y Boca del Río.
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