Para que los priistas dejen de estar pensando en cosas inconvenientes, como presionar a los jerarcas a que adelanten la elección del nuevo dirigente estatal o expresar su malestar y desacuerdo con la forma en que conduce al partido Enrique Ochoa Reza, el comité ejecutivo nacional ha aprovechado los preparativos de la XXII asamblea nacional para mantener entretenidos a los militantes con las mesas temáticas estatales.
Y está funcionando de maravilla. ¿Quién se acuerda en estos momentos de los recursos interpuestos por Enrique Cárdenas del Avellano para
acelerar el proceso de elección del nuevo presidente estatal y la creación del “Consejo Asesor” anunciado por el ex diputado federal?
En Tamaulipas, como en el resto de los Estados de la República, los miembros activos del tricolor se encuentran ocupados analizando las demandas que habrán de presentar en los trabajos de la reunión del 12 de agosto, a la que, por cierto, se dice que asistirá el presidente Enrique Peña Nieto.
Fieles a los designios de las cúpulas, los priistas tamaulipecos se encuentran dedicados en cuerpo y alma a planchar las exigencias que, llegada la hora, plantearán al CEN y demás instancias del partido, con la bendición de ustedes ya saben quién, entre las que destacan la rendición de cuentas y el comportamiento ético y moral que deberían de observar los militantes del tricolor cuando están al frente de cargos de la función pública, reglas que, como todos sabemos, no han pasado de ser más que puro atole con el dedo.
Porque, no obstante las leyes y reglamentos sobre la materia, la raterías, corruptelas e impunidad siguen a la orden del día, sin que nadie haga nada para ponerles un alto. Si hubiese voluntad política de los que mandan en la nación para frenarlas, los responsables no andarían por las calles libres como blancas palomas.
El objetivo de las nuevas ponencias del tricolor, dicen, es recuperar la confianza ciudadana que ellos mejor que nadie saben que perdieron
por dedicarse a tirar puro rollo, como el de la asamblea en turno, en vez de emprender acciones eficaces para ayudarle a la gente a resolver sus problemas prioritarios.
La rendición de cuentas, por ejemplo, no solamente no ha servido de nada para que los funcionarios gubernamentales priistas informen
verazmente a la sociedad de sus acciones y los beneficios que estas aportaron a la comunidad, sino que la utilizan para profesar el culto a la personalidad, como sucede en la mayoría de los reportes de gobernadores, alcaldes y legisladores, que aprovechan las obligaciones legales para promover sus aspiraciones políticas y difundir su imagen pública.
Ya que hablamos de servidores públicos, la que ha fortalecido su presencia política en el sur del Estado es la diputada federal Monserrat Arcos Velázquez.
Primero lo hizo al ponderar las bondades de la nueva Ley de Aviación Civil, que obliga a las empresas del ramo a prestar un servicio más eficiente a los usuarios y penaliza retrasos, cancelaciones de vuelos, sobreventa de boletos y pérdida de equipaje, entre otras sanciones, disposiciones a las que legisladora le dio las más amplia difusión, y, más tarde, a través del respaldo otorgado al deporte, dos áreas muy sensibles para la comunidad.
La carismática Monse, hay que decirlo, es un activo político con el que cuenta el PRI de Madero listo para ser utilizado cuando las circunstancias lo aconsejen.
En contraste con la diputada de la urbe petrolera, la legisladora que, en cambio, se ha ganado la animadversión, tanto de los compañeros de partido como de los votantes en general, es la dirigente nacional del PRD, Alejandra Barrales.
El departamentito de lujo que adquirió en Miami, Florida, y la vida de comodidades que se da cada vez que viaja a Gringolandia, como consumir los sagrados alimentos en restaurantes de primer mundo, inaccesibles para la inmensa mayoría de los militantes y seguidores del partido, incongruentes con la modestia y medianía que se supone que deben regir la vida de toda representante de una agrupación de izquierda, han estigamtizado negativamente a la senadora.
Antes de concluir, si se le escarba un poco a la acentuada escasez de medicinas y material médico que padecen las clínicas y hospitales del Estado pronto van a sacar a la luz pública las graves irregularidades que afectaban en al sector salud en el sexenio anterior. ¿O no?
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