2 enero, 2026

2 enero, 2026

Vive Perla en un cajero automático

La mujer que es indigente padece de sus facultades mentales; la conocen cómo Perla, estuvo casada y tiene dos hijos; desde hace 5 años vive en la calle; quienes la conocen aseguran que tiene familia, pero no la ven

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Perla, la mujer indigente que duerme recurrentemente dentro del cajero automático del Hospital General, padece de sus facultades mentales y sobrevive gracias a la caridad de comerciantes de la zona.

La señora Concepción Hernández, que tiene un negocio de gorditas, cuenta que conoce a Perla desde pequeñita, sabe que se casó y tuvo dos hijos, quienes viven en la ciudad de Monterrey, Nuevo León.

En Ciudad Victoria tiene a su mamá, la señora Blanca, y sus hermanas, pero no se hacen cargo de ella, por lo cual son los comerciantes quienes le ofrecen alimento y vestimenta.

“La mamá pasa por aquí y luego se asoma y nada más se asegura que esté en el cajero o que sus cosas sigan ahí y se sigue de largo, pero ni siquiera se para a saludar”, platica otra de las comerciantes del lugar.

El pasado fin de semana fue trasladada al Centro de Convivencia I del Sistema DIF, un trabajador del lugar explicó que elementos policiacos la llevaron para resguardarla de la fuerte lluvia que se registró en la ciudad, sin embargo, Perla sólo duró un par de horas en el lugar y después se volvió a salir.

“Ella tiene familia, tiene a su mamá, yo la conozco, le digo: ‘Blanca atiende a Perla, mira ella está sola, en muy mal estado, anda toda sucia, descompuesta’, pero no hace nada”, platica la señora Concepción.

De acuerdo a la versión de los locatarios, Perla lleva más de cinco años en estado de calle, en los últimos meses durmió dentro del cajero automático y desde hace dos meses su situación empeoró, incluso quebró un vidrio.

“A veces se ponía a limpiar el cajero con refresco, leche, lo que le dieran, la pobre pues está malita, luego se andaba bajando los calzones y enseñaba todo, y yo le digo: ‘muchacha aplácate’, y pues era la manera en la que se calmaba. Pero sí duró dos meses muy sucia, le traje dos cambios de ropa, blusa, pantalón, pantaleta, brasier, todo”, mencionó Concepción.

Usuarios del cajero automático se fueron a quejar al banco para que pusieran remedio a la situación de insalubridad del lugar, pero tampoco hicieron nada al respecto.

“Duró dos meses bien sucia, fue cuando se empezaron a quejar, apestaba a marrano, porque si le daban un litro de leche con eso limpiaba el cajero y el último chorrito que le quedaba se lo echaba en la cabeza o también se agarraba a limpiar con refresco, con lo que trajera”, comentó.

Según los comerciantes, esta semana Perla no ha dormido en el cajero; la señora Concepción la vio el sábado pasado en una plaza comercial y le dio gusto observarla bañada y cambiada.

“Parece que la recogieron unas señoras cristianas y yo le dije: ‘Perlita mira qué limpia te ves, ya no te vayas a salir de donde estás’. Es que ella es bien bonita nada más que está trastornada, pero es una muchacha muy bonita”, platicó.

La edad aproximada de Perla es de 35 años y aunque padece de sus facultades mentales, siempre recuerda a sus hijos y con el dinero que pide en la calle, junta para viajar a Monterrey y visitarlos, aunque sea dos o tres veces por año.

Como ella, decenas de indigentes andan por la ciudad, trastornados, sin alimento y expuestos a cientos de peligros, a la espera de la caridad de la gente y las acciones correspondientes de las autoridades.

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