No obstante el colmillo retorcido y la amplia experiencia política de que es dueño, al delegado del CEN del PRI al que se asignó manejar la elección del nuevo jerarca estatal de Tamaulipas, José Murat Casab, parece que a veces lo traiciona la víscera e incurre en verdaderas barbaridades, como la responsabilizar al actual régimen del PAN del grave problema de inseguridad que convulsiona al Estado.
Eso significa o que el oaxaqueño no tiene idea de lo que sucede en la entidad o que de plano se fue de la lengua, pues es del dominio público que la violencia sin control no tiene 10 meses, sino que surgió y se consolidó en los sexenios de los gobernadores priistas Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yárrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández Flores.
El del tristemente célebre Egidio Torre Cantú, se la pasó contemplando el desastre que le heredaron sus antecesores.
Con el exabrupto, el presidente nacional de la Fundación Colosio se le puso de a pechito al Secretario General del comité directivo estatal, Ismael García Cabeza de Vaca, hermano del gobernador, que fue el que alzó la voz para salirle al paso y poner en su lugar al oaxaqueño.
Otro jerarca político que ya no sabe qué inventar para apaciguar los ánimos y las presiones de las corrientes críticas del Revolucionario Institucional es Enrique Ochoa Reza. Cada vez que tiene la ocasión el dirigente nacional ofrece y promete que no habrá imposición ni dedazo para elegir al próximo candidato presidencial, como exige, cada vez con mayor energía, la militancia y que en la 22 asamblea nacional del domingo que viene se
escucharán todas las voces.
Ha reiterado, asimismo, que no habrá candados, aunque como no queriendo la cosa ha aclarado que los candados de antes ya no son viables en las actuales circunstancias, expresión con la que dejó entrever que no se descarta la posibilidad de que haya la necesidad de prescindir de algunos de ellos, por lo menos de aquellos que, a decir de la Suprema Corte de Justicia, resultan violatorios de los derechos políticos de los miembros activos de
la causa priista.
Como Pepe Murat, el número uno del Revolucionario Institucional ha reiterado que la designación del aspirante al cargo de Enrique Peña Nieto tampoco será producto de una decisión cupular, como es habitual, aunque se deduce que no será porque el CEN haya renunciado a esa atribución sino porque los dirigentes se sienten seguros de que convencerán a los consejeros nacionales que abarrotarán el Palacio de los Deportes de la ciudad de México, sede del magno evento del ex invencible, que es mejor que la elección del abanderado presidencial se decida en los Pinos que resolverla a través del voto.
El partido político que, a diferencia del PRI y el PAN, se está desfondando es el PRD. Como cada semana, ayer los ex dirigentes nacionales de la agrupación, Leonel Godoy y Pablo Gómez, igual que Carlos Sotelo, este integrante del CEN, anunciaron que se suman al proyecto político de MORENA.
Al mismo tiempo hicieron un llamado a los perredistas para que hagan lo mismo, ya que, dijeron, el Movimiento Regeneración Nacional es la única opción de la izquierda con la que cuentan los sectores populares para realizar un verdadero cambio en el gobierno de México, responsabilidad a la que renuncio el Partido del Sol Azteca al aliarse con unos de sus principales adversarios ideológicos, el PAN.
Y es que, después del Pacto por México y de que se descubrió que la dirigente nacional, Alejandra Barrales Magdaleno, compró un departamento millonario en Miami y de la vida de lujo que la senadora se da en Gringolandia, así como de los desatinos del mandamás de la capital del país, Miguel Ángel Mancera, a los militantes y seguidores del Partido de la Revolución Democrática ya no les queda de otra que emigrar al partido de AMLO para pelear al tricolor y al blanquiazul el gobierno de la República.
No tienen más alternativa.
Porque si la desbandada continúa, como todo indica que sucederá, el PRD se quedará sólo y quizá hasta el PAN pierda interés de echarle el salvavidas para impedir la disolución de los restos del otrora principal partido de izquierda.
Triste final de aquellas organizaciones que venden la dignidad por un plato de lentejas y terminan por abandonar la defensa de las clases pobres, como ha sucedido con la agrupación política de los amarillos, actualmente en desgracia.
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