Admito que Manlio Fabio Beltrones es un político dedicado a servir a México y por lo tanto, es digno de reconocimiento, a pesar de las derrotas que sufrió cuando le tocó dirigir al PRI.
También acepto que cuando lo leo, recuerdo la tesis planteada por Zygmun Bauman, sí, esa que dice que la modernidad o la sociedad se hizo líquida, cuando se trata de entender la flexibilidad o lo cambiante que es la colectividad.
Destaco que el ex gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones Rivera, ha insistido e insiste que México debe optar por los gobiernos de coalición. Argumenta que el actual régimen político que vivimos está agotado y que la alternativa que plantea -que no es de su autoría-, permitiría alcanzar la gobernabilidad que tanto requerimos los mexicanos para convivir en armonía.
Hasta ahí, el planteamiento es válido, vigente y, ¿por qué no?, hasta plausible. Sólo que a mí, en lo particular, me queda una duda: ¿Por qué hasta ahora, que al parecer no hay un buen horizonte, se plantea el cambio a ese modelo?
Otra duda que me asalta es ¿por qué cuando se ostentaron cargos relevantes, donde se contaba con fuerza política real, vaya pues, desde el liderazgo de ambas cámaras e inclusive, desde la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, no se promovió la figura del gobierno de coalición?
Eso es lo que no me gusta, porque se pierde el sano intento y se confunde con oportunismo.
Reitero que hay respeto a este personaje y me rehuso a siquiera imaginar que lo mueve un afán personal.
Es menester resaltar que en los regímenes democráticos presidencialistas, la política y el diálogo se privilegia en el andamiaje institucional, esa es la forma de transitar hacia la civilidad política. Son los acuerdos entre el gobierno y los opositores lo que predomina la escena del concierto y provoca que se avance en lo sustantivo. Vaya pues, el Pacto por México, firmado por las principales fuerzas políticas en el pasado reciente, se dio gracias a la concertación de las legítimas aspiraciones ideológicas y genuinos intereses de partido, donde por cierto, la suma cero se dio a cabalidad: todos ganaron y nadie perdió.
Y por más que me asomo, no veo la ingobernabilidad que motive a la adopción del nuevo régimen.
Ahora bien, es válido la expresión de esta propuesta, sólo que existe el imperativo que en los regímenes presidenciales, esta figura sería relativamente eficaz. Se me viene a la memoria el sistema de “cohabitación” de los franceses, donde el presidente “invita” a alguien fuerte de la oposición a que sea miembro de su gabinete y así, tomarlo en cuenta a la hora de hacer gobierno.
El propósito es evitar a toda costa, la parálisis del gobierno o de las cámaras. La intención del ciudadano Beltrones es que existan acuerdos previos para compartir responsabilidades en el arte de gobernar, vaya pues, disciplina donde el mismo ha demostrado habilidades, bien comprobadas al haber sido líder de las dos cámaras, donde “fluyeron” los acuerdos por el bien de México.
Se me viene a la mente que quizás, ajustándonos al pensamiento de Bauman, estamos planteando la creación de un “eclecticismo” en la forma de gobierno, donde en el escoger las formas de convivencia, se obligue a quienes toman las decisiones a mantener el orden público, a ser transparentes, más honrados, más sencillos, más humildes, más patriotas, más mexicanos pues, pero sobre todo; menos arrogantes, menos ineptos y menos insensibles a la pobreza que nos rodea.
Insistir en la adaptación de gobiernos de coalición en nuestro México y en nuestro tiempo, parece tiene dedicatoria y que se reduce a estar presente: por si se pierde o por si se gana.
Eso, eso no se vale.
Estoy convencido que México va bien, pero puede y debe ir mejor. Somos la 13ava. potencia de entre más de 190 países que hay en el mundo. Eso se dice fácil, pero merece alabarse.




