En la Geografía del Peculado, según dice la prensa, los ediles se repartieron con la cuchara grande y la chiquita en un regocijo de monedero electrónico y al contado que le sale muy costoso al erario público y a los bolsillos inermes de los contribuyentes.
Los alcaldes, munícipes, ediles y como se les quiera llamar son conchudos hasta la madre y manotean el presupuesto es un síndrome del robo o peculado.
Según se dice no sólo los varones le pegan a las alforjas públicas también las mujeres no curten mal las baquetas y chupan con gusto en cuanto a despilfarro y placer de gozar el sudor ajeno.
Los alcaldes de partidos de oposición y disposición son los mismos a la hora de soplar las arcas y sin miramientos y compasión se arrojan sobre la rueda de la fortuna ajena.
Cuando se trata de robar es una fiesta de lo inmoral que se vuelve moralmente bueno, porque los actos corruptivos son la fiesta de la Sandía donde todos se empanzan pero a sólo uno le da diarrea y paga el pato, como este selecto grupo de alcaldes que se hicieron de la vista gorda cuando sus parientes, esto es nepotismo involuntario se fueron con la bolsa grande.
Famoso es el alcalde victoriano de que tres minutos antes de entregar su mando sacó un préstamo de 50 Melones del erario público.
Y es que para sinvergüenza se estudia, como también sin estudiar. El peculado no sólo se lleva en la Coliflor. Es cosa de culencias.. Que repercuten en la conciencia de los ratones como también en el silencio de los que tapan las ocurrencias de los ladrones.
Sin duda tiene razón Anatole France de que «el robo es punible pero el producto del robo es sagrado”. Sagrado lo mal habido en una sociedad que trastroca los valores.
Donde se aplaude a la maldad y se castiga a la honradez.




