Y ya casi estamos en enero. Y la vida sigue de apretada. Así, los transportistas urbanos, las clásicas peseras, son una amenaza viviente en
las calles por las pésimas condiciones en que se encuentran las unidades.
A pesar de que las autoridades del transporte han dicho un no a los aumentos por parte de los permisionarios, nos platican usuarios que cobran algunos peseros arriba de la tarifa oficial.
La verdad es que la capital de Tamaulipas cuenta con una batería de transporte de tiempos de Pedro Picapiedra.
Porque sus vehículos son láminas motorizadas que al contrario de los tres movimientos del Fabrechinan no de limpios, sí por sucios.
Los armatostes de tiempo de los Picapiedra siguen con horrible servicio para los trabajadores, ya obreros, ya empleados de tiendas, enfermeras, que tienen gran necesidad de este servicio de transporte.
Los permisionarios alegan que con las actuales tarifas no les queda un extra para su mantenimiento y pago de salarios.
Y los dueños de estos pedazos de fierro lloran y exigen el aumento.
Los usuarios deben apoyar a los peseros, a los que conducen estos vehículos en mal estado y que reciben salarios de hambre con horarios de trabajo de tortura.
Los permisionarios si alegan que no es negocio el transporte público, pues que permitan que entren otros empresarios que mejoren el servicio.
Y que brinden los mejores servicios en calidad. Que se incluyan bonos por el uso del transporte frecuente por parte de los ciudadanos más pobres y la exigencia debe ir equiparada con el mejoramiento de las rutas en pavimentación y alumbrado público.
Y no solamente eso. Las unidades deben contar con señalética funcional, con carteles lumínicos en la frente de los camiones. Porque el usuario no mira la ruta del autobús. Es increíble el descuido y el total desorden que afecta a la población más necesitada y que usa el transporte público.
¿Aumentar el costo del pasaje?. No jodan….




