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Columnas: Llera... siempre es noticia

El carnaval de antes

/ 11 de junio, 2018 / Othón Villarreal

Revisando mi archivo personal me encontré con unos versos dedicados a la guapa señorita Ana María Alanís, candidata a reina del Carnaval de Llera 1954 y que fueron compuestos por don Pablo Martínez Gómez del ejido Carrillo Puerto.

  Anita era nativa del ejido Casa del Campesino y su principal promotor lo fue el doctor Canales con cuyo dinero se electrificó el pueblo.

   Antes de este año el kiosco de una sola planta servía para coronar a la Reina de la Primavera durante la celebración de un baile popular que principiaba a las ocho de la noche y concluía a las doce.

   La reina era coronada por el alcalde en turno y era costumbre parar el baile para que don Pablo se aventara en el micrófono, por cierto de gran tamańo, unos versos dedicados a la guapa reina que generalmente era de un importante ejido de los de antes.

   Entonces la competencia se daba entre dos simpáticas jovencitas, una originaria de una comunidad rural y la otra de la cabecera, por lo tanto cada sábado se daban buenos “agarrones” y cosa curiosa no se peleaba la gente.

   El maestro de ceremonias, si mal no recuerdo era don Rafael Paz y la cantina se instalaba hacia el costado sur de la presidencia municipal.

  Después llegaron otros animadores como lo fueron don Juanito Rodríguez, Felipe Barrón, Guadalupe Villanueva, Roberto Alanís, Gaspar Roque Rodríguez y Guadalupe Herrera Hernández.

  El baile lo amenizaba una orquesta traída especialmente desde Ciudad Victoria, Tamaulipas.

  El distintivo para poder bailar costaba cinco pesos, el reservado de mesa veinte y la cerveza sesenta centavos. No se vendían refrescos dulces.

  En ese viejo kiosco de una sola planta se daban gusto bailando nuestros padres, al cuarto para las doce se daba “el apagón” de la luz, seńal inequívoca para decirnos que era hora de retirarnos a dormir y pobre del que no hacía caso porque entonces la policía los detenía en la cárcel municipal y no lo soltaban hasta el lunes para ser sancionado y multados por el alcalde en turno.

  Al día siguiente nos levantaban a las cinco de la mañana para barrer y regar la calle de enfrente, almorzar y prepararnos para irnos a la escuela a la que asistíamos descalzos, pues en esas fechas casi no se usaba el zapato, así que generalmente llegábamos a la escuela con los pies sucios y cubiertos de lodo.

  El maestro o la maestra nos llamaban la atención pero casi no les hacíamos casos, razón por la cual como castigo nos ponían a barrer el patio y lavar los vidrios de las ventanas.

  Y cuidado con quejarte con tus padres porque entonces estos aparte de las nalgadas que nos daban nos ponían a barrer todo el patio y el frente de la casa.
  El agua la sacábamos de la noria o la traíamos del canal que estaba a cien metros de distancia de la casa.

  A la salida nunca faltaban los pleitos donde nos dábamos de golpes por cualquier cosa.

  Los dulces más comunes que consumíamos eran los chiclosos, cocada, biznaga y el pirulí o el jamoncillo.

  Por la noche y si nos habíamos portado bien nos daban permiso de ir al cine o a  jugar al timbeis, a la roña y a los encantados en  la plaza.

  En fin así la pasábamos allá por los ańos cincuenta del siglo pasado en la inteligencia que para las nueve de la noche ya debíamos irnos a la cama.

  Así es como vivía la niñez en los ańos cincuenta del siglo pasado.

  En fin no queremos despedirnos sin recordarles que hoy es lunes y día de trabajo por lo tanto a sacarle lustre al día.   

  HASTA MAŃANA Y BUENA SUERTE