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Columnas: El Kiosko

El sistema de partidos después de la elección

/ 13 de junio, 2018 / Héctor Garcés

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador -inevitable a estas alturas- representará una serie de cambios en el escenario político mexicano, entre ellos, la conformación de un nuevo sistema de partidos.

Así es: La influencia, la fuerza, la dimensión y la estructura de cada una de las organizaciones partidistas que compiten por el poder político en el país registrará un cambio que se pronostica profundo una vez que se concrete la victoria lopezobradorista con una diferencia que fluctuará, según las proyecciones de las encuestas, de 11 a 15 millones de votos sobre el segundo lugar.

Se anticipa, sin lugar a dudas, un cambio histórico en el sistema partidista de la nación, una modificación de alto impacto en la interacción y correlación de fuerzas políticas en los estados y municipios.

La primera característica que se observará en el nuevo sistema de partidos en México será la conversión de un movimiento social -con una tatuada raíz de izquierda- denominado de Regeneración Nacional en un auténtico partido político.

Lo que vimos de Morena hasta antes de iniciar el proceso electoral constitucional 2017-2018 fue una semilla sembrada en la tierra fértil del hartazgo social y promovida con intensidad por la fe prácticamente religiosa de su líder. un singular tabasqueño que creció en el terreno político inspirado en la visión e ideología nacionalista del general Lázaro Cárdenas.

Con Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la república, Morena se convertirá en el partido oficial apenas a cuatro años de su fundación, tiempo récord. Desde el poder, el Movimiento de Regeneración Nacional aspirará, primero, a integrar una real estructura organizacional partidista a lo largo y ancho del país, con la mira bien puesta en los estados del norte de México. Después, Morena buscará el poder de los principales municipios y de las gubernaturas estatales.

Para lograrlo recurrirá a una estrategia diseñada en el pragmatismo de la política real: aprovechará la desbandada de priistas a nivel nacional que se dará de manera natural –
instinto de supervivencia- una vez que el Revolucionario Institucional se hunda tras quedar en tercer lugar de la elección presidencial. No sólo eso: habrá legisladores que abandonarán la nave tricolor para irse con el partido morenista ganador.

Luego de sufrir su peor catástrofe electoral, el Revolucionario Institucional será escenario de una guerra interna por los restos de un partido que llegó a operar en una especie de Dictadura Perfecta (concepto del brillante novelista y ensayista Mario Vargas Llosa). ¿Quién se quedará con la dirigencia nacional priista? ¿Los gobernadores tricolores? ¿Los liderazgos parlamentarios? ¿Llegará a su fin el poder de Los Tecnócratas? El PRI enfrentará múltiples dilemas y problemas.

La migración hacia Morena se dará, sin duda, con mayor intensidad entre los partidos que esgrimen una bandera de izquierda y que ahora se la jugaron con la alianza ‘Por México al Frente’: el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Movimiento Ciudadano (MC).

En el sistema de partidos que viene tras los resultados de la elección del primero de julio, el PRD se hará todavía más pequeño, se encontrará a punto de la extinción. Tratará de sobrevivir en los niveles de votación mínima a fin de captar recursos. Michoacán será su último reducto en calidad de gubernatura, con la presión morenista encima en cada momento.

La Ciudad de México, estandarte del PRD desde la victoria de Cuauhtémoc Cárdenas en 1997, será una de las entidades que perderá el sol azteca el próximo primero de julio, junto con Morelos y Tabasco. Morena ganará de forma aplastante en esos estados. El sol azteca será atropellado sin miramientos, con escasas posibilidades de resurgir.

Lo más seguro que suceda es que el partido lopezobradorista capte las tribus que se alzarán en contra de Alejandra Barrales y de ‘Los Chuchos’, quienes pactaron y suscribieron la alianza electoral con Acción Nacional. La revuelta que se desatará al interior después del 2 de julio prácticamente acabará con el PRD.

En el Movimiento Ciudadano, el liderazgo de Dante Delgado quedará maltrecho, agotado, con un reducido margen de maniobra. Su apuesta por el PAN y por Ricardo Anaya en esta elección la tendrá que pagar con AMLO en la presidencia de la república. La nueva figura del MC será, sin duda, Enrique Alfaro, que se perfila para ganar la gubernatura de Jalisco, estado estratégico del país. No obstante, la migración de militantes naranjas hacia Morena será más que factible.

Hasta donde se observa, el Movimiento de Regeneración Nacional se convertirá no sólo en el partido en el poder, sino en el partido mayoritario en las Cámaras de Senadores y Diputados. De no obtenerlo por la vía de los votos el próximo primero de julio, lo hará a través de las negociaciones con aquellos legisladores que lleguen al Congreso postulados por otros partidos.

De esa forma, se pronostica que Morena atraiga no sólo a legisladores priistas, perredistas o emecistas ‘molestos’ con sus jerarquías partidistas, sino con quienes pactó alanza en el terreno electoral, en especial el Partido Encuentro Social (PES), organización cuya ideología es distante de la enarbolada por el movimiento lopezobradorista.

La estrategia de Andrés Manuel López Obrador, ya como presidente, será, sin duda, fortalecer a Morena como partido, en una aspiración -legítima dentro del juego democratico- de ganar más gubernaturas y municipios, a fin de constituir una hegemonía y, por tanto, un nuevo capítulo en el periodo de las alternancias.

¿Qué pasará con el PAN? De entrada, por su naturaleza ideológica, será el partido de oposición más férreo al lopezobradorismo presidencial. Esto también tiene que ver con un referente histórico: Acción Nacional se fundó como partido para oponerse a las políticas nacionalistas del general Lázaro Cárdenas.

En una lucha ideológica que proviene del siglo pasado, la disputa por la nación se escenificará en los terrenos de la globalización -la conectividad instantánea generada por la tecnología-, una era global en la que los nacionalismos están de regreso en base al discurso del hartazgo social y la carencia de oportunidades, fastidio producido, en buena medida, por la excesiva concentración de la riqueza en unas cuantas manos.

Y PARA CERRAR…
‘El Bronco’ sacó su teléfono celular en pleno debate. El dizque gobernador de Nuevo León se comportó como estudiante de secundaria. ¡¡¡No, bueno!!!