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Columnas: Café Expreso

Votos regalados

/ 11 de julio, 2018 / Café Expreso

La jornada electoral que acabamos de vivir tuvo el efecto de revivir a viejas figuras políticas que por un buen tiempo permanecieron en el anonimato, unas porque nunca lograron salir del ostracismo y otras porque prefirieron que el tiempo se encargará de borrar de la memoria colectiva los latrocinios y demás abusos que cometieron cuando tuvieron poder.

 Dentro de este fenómeno que produjo la aplastante votación obtenida por Andrés Manuel López Obrador, también aparecen eufóricos y con la autoestima por las nubes, políticos rabones que vegetaron por años en chambas burocráticas de medio pelo y que en este proceso o ganaron o estuvieron a punto de triunfar en la disputa electoral por senadurías, diputaciones federales y alcaldías.

En todos los casos que aludimos, de los viejos políticos rescatados por Morena o de los cuadros que siempre vivieron en posiciones de medio pelo y que ahora obtuvieron copiosas votaciones, todos han llegado a la conclusión de que viven su momento estelar y que de ahora en adelante cada vez que se presenten como candidatos los ciudadanos se volcarán en las urnas para rendirles pleitesía.

 Habría que despertarlos de sus sueños guajiros. Si logran que se les postule en un corto y mediano plazo se llevarán un chasco. Ocurre simplemente que la próxima ocasión Andrés Manuel López Obrador ya no estará en las boletas electorales y entonces se darán cuenta que cosechar sufragios no es cosa fácil.

 Lo del famoso tsunami impacta en los cuadros de Morena. Lo decimos con todo respeto por personajes como Américo Villarreal Anaya, un profesionista respetado pero un pésimo candidato con una imagen que nunca proyectó ni entusiasmo ni emociones y que en sus esporádicos actos pronunció  discursos grises sin matices. Si algo de su personalidad sobresalió en estas elecciones fue su pichicatería.

 Es el mismo caso de su compañera de fórmula, María del Carmen Covarrubias, (¿así se llama?), ilustre desconocida hasta para los tampiqueños y que gracias al efecto AMLO ahora es senadora de mayoría.

 Hay otros casos como Ramón Garza Barrios, con un pasado tenebroso que lo tuvo o lo tiene como personaje principal en varias indagatorias, y que ahora revive lauros con una votación que él cree y afirma que es un premio a su trayectoria por parte de los neolaredenses.

 Los matamorenses también están pasmados por el triunfo del morenista Mario López que tiene una deuda de gratitud con Andrés Manuel pero también con el alcalde Chuchín Díaz y con el panista Carlos García que hicieron todo lo necesario para asegurarse a si mismos una penosa derrota.

 Entre los panistas sobran también los candidatos que no hubieran llegado si no se les opera políticamente la elección desde la cúpula políticas y sin embargo creen que su triunfo se debe a la suma de sus virtudes, de su carisma y su oratoria que convencieron a los  ciudadanos para otorgarles el voto mayoritario.

La verdad es que por si solos no habrían llegado tan lejos y es que las elecciones en Tamaulipas tuvieron esta vez varios detonantes: en primerísimo lugar, para Morena los votos que aportó el efecto López Obrador, que fueron determinantes. Para los panistas el trabajo del gobernador Francisco García de Cabeza de Vaca quien según las encuestas tiene un muy respetable nivel de aceptación entre la ciudadanía.

Pero hay otro aspecto del cual no existen mediciones que sean del dominio público y se refiere a las estrategias que surgieron de los cuartos de guerra y del trabajo de legiones diversas de operadores políticos que movilizaron a los votantes con los muy socorridos recursos clientelares: despensas, dinero en efectivo, operaciones tamal y
carrusel y muchos más que desde lo obscurito remolcaron candidaturas.

 En resumidas cuentas lo que lograron esta vez con el apalancamiento en AMLO, difícilmente volverán a obtenerlo y la próxima vez que sean candidatos se darán cuenta que no eran ellos las estrellas de la película y que probablemente nunca vuelvan a contar tantos votos juntos en su favor.

 Lo mejor es que si “traen proyecto”, se pongan a jalar.