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Columnas: Cuando la tierra se derrite salen zombis

Cuando la tierra se derrite salen zombis

/ 29 de septiembre, 2019 / Jorge Faljo

En 2016 falleció un niño de 12 años
en Yamal, una península del norte
de Siberia, cercana al Circulo
Ártico. Otras 96 personas, casi la mitad
niños, fueron hospitalizadas y varias
docenas más evacuadas de la zona. Eran
Nenets, miembros de una tribu nómada
que se mueve con sus rebaños de renos.
Fueron afectados por una plaga de ántrax
que ocasionó la muerte de unos 2,400 de
sus animales. El gobierno ruso respondió
con decisión y en 2017 vacunó a cientos de
miles de renos de la península.
La noticia es vieja, pero ha vuelto a
ser relevante porque ese evento ahora se
considera premonitorio de nuevos riesgos
para la humanidad.
El ántrax es una enfermedad
bacteriana que puede ser mortal; ataca a
las ovejas y al ganado y es transmisible a
los seres humanos. No había ocurrido un
brote de ántrax desde 1941, 75 años antes
cuando una epidemia similar diezmó los
rebaños locales. En aquel entonces los
pobladores concentraron los animales
enfermos y crearon cementerios de renos.
Es una región de tundra, un tipo de
ecología con una superficie de arbustos
y plantas rastreras porque los arboles no
pueden crecer en una tierra sumamente
dura porque se encuentra congelada. Por
la misma razón los cuerpos no se pueden
enterrar a profundidad y tampoco es
viable quemarlos por la escasez de leña.
A esa tierra congelada se le llama
permafrost en inglés; palabra que hemos
copiado en español y que combina los
significados de permanente con helado.
El permafrost puede llegar a tener
centenares de metros de profundidad
y es básicamente la acumulación de
materia orgánica durante millones de
años de temperaturas inferiores a cero.
En esas regiones cercanas al ártico la
superficie se descongela alrededor de
unos cincuenta centímetros en el periodo
de verano; puede ser menos, o más, según
la temperatura del aire y lo prolongado del
verano.
Pues 2016 fue un año particularmente
cálido en la península de Yamal y el
permafrost superficial se derritió a
mayor profundidad que de costumbre.
Se descongelaron también los cuerpos de
los renos muertos hace 75 años y pasaron
de estar congelados a descomponerse. Y
entonces resurgió el ántrax.
Resulta que el ántrax es una
bacteria muy resistente porque forma
esporas que le permiten sobrevivir y
reactivarse incluso después de estar dos
mil quinientos años congeladas. Esta
capacidad de supervivencia es también
una característica de otras formas de vida
muy elementales; se ha descubierto que
los musgos, bacterias que forman esporas,
diversos virus e incluso gusanos muy
simples, los nematodos, pueden sobrevivir
a miles de años de congelamiento.
Algunos científicos han revivido virus
extraídos de decenas de metros de
profundidad en el permafrost y que
llevaban congelados 32 mil años.
Y ahora el calentamiento global está
descongelando el permafrost empezando
por sus capas más superficiales, las
que tienen docenas de años congeladas
y avanzando a las más profundas, las
que llevan miles y cientos de miles de
años congeladas. En esas capas se han
acumulado restos humanos, animales y
vegetales durante enormes periodos de
tiempo. Sabemos por ejemplo que se han
encontrado mamuts congelados hace 20
mil años.
Es una nueva situación que crea el
riesgo de que se reactiven todo tipo de
zombis; más bien habría que decir micro
zombis, los gérmenes de enfermedades
desaparecidas hace mucho tiempo.
Un ejemplo del riesgo es que en
los años 1890 ocurrió una importante
epidemia de viruela en algunos pueblos
de Siberia. En uno de ellos numerosos
cuerpos fueron enterrados en las capas
superficiales del permafrost a las orillas
de un rio llamado Kolyma. Ahora, 120
años después el permafrost se está
descongelando y la tierra se convierte en
un inmenso lodazal que se desmorona
hacia el rio. Literalmente se derrite y se
mueve.
Los investigadores han encontrado
cuerpos en la zona, aun congelados, con
las marcas características de la viruela
y con fragmentos genéticos del virus,
aunque no virus completos y menos que se
hayan reactivado. Pero el riesgo existe.
Viruela, peste bubónica y la influenza
española de 1918 provocaron epidemias
terribles con millones de muertos. Se
consideran erradicadas y si renacieran
ahora la medicina cuenta con más
medios para enfrentarlas. Pero aun así
es preocupante que en el permafrost
existen sin duda cuerpos de personas que
murieron de esas enfermedades y que todo
apunta a que el calentamiento global la ira
descongelando.
No se trata solo de seres humanos;
sino de homínidos en general. Por ejemplo
hombres de neandertal que murieron hace
40 mil años de enfermedades que ahora
desconocemos.
En algunos casos puede tratarse
de enfermedades contra las que los
sobrevivientes humanos desarrollaron
inmunidad, y la plaga desapareció. Solo
que ahora tal vez ya hayamos perdido esa
inmunidad de nuestros antepasados.
Que la tierra se descongele implica
otros riesgos incluso más graves que los
microzombis. El permafrost se compone
en de restos vegetales y animales
con un alto contenido de agua que al
descongelarse empieza a descomponerse.
Se han encontrado en Siberia grandes
cráteres que eran un misterio y que
ahora se explican por la formación
bajo la superficie de grandes burbujas
de gas metano. Este es producido por
bacterias y, por ignorante diré bichos, que
proliferan en la descomposición y que en
sus deposiciones expulsan gas metano. Me
niego a usar la palabra vulgar que viene a
la mente. El caso es que ese es un gas de
invernadero que contribuye fuertemente al
calentamiento global.
Pensar en inmensos territorios
de Alaska, Canadá y Siberia en
descomposición genera escalofríos en la
comunidad científica.
Además, el permafrost es materia
orgánica, es decir carbono captado de la
atmosfera por la vida animal y vegetal
y acumulado lentamente durante muy
largo tiempo. A final de cuentas se trata
de carbono; lo mismo que el ser humano
extrae del subsuelo como petróleo, carbón
o gas y que al devolverlo a la atmosfera
provoca el calentamiento del planeta.
En estas regiones muy al norte
el calentamiento es más acelerado
que en el resto del planeta; hay cada
vez más incendios y estos tienen un
comportamiento novedoso. Se quema no
solo la superficie que tiene pocos arboles;
lo grave es que se quema el subsuelo
cuando ya descongelado pierde el agua
y se transforma en yesca. Así que hay
incendios que avanzan a metros bajo tierra
soltando más carbono que, digamos,
los ya graves incendios en la cuenca del
Amazonas.
La humanidad está en riesgo. Algunas
señales son muy evidentes; huracanes,
oleadas de calor, incendios en el
Amazonas y otros. No destaca la pérdida
del permafrost que es donde posiblemente
se encuentran los mayores peligros:
metano, carbono y micro zombis.