CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- Al pie de la Sierra Madre está enclavada la colonia Bethel, un asentamiento que por más de dos décadas ha visto pasar el tiempo sin que les resuelvan su principal demanda: los servicios básicos.
El rostro de la pobreza se asoma a través de muchas viviendas, algunas armadas sólo con cascara de tronco de árbol, con techo de lámina y con pozos sin letrinas, para cubrir las necesidades biológicas.
Hay vecinos que dicen que hasta la mano de Dios está alejada de ellos.
Entrar en auto a esa colonia irregular de la capital tamaulipeca es un milagro, piedra tras piedra, las unidades apenas avanzan, bajo el riesgo que un filo o pico rompa una llanta.
Karla es una joven madre de familia, tiene tres hijos, llega a la colonia, porque su mamá vive ahí, “nosotros no teníamos solar, somos muy pobres y llegamos a vivir aquí, compramos una cobijitas ahí abajo y poco a poquito fuimos haciendo la casa”.
Casa que no tiene piso, no tiene luz, no tiene agua, las rendijas de cada uno de los “barrotes” que hacen de pared son cubiertas en algunas partes con lonas de publicidad política de alguna campaña.
“Yo no tengo luz, no tengo agua” aunque hace unos seis meses colocaron un tinaco grande para que los vecinos pueden abastecerse del líquido, llegar hasta él en una colonia en loma, complica que puedan trasladarla.
“Viene la pipa y llena en las casas y luego llena aquí, cuando no llega la pipa, agarramos de aquí”.
Como madre de tres hijas, recibe el apoyo de su esposo que se dedica a lavar carros, no tiene ningún tipo de apoyo público y oficial, como despensa, alimentos o de los que el gobierno federal tiene disponibles para combatir la pobreza.
De noche la luz en su vivienda es con velas, corriendo el riesgo de que pueda ocurrir un incendio si se cae la vela que enciende para poder iluminar su pequeño hogar.
Doña Karla solo tiene una petición para las autoridades, que le apoyen con material de construcción para poder ofrecer a sus pequeñas un mejor espacio en donde vivir.
“Material para mejorar la casa”, no quiere dinero, no quiere que le regresen el apoyo de despensa que ya recibía, pero que desde el año pasado dejó de llegar, solo quiere un cuarto mejor para vivir sin temor a mojarse, a que un animal entre a su cuarto o sufrir un robo.
El caso de Doña Elena Ramírez, no es muy diferente, con 10 años de vivir en la Bethel, sortea problemas como casi todos los vecinos; no hay agua y la luz la consiguen con cables enterrados en la tierra que jalan la corriente “desde bien lejos y nos la cobran bien cara”.
Pero los que no tienen la suerte, o dinero para traer luz de los medidores aledaños, siguen utilizando el sistema de conectar el foco a una batería de carro, los que tienen menos suerte, solo llegan al quinqué o a las veladoras.
La demanda de servicios públicos tiene años, pero no han recibido ayuda, porque dicen que es una colonia irregular,
Pese a las condiciones adversas, sus tres hijos viven relativamente bien, juegan, se divierten, van a la escuela, aunque tienen que ir hasta la Estudiantil: “en cuestión de educación no batallamos”.
En los servicios de salud, los tiene con Seguro Popular, pero ahora con eso del cambio, no sabe quién los va a atender en caso de que se le enfermen, “es difícil vivir en estas condiciones, hay veces que la pipa no viene en un mes, o 15 días, si se batalla”.
Aunque en su hogar el baño es de fosa, lo tiene bien acondicionado con tasa de sanitario, para que sus hijos no batallen y disminuir la insalubridad de una letrina convencional.
Además de no tener servicios públicos, el transporte público es otro problema porque apenas llega a la entrada de la colonia, porque las calles son intransitables.
Ir a lo alto del cerro a conseguir leña, es de lo más cotidiano para Doña Juany y su familia, la cortan, la suben en una pequeña traila que jalan con motocicleta hasta su casa.
La demanda más importante es que se regularice la colonia para poder gestionar los servicios, porque sin ellos los problemas de salud son el pan de cada día.
No pueden lavar ropa, los trastes de cocina se amontonan, no se pueden bañar y menos tomar agua potable corriente, los pisos de tierra se ven en casi cualquier vivienda.
Las casas sin ninguna protección, ponen a las familias en constante plegaria y predicamento, se van a dormir pidiendo pasar una buena noche y levantarse sin novedades para seguir luchando por subsistir.




