La semana inició agitada. Quizás gracias al ímpetu de las marchas multitudinarias el domingo, el paro nacional de mujeres rebasó todas las expectativas que se habían planteado. Miles en todo el país respondieron a la convocatoria, y a su manera, se sumaron a la iniciativa.
Las que no pudieron faltar a sus actividades laborales, recurrieron al color morado para mostrar su apoyo. En las principales ciudades de Tamaulipas se notó la ausencia de las mujeres en los negocios cerrados, las clases suspendidas, las oficinas vacías.
Pero desde el domingo por la noche, se abría paso entre la agenda pública otro tema que hizo temblar a los especialistas: el precio del petróleo se desplomó y como reacción en cadena a éste y otros factores, los mercados se derrumbaron, y el dólar alcanzó su nivel más alto desde la llegada de López Obrador al poder.
A la crisis financiera internacional se suma el temor al coronavirus que ya puso en jaque a países enteros de Europa como Italia, que ayer decidió el aislamiento total para intentar contener el brote de esta enfermedad.
Si la situación económica del país ya estaba comprometida, lo de esta semana seguramente ya puso nervioso a más de uno en un Gobierno Federal, que no ha terminado de convencer al país de que el crecimiento cero no es tan grave como parece.
A eso se suma la percepción de que la crisis que vive el Sector Salud a nivel nacional deja a la población en una situación de vulnerabilidad ante el inminente embate del COVID-19.
Todo, mientras sigue en el ambiente la agenda feminista que ha sido minimizada sistemáticamente desde el gobierno federal, lo que no ha hecho sino agigantar un movimiento que, como apreciamos ayer, es visto por la sociedad como una causa legítima.
En unos cuantos días, a la cuarta transformación se le formó una tormenta perfecta, para la cual -parece- no estaban preparados.




