1 febrero, 2026

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El día después de mañana

En Boca de Todos

“En toda mi vida profesional y en el ejercicio de un periodismo con visión de género, nunca antes registre tal cantidad de manifestantes, ni tanto ruido mediático de una acción de mujeres, en silencio”

El parte policial nacional indica que el 8 de marzo 11 mujeres fueron asesinadas en el país y el día nueve, 9 más. La nota roja, otra vez da cuenta de estos feminicidios y más violencias perpetradas hacia las mujeres
Hoy de nuevo tengo sentimientos encontrados, el optimismo a tope por los movimientos feministas que pintaron a toda la nación de morado, las jacarandas en todo el esplendor de una primavera inédita enmarcando la resistencia de las mujeres de todas las edades, que tomaron las calles, la palabra y la acción para reprochar al sistema patriarcado.
Henchida por el reconocimiento y la revalorización que se da a la mujer después del paro nacional de mujeres, el día sin nosotras logró penetrar en mentes machistas y misóginas, por lo menos de los comunicadores que forman opinión pública, también subió los niveles de la sororidad entre las mexicanas.
En toda mi vida profesional y en el ejercicio de un periodismo con visión de género, nunca antes registre tal cantidad de manifestantes, ni tanto ruido mediático de una acción de mujeres, en silencio.
Sin embargo, el pesimismo no me suelta, las cifras nos dicen que hacen falta muchos días de marchas y ausencias para recomponer el rumbo social. Tirar para construir de nuevo.
Me desaniman los comentarios de algunos de mis compañeros que el lunes acudieron a trabajar en espacios todos masculinos, se sintieron dueños de las áreas y nos hacen saber que sin las mujeres tuvieron “un mejor ambiente”, “mejor vibra”, “estuvimos tranquilos y en santa paz”, dicen. ¿Cómo les fue en su día? Preguntan. Ojalá tengan más días de estos, sugieren. “Las extrañamos” como se extraña un mueble que ha sido cambiado de lugar.
Los veo y los escucho igual que el pasado viernes, llevaditos, sin conciencia, nada solidarios, sí abusivos, ignorantes de las necesidades femeninas, burlones, apropiados del ego que les da fortaleza para sentirse superiores a nosotras, impunes y arropados por sus pares, que se vuelven cómplices, en silencio.
Con ellas, mis compañeras, siento más empatía, se han atrevido a hablarme de circunstancias que antes ocultaban o invisibilizaban, hoy se ven y se escuchan más fuertes, conscientes de su ser y dispuestas a seguir combatiendo por los derechos humanos que a todos nos asisten.
Son las dos caras de la moneda, como la noche y el día, la luna y el sol, así ellos siguen estando en Marte y nosotras aquí presentes en esta tierra.

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