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Columnas: Crónicas de la calle

La ciudad escrita por una hormiga

/ 23 de mayo, 2020 / Rigoberto Hernández Guevara

“La palabra es lo primero que ocurre en una hoja limpia, luego caen otras y sugieren, dan a entender, quieren decir algo y lo dicen”

Que recuerde, cuando escribo Crónica, nunca me he planteado el problema clásico acerca de lo que haya de escribir enfrente de una página en blanco. Por lo general soy yo quien busca el espacio con la palabra ya en la bolsa. Otras veces, cuando tengo que escribir algo y el tiempo apremia, simplemente me siento frente a la hoja y escribo.

Escribo simplemente, nunca me pongo a pensar lo que hay qué decir, sé que todo lo puedo inventar desde un principio como se construye una casa.

La palabra es lo primero que ocurre en una hoja limpia, luego caen otras y sugieren, dan a entender, quieren decir algo y lo dicen.

Se instala la primera raya y el cuerpo reacciona, arroja la primera puñalada en contra de quien suscribe la crónica. El que escribe saca una bala ya herida, apagada, y escribe una respuesta increíble.

El protagonista de quien escribe suele ser él, como el rostro reiterado en sí mismo del caricaturista novato. Un endeble garabato. Describiendo a otro, sin prejuicios, uno escribe poco a poco en la historia de otros la historia de uno, la historia de todos, nuestra crónica.

En los libros envejecidos a vuelta de correo se escribe sobre los textos. De regreso. Los libros acuden a nosotros y nos consultan, anochecen. La Hoja en blanco es una hoja escrita, coges la pluma y la vas borrando de memoria intacta, escuchas voces que otros no escuchan porque tal vez no existen. Escribes entonces.

En la Crónica concurren todas las artes para ser expresadas. A través de la palabra que lo intenta, es una escultura viva, la crónica es sucesiva y dramática. Sus personajes son poéticos y contradictorios, surrealistas y sin un sentido práctico.

Hija del demiurgo, como el cronista, la Crónica se da o no se da. Crónica es caminar e ir cantando, no razonar, no explicar, decir cantando, silbando una cancioncilla, inventandola, pateando piedrecillas con los zapatos nuevos o viejos. Es lo mismo. Crónica es escribir nada más para que otro lea con las ganas que tú quieres que sepa. Le comentas que eso fue a dos cuadras antes de que él llegara.

Una crónica urbana es la ciudad vista por una hormiga. Una ciudad descrita en el patio con ropa tendida, el ruido, el silencio extraño, la ciudad es la crónica no escrita.

Si en un texto hay recursos literarios para expresarse es en la crónica, el sujeto narra y camina por la banqueta cubierta de hojarasca. Nadie lo espera, por eso describe el color de una casa pasada por agua, por el líquido del tiempo de una mirada.

La memoria del cronista es poética pero lo relata como que lo cuenta. Abierta la puerta la Crónica entra. Su múltiple especie de géneros y artes es una fotografía, un matiz, un trazo manuscrito, un volumen, una geografía y un tren.

Cuando caen los dedos sobre el teclado la Crónica ya va danzando frente a las catedrales. Hay que ver todo, dijo alguien, veo todo lo que quiero escribir. Escribo toda la imagen, escribo lo que recuerdo, y entonces comienza a llover.

HASTA PRONTO.