30 enero, 2026

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FRASES SOBRE LA MESA Y UN CAFÉ PORFA

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA

En la mesa hay un cenicero con colillas derrengadas por los dedos. El tiempo hace algunos segundos contenía humo. Una taza de café acompaña el instante del que escribe que es como un niño rodeado de lápices de colores, envuelto en tinta, manchado de óleo en el pelo de brocha gorda que le hace sombra.

El color amarillo de gruesa punta, el más próximo a su camisa, es muy fuerte para un chiquillo escriba lo que escriba o donde se esconda. Una gota de amarillo, un destello ilumina la habitación de inmediato. El amarillo puede que no esté en todos los colores, que tampoco están en él, pero es el sol. Cuando aparece es de día sobre la mesa de trabajo. El que escribe dibuja con bolígrafo las letras sencillas y perversas como semillas, cada una dice lo mismo de distinta manera, hasta que el sol sale y amanece y comienza la vida.

Para entonces el amarillo es ocre y se empiezan a encender las luces de la ciudad, el claro oscuro es inmejorable para una fotografía donde los sombra se exprese por sí misma abajo de nosotros como un tapete, después de todo el negro es su lápiz favorito, ha hecho toros de lidia con ellos corneando toreros o heridos en la arena de una playa. El color negro se aplica bajo su propio riesgo de escribidor nobel. No teme a ese silencio. El lápiz es un cuchillo y de un tajo raja la hoja y la manta, hace una cuarteadura en el hotel de paso. Hay colores descansando acostados en el suelo de la mesa, otros parados en un vaso lo ven todo. El escritor continúa su camino corriendo, se ha quitado los zapatos y por último la ropa.

Desnudo es un simio dibujándose. En el escritor los colores se miran las manos que los pintan, van y dicen quién, cuál de todos es el preferido y me imagino que riñen como los individuos entre ellos. Pero los colores una vez sueltos, lejos de los lápices, están por todas partes. Acuden a reuniones importantes y cuando sale el sol salen bañados a foguearse, a darse un quién vive con el resto de competidores con los que se pinta una casa. Por lo demás sobre la mesa está un teléfono móvil al cual nadie o casi nadie llama.

Los cobradores no fallan pero ni eso tiene. De modo que eso escribe y queda de usted por el momento, no firmo porque aún no acabo de contarles. Decía que junto a los colores, al celular y los cigarros Bahrein, luce una navaja de dos filos como un pequeño machete, unos lentes perdidos como el alma.

Escribe en la mano a un espacio, al margen hay dibujos con escenas formidables y paisajes alegres para imaginar y lo que escribe tiene que ver con los colores que hay sobre la mesa a la espera. Escribe que hay una silueta breve que atraviesa el cuarto, vuelve a escribir que vuelve porque volvió la silueta y no pudo hablarle, preguntar qué hace. ¿Qué hacer?De pronto el escritor ve los colores como por primera vez juntos y la ciudad como a las 10 de la mañana, el esplendor de la ventana presumiendo el viento, y cierto sopor del afuera como una piedra grande y azul.

El pensamiento da en la cabeza de una tecla y se inicia la fiesta, los bailarines se presentan y se desnudan. Por lo demás hay por último sobre la mesa un libro con los 100 años del arte alemán, tiene a un esqueleto orinándose en un lago, víctima del impresionismo fauvista de Max klinger. Entonces quien escribe escribe con la libertad de él mismo, sin manos, con el viento de los dedos, como los colores que se apilan hasta hacerse una canción triste o alegre, como un cactus o un cuchillo amarillo y otro negro en las manos de barro de Max Klinger.

HASTA PRONTO.

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