Son tus pestañas una procesión de lirios y un jardín en voz baja hay en tus ojos. Dame esa parte de ti cuando caminas, dame tus ojos, dame tus dedos en la lluvia. Tu pelo es el viento de hojas girando, de la hoja misma es el alma, ave nocturna, libro leído a dos manos.
Te quiero en este instante, como si naciera el día, a primera voz de ventana, errante, en la breve claridad de la tarde. Mírame así, con esos ojos tuyos…de este lado de mi sueño.
Se incendian las cicatrices de las calle y en las soledades del agua, cuando no hay nadie, llueve por dentro . Te quiero sobre este fino apaciguar del abeto, de los árboles orejones y cipreses de la avenida 17, en la ciudad es un dìa de nuevo.
Eres un sueño que Dios tuvo. Estás conmigo y escribiré un historia inolvidable en las páginas del libro de los libros. Te quiero mucho. Quiero estar en todos tus minutos.
No hay un lugar mejor para poner mis manos. Tampoco sabría dónde sonreír si no estuvieras, podría estar loco y así andar por las calles buscando tus labios en todos estos años.
Las palabras te buscan y te encuentran. Escribo esto de esa manera sin querer evitarlo. Amo lo que eres y lo que significas, de ti todo me gusta.
A veces que te amo es lo que es. El mundo es todo lo que tenemos los dos. Si te amo y crees, sabrás que estoy aquí esperando en esta parte del mundo donde hay un lugar para ambos.
Qué extraño lugar es este y qué fácil el mundo si lo miras. Cada mañana las raíces de la brisa te cubren, el día nace de ti, de tus orillas.
La noche, esa dama elegante se desvanece en el espejo flotante del aire. En las mañanas se baña el agua en el espacio amplio de las calles. El cielo se ha vuelto de mi lado, recorro las cortinas, inicio el juego cariñoso buscando tus labios.
Después de pensarte, te pienso Estoy lleno de tus imágenes, caminas en mi como la noche pero no oscureces, sales pero te quedas, eres como yo mismo, siempre sucedes. En la casa del tiempo, eres el mejor momento de las flores.
Pues bien, ya que eres un poema que cabe en el universo, quiero vivir en él. Y tu cuerpo, continente labrado en mármol, según la apreciación de un artesano, es en realidad un edén, donde las manos buscan las manos.
Lleno mi boca con tu imagen, tu risa es un riachuelo donde bebe agua mi tristeza, tu andar hacia mí va dejando conspiraciones de flores, destacamento de helechos y caídas de agua en el pelo desde el Paseo Méndez.
El día bebe su luz escasa bajo un árbol, te quiero por eso, te busco en el brillo, en el pequeño Tláloc, en el pájaro del color de su canto. Tu nombre es adentro, en la arena de mi cuerpo, es otro el pueblo, tus ojos bonitos, el humo de las casas, el agua que repiquetea en la ventana.
Tus ojos son dos lámparas de lluvia. Abajo espero un beso de tus labios, voy por tus nariz respirando. No existo sin tu boca, o sin tu luna. Tus labios rojos como el crepúsculo, en mis ojos son paisajes del paraíso único.
Eres aquella plaza en la tarde, las luces de neón que recuerdes. El pequeño rincón de libro, la propicia caricia de una mano en otra. Hasta el último centímetro de mí te ama.
En la semilla que descascara terrones de azúcar, mi amor es un barco extraviado que en tus labios detuvo su búsqueda. Tu cuerpo son delicadas aldeas, como quiera sueños son tus cabellos y tu cuello contiene mis dedos.
Escribo en el reverso de unas hojas gastadas de cuaderno. Aprieto el lápiz, escribo fuerte para que no se borre. Queda un bosquejo, un barco al perecer destruído, tablas flotando con las que pienso hacer mi casa y ser parte del dibujo.
HASTA PRONTO
Por Rigoberto Hernández Guevara




