ALTAMIRA, TAMAULIPAS.- El celular solo lo utilizan para las tareas, el resto del tiempo, las hermanas Adriana, Luz y Yamilet, le ayudan a su abuelo en la siembra y cosecha de varios productos.
Luz Castro tiene 13 años de edad y comentó que desde muy pequeña, su papá o abuelo la llevaban a la parcela, primero a observar el trabajo que se realizaba en el campo.
A su corta edad, sabe cortar calabaza, el cilantro, el rábano, la lechuga, el sorgo, entre otros granos y hortalizas.
“A veces venimos ayudar a mi abuelo o estamos con mi abuela, el celular casi no lo agarramos, solamente a veces para las tareas, vemos videos o salimos a jugar nosotras al fútbol”.
Adriana de 14 años, Yamilet de 11, así como Luz, viven en el ejido El Fuerte, localizado en las faldas del cerro, disfrutan del campo, sienten mucha alegría cuando caminan entre los cultivos y además les gusta jugar fútbol.
Luz mencionó que algunos de sus compañeros de escuela también trabajan en el campo, es algo normal en la zona rural de Altamira.
“Desde chiquita me traían a la parcela, ya sea mi abuelo o mi papá, como tres años tenía y a veces solo veía como lavaban las zanahorias en la presa y después aprendí a cortar el maíz y el sorgo”.
El Ejido El Fuerte se ubica a 17 kilómetros de la cabecera municipal y las principales actividades que hacen los pobladores son la agricultura y la pesca.
Don Teodoro Castro, el abuelo de las niñas mencionó que su deseo es que su familia continúe trabajando la tierra cuando él ya no pueda, es la mejor herencia que les puede dejar.
“Son seis nietos y desde los cinco años se les enseña, no me gustaría que mis tierras ya no produjeran y que mi familia las hiciera producir, que ellos sean los encargados de trabajar la tierra y los niños son muy inteligentes, saben cómo hacerlo, traen mucha energía”, declaró.
Considera que si no logran estudiar lo que ellas quieren, se pueden mantener de lo que logren sembrar en el campo, aunque el trabajo es mucho más duro.
Uno de los problemas a los que se enfrentan los pequeños productores, es a la saturación de algunos cultivos, por lo que en muchos casos no recuperan la inversión.
“Uno debería tener la información de cuánto se siembra en la región para no saturar el mercado y si uno supiera que hay mucha calabaza sembrada, pues yo no sembraría, me espero a que haya menos para vender a buen precio”.
Teodoro Castro indicó que ha sembrado chile, tomate, cilindro, calabaza, zanahoria y lo que más les deja es el chile, pero es el más caro, “aunque en un rato donde no haya mucho en el mercado se hace una buena lana”.
Sembrar una hectárea de chile llega a costar hasta 150 mil pesos y la utilidad depende del precio que se tenga al momento de la cosecha.
Por Óscar Figueroa
Expreso La Razón