La alarmante escalada de la violencia en línea contra las mujeres en el ámbito público se ha documentado en un estudio publicado esta semana, editado por ONU Mujeres.
El reporte “Tipping Point: The Chilling Escalation of Online Violence Against Women in the Public Sphere” señala que la violencia digital contra mujeres activistas, periodistas y funcionarias públicas es masiva, creciente y cada vez más peligrosa que tiene el propósito de intimidarlas para silenciar las voces de quienes hablan en público, denuncian abusos o participan en política.
A nivel mundial, se estima que el 70 por ciento de las mujeres en la vida pública han sufrido violencia digital y el 41 por ciento ha experimentado agresiones físicas derivadas de ataques en línea. Esta conexión real y directa entre las agresiones online y las físicas es preocupante.
Aunado a este contexto hostil, la inteligencia artificial lejos de convertirse en una solución a este problema se ha convertido en un agravante. Los discursos de odio contra mujeres que defienden los derechos humanos o disienten en sus discursos políticos se han multiplicado con la IA. En este tipo de ataques a mujeres, según el reporte de ONU Mujeres, las periodistas, activistas y comunicadoras son los objetivos prioritarios.
Como consecuencia, ellas se han sentido intimidadas, por lo que han limitado sus participaciones en la vida pública. El silencio y la autocensura se erigen como los efectos directos de este acoso sistemático en el ciberespacio.
En Tamaulipas, el Código Penal local establece, en su artículo 390 Ter, que comete el delito de ciberacoso, quien hostigue o amenace por medio de las Tecnologías de la Información y Comunicación, tales como redes sociales, mensajería instantánea, correo electrónico o cualquier otro medio digital y cause un daño en la dignidad personal, o afecte la paz, la tranquilidad o la seguridad de las personas, mediante el envío de mensajes de texto, videos, impresiones gráficas, sonoras o fotografías.
Este delito se sanciona con una pena de once meses a tres años de prisión y multa de 50 a 300 UMAs. En pocas palabras: si alguien acosa desde el ciberespacio, amenaza o intimida, se está metiendo en un grave problema.
Aun cuando mucha gente cree que puede cometer delitos escondiéndose detrás de una cuenta falsa, un perfil inventado o una VPN sin que lo puedan identificar está en un error. Cada día es más fácil que nunca rastrear a un agresor digital.
La información a las plataformas, las direcciones IP, identificar dispositivos y metadatos de imágenes, así como analizar información sobre horarios de actividad son ejemplos de estrategias usadas por la policía cibernética. Incluso, si borran la cuenta, el rastro digital ahí queda.
Erradicar la violencia en línea es urgente, ya que se corre el riesgo de que la participación de las mujeres en los espacios digitales y en la vida pública se vea afectada, lo que no solo las afecta a ellas. Esta escalada de violencia en línea contra ellas también socava la libertad de expresión y nuestra democracia.
¿Usted qué opina?
POR NOHEMI ARGÜELLO SOSA




