14 enero, 2026

14 enero, 2026

A veces se gana perdiendo

RAZONES/ MARTHA IRENE HERRERA

Por. Martha Irene Herrera

Contacto: madis1973@hotmail.com

Hoy escuché una vieja canción de pop, que decía “a veces ganas perdiendo”. No fue una revelación inmediata, pero la frase se me quedó rondando. Tal vez porque perder, al menos como nos lo enseñaron, siempre ha tenido mala fama.

Vivimos en una sociedad que tiene prisa. Prisa por llegar, por lograr, por demostrar. Nadie quiere saber nada de perder, porque perder se asocia de inmediato con el fracaso, con la derrota, con quedarse atrás. Como si perder fuera un error y no una parte inevitable del camino.

Empiezo pensándolo en lo personal, en mis propias pérdidas —las visibles y las silenciosas— y en cómo no todas me rompieron. Algunas, incluso, me acomodaron. Y es ahí cuando la reflexión deja de ser solo mía, porque no somos pocos los que hemos pasado por algo parecido.

Perder no siempre es sinónimo de derrota.

Perder es un hecho; la derrota es una interpretación.

Se pierde un trabajo, una relación, una oportunidad, un juego, un partido. Eso es circunstancial. La derrota aparece cuando decidimos que esa pérdida nos define o cancela lo que sigue. Se puede perder un juego y ganar claridad, experiencia o carácter. En ese caso hubo una pérdida tangible, pero una ganancia interior.

Desde la inteligencia emocional, perder también puede ser un acto de conciencia. A veces es necesario soltar lo que ya no motiva, no llena o no hace crecer. No todo lo que se va es un error; muchas veces es espacio liberado.

Porque incluso en la vida emocional existe un costo de oportunidad: para ganar algo, siempre hay que renunciar a otra cosa. Aferrarse por miedo a perder lo invertido —tiempo, esfuerzo, años— puede terminar siendo la verdadera pérdida. Soltar no es rendirse; es elegir bienestar sobre apego.

A veces perder algo es la única forma de ganarse a uno mismo. Cuando se cae un rol, una certeza o una comodidad, aparece lo esencial. La pérdida filtra, depura, revela.

Y tal vez por eso la frase insiste. Porque a veces perder no es retroceder, sino alinearse. No es derrota si lo que se fue ya no ofrecía vida. La verdadera pérdida no es quedarse sin nada, sino quedarse donde ya no pasa nada.

Confundimos constancia con terquedad. Perseverar es avanzar con conciencia; insistir a ciegas, a veces, es solo miedo disfrazado de lealtad.

Perder también es una forma de escucharse. El cuerpo, la mente y las emociones avisan cuando algo ya no encaja. Ignorarlo por no “fracasar” suele salir más caro

Nos enseñaron que ganar era avanzar sin tropiezos, pero no que perder también era aprender.

Nos enseñaron a acumular logros, pero no a soltar a tiempo.

Nos enseñaron a resistir, pero no a irnos cuando quedarnos nos apagaba.

Nos enseñaron a aplaudir el éxito y a esconder las caídas.

Tal vez por eso hoy cuesta tanto perder.

Porque nunca nos enseñaron que, a veces, perder también es ganar.

Facebook
Twitter
WhatsApp

DESTACADAS