A ocho meses de que inicie formalmente el proceso electoral de 2026-2027 en el que se renovarán los poderes políticos del congreso federal, el congreso estatal y los 43 ayuntamientos de Tamaulipas, los estrategas de los partidos políticos han empezado a revisar la maquinaria electoral.
Especialmente los puntos débiles y la lista preliminar de los eventuales contendientes a los que echarían mano para participar en los próximos comicios.
En Tampico, por ejemplo, todo indica que la alcaldesa Mónica Villarreal se ha preparado para aprovechar las dos opciones de la que dispone, la reelección, si Morena la autoriza, si no, la diputación federal del octavo distrito.
Mientras que su ex contrincante, la diputada Úrsula Patricia Salazar Mójica, se mantiene al acecho, como en el proceso interno de 2024, a ver qué posición puede acceder para seguir conectada al presupuesto por tres años más.
En los dominios del PAN, Chucho Nader sigue siendo otra vez la opción más relevante, junto con el diputado local Pepe Schekaibán. El regidor Edmundo Marón Manzur asegura que por ahora está dedicado a alternar la responsabilidad que los ciudadanos le asignaron en el cabildo y la de los negocios familiares.
Rosa María González Azcárraga, podría ser otra alternativa, sin embargo, después de la estrepitosa derrota que sufrió en la contienda electoral del año pasado, la ex candidata a presidenta municipal se ha mantenido alejada del escenario político.
En el municipio de Madero, las cosas andan por el estilo.
Si en estos momentos fuera la elección, seguramente Acción Nacional volvería a postular a Carlos Fernández Altamirano, que obtuvo una elevada votación en la del año pasado, y le asignaría como compañero de fórmula al médico Francisco Castañeda Cruz para que saliera a la calle a pelear la curul del 20 distrito.
Los enterados coinciden en que estos destacados militantes conformarían la dupla más competitiva para capitalizar las circunstancias de adversidad y rechazo que agobian al alcalde Erasmo González Robledo.
El PRI luce tan disminuido que no tendría más que intentar otra vez la candidatura del magistrado Guadalupe González Galván, pero no para luchar al tú por tú con Morena por las riendas políticas del ayuntamiento, sino únicamente para ayudar al tricolor a conservar el registro.
En Altamira parece que la situación pre-electoral es la menos complicada del área metropolitana del sur para la 4T.
Aunque a estas alturas no se alcanza a vislumbrar con precisión lo que sucederá a la hora de las designaciones, como a Armando Martínez ya no podrá reelegirse, la disyuntiva para el munícipe es que le encargaran disputar un escaño federal.
Comparado con procesos electorales anteriores, el escenario desfavorable que tiene ahora el jefe edilicio para seguir siendo factor de decisión al término de su mandato constitucional, es que los aspirantes de mayor empuje no pertenecen a su grupo político, la diputada federal Blanca Narro, es integrante del sindicato magisterial, y el diputado local Marcelo Abundis tampoco es de sus incondicionales.
Ni siquiera en las filas de la oposición como la representada por “Construyendo Solidaridad y Paz”, ya que, si esta obtiene el registro en junio, su adversario político Juvenal Hernández, coordinador de la naciente organización política en la tierra de Cuco Sánchez, estaría otra vez en la boleta del año que viene.
En el caso de Acción Nacional parece que se la agotaron las figuras de mayor arrastre en el municipio, como la exalcaldesa Alma Laura Amparan. Además, como Ciro Hernández emigró a la Cuarta Transformación, quizá el albiazul se verá obligado a recurrir a algún cartucho quemado, como Miguel Gómez Orta, o aprovechar la ocasión para lanzar a la palestra a una cara nueva.
En ambos casos, parece que la suerte de la agrupación albiceleste de cara a la elección que se avecina, ya no es la de años atrás.
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