Desde la redacción con olor a plomo hasta este mundo digital que hoy se sacude ante la inteligencia artificial, el periodismo ha cambiado de forma, de soporte y de velocidad, pero la desinformación ha crecido en la misma proporción en que se multiplicaron los canales para distribuirla.
Nunca antes la humanidad había producido, distribuido y consumido tanta información en tan poco tiempo, y nunca antes había sido tan difícil distinguir qué parte de esa información es verdadera, verificada y útil para entender el mundo.
Las redes sociales transformaron la arquitectura de la comunicación pública en menos de dos décadas, convirtieron a cualquier usuario con un teléfono en emisor de contenido con alcance potencialmente masivo, y desplazaron a las instituciones periodísticas del centro del ecosistema informativo sin reemplazar las funciones que esas instituciones cumplían.
El volumen no equivale a calidad, y ese es el problema central del momento que se vive, porque los algoritmos que gobiernan la distribución de contenido no distinguen entre una investigación periodística de seis meses y un rumor fabricado en diez minutos, y en muchos casos amplifican el segundo con mayor velocidad que la primera.
La desinformación no opera en los márgenes del sistema informativo, opera en su centro, circula por los mismos canales que la información verificada, adopta sus formatos, imita su lenguaje y explota la velocidad de distribución que las plataformas ofrecen antes de que cualquier mecanismo de corrección pueda activarse.
Lo que está en juego no es solo la reputación de un medio o la credibilidad de una fuente, es la capacidad de las sociedades para sostener una conversación pública basada en hechos compartidos, que es la condición mínima de cualquier forma de deliberación democrática.
En ese contexto, la pregunta no es si los medios tradicionales sobreviven a la competencia digital, sino si las sociedades son capaces de reconocer a tiempo el valor de lo que pueden perder si esos medios desaparecen o pierden la capacidad de cumplir su función verificadora.
La televisión y la prensa regional encabezan el índice de confianza informativa con cifras de entre 61 y 62%, según el Digital News Report 2024 del Reuters Institute, elaborado con datos de 47 países y seis continentes, lo que sitúa a esos medios por encima de cualquier plataforma digital.
La televisión de difusión abierta mantiene el mayor impacto de marca entre todos los canales y su credibilidad entre los consumidores sigue siendo alta, confirma Kantar en su estudio Media Reactions 2025, con respuestas de 21.300 consumidores en 30 mercados y cerca de mil directivos de marketing.
El 51% de los usuarios de TikTok, el 49% de los de X y el 44% de los de Facebook declaran tener dificultades para distinguir entre información fiable e información falsa en esas plataformas, datos que el Reuters Institute registra con base en encuestas a usuarios activos de cada red.
La plataforma X acumula el último lugar global en confianza entre los anunciantes por tercer año consecutivo, con un 29% neto de profesionales de marketing que planean reducir su inversión en esa red durante 2026, lo que indica que la desconfianza no proviene solo de los consumidores, sino también del sector que financia los contenidos.
La prensa impresa registra un índice de confianza del 82% entre sus lectores habituales , en los mercados donde convive con formatos digitales, cifra que contrasta con la percepción del sector de que ese soporte ha perdido relevancia estructural.
La receptividad general hacia la publicidad entre los consumidores subió al 57% en 2025, desde el 47% registrado en 2024, aunque solo el 64% de los profesionales de marketing considera que integra sus estrategias de forma eficaz entre plataformas, frente al 89% que lo creía así en 2017, una caída que revela la dificultad del sector para adaptarse a un ecosistema más fragmentado.
El 57% de los consumidores expresa preocupación por la posibilidad de que la inteligencia artificial generativa se use para crear contenidos falsos o engañosos, porcentaje que subió desde el 41% registrado el año anterior, lo que indica que la desconfianza hacia la IA crece en paralelo a su expansión.
Solo el 12% de los usuarios acepta noticias generadas íntegramente por inteligencia artificial, mientras el 62% prefiere contenidos producidos bajo supervisión humana, una proporción que sostiene que la credibilidad sigue asociada a la responsabilidad editorial de personas concretas.
La transparencia, la ausencia de sesgo, los estándares periodísticos y la equidad en el tratamiento de la información son los cuatro factores que los usuarios identifican como determinantes para confiar en un medio de comunicación, atributos que los medios con procesos editoriales establecidos están en mejor posición de demostrar que las plataformas automatizadas.
La Unión Europea avanza en la aplicación del Reglamento de Servicios Digitales, que establece obligaciones de transparencia algorítmica para plataformas de gran escala, y el efecto de esa regulación sobre los hábitos de consumo informativo comenzará a medirse en los próximos ciclos electorales de los mercados donde ya rige.
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Fuentes: Kantar Media Reactions 2025, encuesta a 21.300 consumidores en 30 mercados. Reuters Institute Digital News Report 2024, Universidad de Oxford, 47 países.




