22 febrero, 2026

22 febrero, 2026

Morena y los ciclos de la política mexicana

La confrontación entre la cúpula obradorista y la presidenta Claudia Sheinbaum corresponde a la reconfiguración de la política nacional que tuvo origen desde el fin del desarrollo estabilizador

STAFF
EXPRESO-LA RAZÓN

El segundo año del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene la misma inercia desde su comienzo: la de una profunda depuración política a nivel nacional. Su gobierno, en contraste con el de Andrés Manuel López Obrador, termina por consolidar a una fuerza política que surgió desde la última parte de la década de los ochenta y que tuvo entrada en la vida pública nacional hasta 2018.

Con sus matices… Desde su inicio como fuerza política, primero de la mano de Cuauhtémoc Cárdenas, una de las principales críticas provenientes desde el priismo y de sus entonces aliados circunstanciales panistas fue su simpatía con el modelo de bienestar impuesto durante el desarrollo estabilizador en el país, que detonó una era de prosperidad por el afianzamiento comercial con Estados Unidos.

Y al mismo tiempo implementó las peores prácticas de la política mexicana, todas aún padecidas por la mayoría de la población.

Como el extenso burocratismo que formó el gobierno federal, el solapamiento a los excesos de los gremios y el desvirtuamiento de los programas de gobierno que terminaron por colapsar por la evidente corrupción. Además de la intervención gubernamental en el sector productivo, nacionalizaciones innecesarias que propiciaron la dilapidación del presupuesto público.

La crisis en sectores como el de salud y educación ha sido padecida por décadas, y en la actualidad se repite el ciclo, pero en su nivel máximo de degradación. Y es en el segundo gobierno de la llamada Cuarta Transformación que el nuevo modelo de bienestar mexicano se encuentra en uno de sus momentos cruciales para definir su sustentabilidad en el largo plazo o su inminente colapso.

Un peso que la presidenta carga hasta el momento como lastre por la circunstancia política heredada por la formación de Morena de origen y la conformación de sus grupos de poder a lo largo del territorio nacional.

Además del juego injustificado que las fuerzas morenistas le han otorgado a la periferia partidista supuestamente aliada. Y si bien la oposición no se encuentra en su mejor momento, la fragilidad de las estructuras morenistas y su improvisada conformación pueden propiciar un punto de quiebre que al final puede capitalizar la misma oposición, o figuras emergentes provenientes de las redes de intereses que aún imperan por encima del sistema partidista y/o por influencia de externos, como sucede con el neointervencionismo estadounidense.

De Cuauhtémoc a AMLO Tras la elección presidencial de 1988 que le dio el triunfo a Carlos Salinas de Gortari, el priismo fortalecido durante el desarrollo estabilizador utilizó a la CTM, a la CROC y a la CNOP de su partido para aglutinar los sectores obreros y campesinos como un instrumento de presión y política de masas.

Y en su momento de crisis, de aplicar un partidismo semejante al de los partidos comunistas, utilizaba también los mecanismos del Estado para reprimir manifestaciones estudiantiles. Su separación del PRI detonó el Frente Democrático que postularía a Cuauhtémoc Cárdenas y, tras la derrota y la crisis poselectoral, propició la fundación del ahora casi extinto PRD.

El priismo logró sostener un sexenio más en el poder para entregarlo después al Partido Acción Nacional, aun pese a la conquista de la capital por parte de los perredistas en 1997, poder que aún mantiene la izquierda. Coincidió además con las protestas de la Universidad Nacional Autónoma de México, de donde provienen figuras de la izquierda mexicana, como Carlos Imaz Gispert, exesposo de la presidenta Claudia Sheinbaum.

E inició la conformación de una militancia de izquierda que acompañaba el proyecto de Cuauhtémoc Cárdenas y la permanencia de la izquierda en el poder de la capital. En el año 2000 y tras la alternancia política nacional del PRI al PAN de Vicente Fox, Andrés Manuel López Obrador sería el sucesor de Cárdenas e iniciaría la lucha democrática por el poder del país.

DE FOX A CALDERÓN Y LOS ALBORES DE MORENA

La llegada de Vicente Fox al poder se dio por el agotamiento del priismo y por el rápido desgaste que provocó la sana distancia del expresidente Ernesto Zedillo con el priismo. La implementación del modelo neoliberal, el fortalecimiento de la cúpula empresarial, en su mayoría creada o beneficiada por 70 años de priismo, terminó por encumbrar al poder del país a un empresario…

Gremios empresariales como el Grupo Monterrey influyeron para su llegada y, si bien Fox manifestó de inicio sus simpatías con el empresariado, la mayoría del territorio nacional mantenía la influencia de las estructuras priistas. Fox, ajeno a los intereses de dichos grupos, mantuvo una relación de cordialidad que le permitiera gobernar con el reparto de cuotas de poder, que al calor de las fricciones constantes con el perredismo de AMLO terminó por solapar los excesos y prácticamente elevarlos al grado de principados.

El PAN mantuvo durante todo su sexenio la inercia electoral favorecida por las pugnas entre priistas y la aún debilitada presencia nacional del perredismo. Eso permitió que, con una guerra sucia dirigida principalmente desde las televisoras, obtuvieran de nuevo el triunfo en las presidenciales, bajo señalamientos de fraude electoral por parte del perredismo obradorista.

Entre las figuras más destacadas que señalaron el fraude destacaron Martí Batres y Claudia Sheinbaum. La relación de AMLO con el PRD se mantuvo entre disputas de sus «tribus» que al final favorecería al grupo de «Los Chuchos», aunque en la presidencial de 2012, entre señalamientos y cuestionamientos entre ellos mismos, accedieron a contender en unidad.

DEL NUEVO PRI A LA HEGEMONÍA MORENISTA

El regreso del PRI lo propiciaron tres factores principales: el poco dominio del trabajo territorial del panismo, las similitudes entre las redes de intereses panistas y priistas, y nuevamente la falta de dominio territorial de AMLO en el resto del país ajeno a la CDMX.

Los gobiernos estatales priistas inyectaron recursos económicos en la operación política en los procesos electorales, medida que, sumada a la persecución calderonista, terminó por colapsarlos entre ingobernabilidad por la inseguridad y escándalos de corrupción.

Desde el calderonato, con el uso del aparato de justicia y la presencia militar, mermaron a los grupos de interés relacionados con el priismo, además del aumento de la presencia de la Federación con su aparato de gobierno en los estados. Una medida que se incrementa año con año. De la mano de una mayor operación de la Federación en los estados, la seguridad pública en proporción mantiene mayor presencia y despliegue que la estatal.

AMLO, MORENA Y LA 4T

Andrés Manuel López Obrador cometió errores en las anteriores presidenciales de los que, al parecer, aprendió. En la elección de 2006, su poco recato para establecer alianzas estratégicas con sus adversarios terminó por polarizar la vida política nacional.

Su choque frontal contra la «mafia del poder» lo derrotó. En 2012, la falta de inclusión de actores económicos en su proyecto político, más allá de Tabasco y la CDMX, terminó por derrotarlo por la presencia que logró mantener el PRI desde los estados.

Con los espacios cerrados por el perredismo, lo orillaron a formalizar su proyecto «Morena» que, si bien inicialmente mantuvo un estricto filtro entre su militancia, con su formalización como partido político en 2014 manejó una apertura a disidentes priistas, panistas y a un sector del empresariado mexicano confrontado con los monopolios formados durante el neoliberalismo.

Los intentos fallidos del «nuevo PRI» por tomar el control de gremios como el magisterio propiciaron alianzas oportunas entre viejos enemigos. El obradorismo aplicó el pragmatismo y lo encaminó a tomar el poder del país. Los arrebatos de gubernaturas entre priistas y panistas entre el calderonato y con EPN hicieron que los grupos panistas y priistas inconformes encontraran cobijo entre las filas obradoristas.

Tamaulipas, por ejemplo, mantiene en la mayoría de su conformación partidista a exmilitantes del PRI. EL «ENQUISTAMIENTO» DEL OBRADORISMO AMLO llegó al poder y Morena mantuvo una efervescencia en las urnas de la que aún no desciende,

aun con el momento crucial en el rumbo que tomará con los sheinbaumistas. Tras su llegada al poder, su primera apuesta fue la implementación de una plataforma sistemática de programas sociales y, evidentemente, un despliegue federal en cada rincón del país. Las primeras incursiones de Morena en los estados se dieron bajo un profundo proceso de «conversión» de militantes priistas y panistas a sus filas políticas.

Además del alineamiento a su operación política de figuras relacionadas con grupos de poder y de interés. Los conversos morenistas ostentaron el respaldo del obradorismo, su aceptación como priistas o panistas y la legitimidad de su trabajo para aterrizar el proyecto obradorista. La cúpula de sus aliados, en la que destacan personajes como Ricardo Monreal, Adán Augusto López, Mario Delgado, Fernández Noroña y el general Audomaro Martínez, desplegaron sus redes de intereses de manera paralela a las fuerzas locales, principalmente con grupos económicos de la oposición.

Mientras AMLO y los morenistas confrontaban a los poderes locales y ganaban las gubernaturas, la cúpula mantuvo relaciones de negocios. La llegada de los nuevos poderes locales morenistas rendían pleitesía a la figura de AMLO, mientras los obradoristas ejercían control directo en el presupuesto. Además de la presencia que ya mantenía y mantiene el aparato federal de bienestar.

Con la llegada de Claudia Sheinbaum al poder, su plataforma política se centra en el aumento de los espacios políticos para las mujeres, pero con la confrontación directa de un obradorismo que aún se mantiene en el presupuesto público.

Trump, depuración y el futuro de Morena Si el proceso de sucesión inicial en Morena fue desgastante para las «corcholatas», la llegada de Claudia Sheinbaum Pardo al poder se daba bajo el control total de la política nacional por parte del obradorismo. En Morena enfrentan, más allá de los futuros puestos de elección popular, su futuro mismo como partido

En el primer año de gobierno, la presión estadounidense ha propiciado una depuración natural de morenistas impresentables y el debilitamiento de toda su cúpula por sus fricciones con la presidenta y por los constantes ataques de la oposición.

Pero el hecho de que perdieran fuerza como figuras políticas no significa que el control del partido haya cambiado; este aún permanece en manos del obradorismo, aunque el control territorial mutó. La periferia partidista de Movimiento Ciudadano y el Partido Verde aglutina a grupos políticos generalmente de pasado priista que han reagrupado sus fuerzas.

Además del futuro fin de los cacicazgos regionales que propiciaron las reelecciones. Los procesos electorales obligatoriamente serán ágiles y de relevos. Mientras la presión estadounidense aumenta al nivel de intervencionismo y con miras a perseguir hasta las últimas consecuencias a políticos mexicanos, la mayoría del obradorismo.

El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una plataforma ciudadana que el obradorismo difuminó por seis años, enfrenta a una cúpula obradorista que entró en desgracia, la presión constante del gobierno de Donald Trump y el control que recuperan aliados circunstanciales de Morena que pueden surgir como nuevas fuerzas políticas.

Su insistencia por aumentar los espacios políticos para las mujeres y sin oportunismos. Y de resolver los grandes pendientes de una 4T que no termina por aterrizar en su totalidad, con un sistema de salud colapsado y el educativo con décadas de retraso. Mientras los divisionismos en Morena aumentan y vaticinan un resquebrajamiento.

Facebook
Twitter
WhatsApp

DESTACADAS