1 marzo, 2026

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Civilización y Simulación I

El Mundo de Nunca Jamás/Pedro Alfonso García Rodríguez
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Neo era un hombre agotado. Saturado por su rutina diaria como trabajador y por su vida secreta como hacker, como hurgador en el mundo cibernético que paradójicamente impide la catástrofe humana o que, de plano, si colapsa o se altera, igualmente puede provocar una de mayores dimensiones.
Desde la red, Trinity y Morfeo lo contactaron para explicarle algo que él mismo buscaba y que terminó por encontrar.

Con rapidez, desde el sistema lo interceptaron, lo detuvieron y en contra de su voluntad le administraron un dispositivo de rastreo. Despertó. Todo había sido un sueño…
Hasta que por fin dieron con él, y tras prácticamente secuestrarlo y retirarle el objeto del sueño —que sí fue realidad—, acudió con Morfeo.

Morfeo se presentó y le dio dos opciones: tomar la píldora roja para enfrentar las múltiples realidades (y trágicas) del mundo, o entrar de nuevo a la simulación y vivir la vida de la que huía constantemente.

Preso por la curiosidad, Neo la tomó y salió de la Matrix. El resto es historia: enfrentó una realidad y múltiples realidades dentro y fuera de la Matrix, de la simulación impuesta a todos los habitantes del planeta.

La simulación que aun los más acérrimos enemigos de la Matrix y sus agentes extrañaban por las comodidades que brindaba, por el orden de una sociedad programada y poco relacionada con el caos como una constante que debe enfrentar cualquier ser vivo del planeta.

Y que en la antigüedad, o al menos en los tiempos previos a la existencia de las metrópolis y de la internet, se conocía mejor como civilización. Aunque aún se aplica la misma palabra para todo entorno que se mantiene bajo el control humano: objetos, animales y, claro, personas.

Civilización, desde los tiempos más remotos, mantiene el mismo objetivo: concentraciones en torno a centros ceremoniales (religiosos), a estructuras económicas y/o de poder, a la industria, los clústeres y todo aquello concerniente a comunidades gobernadas y orientadas a un fin determinado (lejos de ser por el bien común).

Y a pesar de los fines —palabras más o palabras menos— destinados a la explotación humana, la idea de civilización se mantuvo a lo largo de la historia de la humanidad e inició poco a poco y, conforme avanzó la tecnología y las comunicaciones, por evolucionar por completo hacia la simulación. Que en la actualidad pareciera ya una realidad omnipotente y no el destino trazado desde el poder.

La simulación fue una creación burguesa, propia del origen de las ciudades industriales. Su choque con la concepción de civilización desde el modelo esclavista y feudal definió por siglos una lucha constante entre sus mayores representantes y beneficiarios. Tras la imposición del modelo burgués después de la Ilustración y de las revoluciones europeas, la simulación primero tomó forma y estructuras desde el mundo físico, evolucionó al analógico y, paradójicamente, en el digital emigró de mecanismos de control masivos al del individuo per se, que desde la era del multiverso y la inteligencia artificial intentan implementar el Estado y el mercado.

Y esa tal vez podría ser la mayor interrogante: ¿qué es civilización?, ¿qué es simulación?, ¿vivimos en una civilización o en una simulación?
La tercera respuesta es clara: vivimos en ambas. Somos una civilización que se mantiene bajo una simulación. Y cualquier escena atípica de la realidad común e imperante probablemente se deba a que aquellos que las propician, o se encuentran dentro de ella, salieron de la simulación intencional o forzosamente.

La simulación, como aún en la actualidad la conocemos, si bien emana del modelo burgués, fueron las religiones monoteístas las precursoras. Desde el modelo burgués solo alcanzaron masificación como un mecanismo de control tras el salto que las ciudades dieron entre los individuos de las comunidades y la hegemonía de la sociedad.

La definición de los horarios —que aún pese a las revoluciones tecnológicas que cíclicamente definen el acontecer humano persisten—, las jornadas y los días laborales, también los de descanso, las fechas conmemorativas y festividades, las obligaciones como feligreses, las congregaciones y, en general, el modo de vivir la vida prácticamente emanaron, en gran parte de la humanidad, desde las religiones.

Pero el sistema burgués logró algo que ni en la etapa de mayor esplendor esclavista y feudal lograron los grandes imperios: su masificación y la manera sistemática en como el orden y el control social imperó ante cualquier circunstancia.

Y si el quehacer humano giraba en torno a la religión, con el modelo burgués y la industria mutó (evidentemente de la mano de la religión) a ser el eje de la vida de cualquier individuo que le perteneciera, con reglas más estrictas y con el Estado como un actor omnipotente (la emulación de Dios).

Y fue desde el modelo burgués que las dos vertientes del pensamiento humano y de la política mundial preponderantes emanaron de él y de la industrialización.
Tanto el socialismo como el capitalismo, a pesar de sus evidentes contradicciones e implementaciones de modelos a lo largo de la historia reciente, comparten un destino final que suele culminar con el orden y el progreso social, aun si se sostiene mediante un modelo de simulación.

De la omnipotencia del poder en cualquier acontecer del ámbito humano.
Desde la dictadura del proletariado, por ejemplo, el destino final de una sociedad socialista y/o comunista gira en torno a un control social desde la industrialización.
Mientras que el capitalismo, desde la libertad individual y la capacidad de tomar decisiones, estas son moldeadas por los intereses del poder en turno.

Es la misma sinergia que acoplan con la misma intención, y los elementos propagandísticos y/o culturales alteran la realidad individual, pero en masa.
¿Cómo se mantiene el sistema? ¿Cómo logra aceitar su maquinaria? ¿Qué pertenece o no a la simulación? ¿Cuándo se trata de civilización y cuándo de simulación? ¿Cómo compararlos y distinguir sus contrastes?

Civilización es todo lo relacionado con lo humano y su capacidad por alterar su entorno. La simulación es la alteración de la realidad individual mediante acciones sistemáticas que en un determinado tiempo y espacio sigue patrones que pueden cambiar con el paso del tiempo, principalmente.
Como sucede en la actualidad. En el mundo de nunca jamás…

¿Qué delimita la civilización de la simulación? Que una sociedad sea industrializada o influenciada por la industrialización (prácticamente todo el planeta).
El gran parteaguas de la humanidad que acentuó sus diferencias fue el Renacimiento.
Si la civilización previo al Renacimiento giró en torno a deidades o una sola deidad y definía el origen y destino de cualquier civilización, con el Renacimiento y la Modernidad —desde el Estado burgués— la masificación de la producción masificó también su alcance en la alteración de la vida humana y de la relación entre los individuos.

La simulación escaló además por el nacimiento de las máquinas, que además influyeron en las grandes revoluciones, o en la implementación de nuevos modelos de gobierno, de relación entre los individuos y el papel del Estado.
Además de un alejamiento de la religión, que pasó a segundo grado como un mecanismo más de control.
Y la necesidad de lograr en las naciones la concepción del progreso como la aspiración de cualquier sociedad.

Para concretarlo faltaba orden. Y la simulación se fue definiendo como una serie de paradigmas impuestos desde los dueños del capital y los medios de producción para controlar directa o indirectamente.
¿Cuál sería el primer vestigio humano de la simulación? La Revolución.
La Revolución Industrial, en primer lugar, por la masificación y por el surgimiento de las máquinas. De las máquinas, el principal objetivo era la eficiencia, que va de la mano con la automatización. Las complicaciones en automatizar las máquinas requerían un recurso humano también automático, y para automatizar el modelo se requerían recursos humanos automatizados.

El control del tiempo, de los espacios públicos y de la forma de vivir la vida desde una sociedad —y no como miembros de una comunidad— requerían un Estado omnipotente que impusiera mediante normas esas automatizaciones.
Y ese tal vez fue el principal fin de las primeras revoluciones en Europa: terminar con el modelo feudal y que los burgueses impusieran una nueva forma de dirigir el Estado.

Casualmente, la consolidación de esas revoluciones provocó el desarrollo de las urbes «modernas», el colonialismo e imperialismo para alimentar una industrialización en desarrollo.
Lo mismo sucedió en América con las independencias de sus naciones.
¿Por qué en Latinoamérica no se concretaron los proyectos de nación como en Estados Unidos?
Por las metrópolis.

Mientras en Estados Unidos sus colonos provenían de una metrópoli en los albores de su industrialización, en Latinoamérica las metrópolis mantenían el modelo feudal. Así evolucionaron a lo largo de su historia y provocaron al final otras revoluciones o golpes de Estado.
El aterrizaje de un Estado-nación con sus instituciones basadas en la ciencia y no en mandatos divinos sentó las bases de la simulación. Todo aquello que delimita al individuo es, al final, una simulación.
Todo lo concerniente al trato entre individuos y leyes como no matar o cometer actos violentos en contra de los individuos tuvo origen desde la religión; el Estado moderno burgués lo legitimó en el sistema legal, pero no lo originó, como otros principios que sí impuso el Estado moderno, como la delimitación de lo público y lo privado, por ejemplo.

Lo que sí legitimó el Estado moderno burgués, en contraste con el feudalismo, fue la libertad del individuo.
Una libertad que al final la define y delimita el Estado. Y al final, la población pertenece al Estado, y si este rige la vida de los individuos, termina por mantener una pertenencia sobre él y su libre albedrío.

¿Qué los delimita? Las instituciones. ¿Cómo se legitima? Mediante el uso de la fuerza pública.
Cualquier modelo, autoritario o no, capitalista o socialista, se rige bajo el mismo principio y solo cambia la propiedad de los medios de producción.
La película Metrópolis de Fritz Lang (patrimonio de la humanidad) fue una de las primeras proyecciones que describió magistralmente la simulación que imperaba en ese momento en las sociedades industrializadas.

Fue, por cierto, la época póstuma a su estreno la que llevó el modelo de simulación a una nueva fase, que tuvo su máxima expresión con los totalitarismos europeos previos y durante la Segunda Guerra Mundial, y después con el movimiento de contracultura iniciado en Estados Unidos y de alcance mundial en los movimientos estudiantiles de 1968.

Por un lado, los totalitarismos europeos llevaron a su máxima expresión el sometimiento del Estado sobre los individuos y la aplicación de una simulación forzosa; y en contraste, los 68 fueron el escape del individuo a un esquema que ya se encontraba agotado.

Coincidió además con la industrialización masiva detonada tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el inicio de la Segunda Revolución Industrial, la incursión de los medios masivos de comunicación y la consolidación del mundo analógico y los albores del digital.
La revolución del 68 fue el inicio de la cultura de masas y la transición de la simulación física a la ideológica.

Y a lo largo de todos estos años incrementó su nivel de penetración desde las masas, que en la era del multiverso y la IA muta desde los individuos y no desde la sociedad.
El choque entre las izquierdas, el woke y las ultraderechas se debe más al choque de la simulación desde el individuo o desde la sociedad.

Las ultraderechas estadounidenses y europeas defienden el modelo que por un tiempo mantuvo sus puertas abiertas y que, conforme perdió espacios por la transición del mundo digital a la IA, pelean el dominio o sus cuotas de poder.
Desde el sector liberal, es la necesidad de inclusión de todos los individuos y acoplarlos a una simulación desde su realidad particular, pero al final con el control y la manipulación.

Las recientes acciones del gobierno estadounidense en el mundo son la defensa de un modelo de simulación que colapsó con la consolidación del metaverso y el desarrollo del multiverso.
Los Estados alrededor del mundo acoplaron un modelo impuesto desde las élites estadounidenses y, aún pese a la hegemonía global que impone, su deterioro le sumó fuerza a emergentes con otros modelos de simulación.

Que no solo incluyen a los países subdesarrollados, también a clústeres como Silicon Valley.
La región del mundo que actualmente mantiene el control del mundo digital, la IA, el metaverso y el multiverso.

El recién nacido, aunque en constante crecimiento, clúster en Texas de Elon Musk.
Mientras los Estados resquebrajan sus sistemas políticos, los partidos se mantienen en crisis y las oligarquías toman fuerza.
Y conforman un nuevo modelo de simulación de sociedad que en una futura colaboración será descrito a detalle.

@pedroalfonso88
pedroalfonso88@gmail.com

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