Por Juan Sánchez Mendoza
Correo: jusam_gg@hotmail.com
El talento político, no necesariamente va ligado al populismo.
Pero esto no alcanzan a entenderlo los críticos del dirigente estatal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Manuel Muñoz Cano.
En 2024, usted bien ha de recordar, Manuel era harto solicitado por los saltimbanquis partidistas, porque bajo las siglas del membrete verde tenían la posibilidad de acceder a algunas de las candidaturas en juego, merced a la alianza con Movimiento Regeneración Nacional (morena) y el Partido del Trabajo (PT).
Entonces, no hacían tanto escándalo por el actuar del líder.
Menos cuando las cuotas plurinominales eran el mejor remedio contra la enfermedad de poder, y, por supuesto, contra los llamados críticos sistemáticos.
Hoy no ocurre lo mismo.
Cuando menos no porque la experiencia evita dar pasos en falso, y del camino andado mucho se ha aprendido.
Esto viene a colación porque bien sé que en los últimos meses Muñoz Cano ha recorrido el estado para fortalecer cuadros y abrirles espacios de participación partidista a mujeres, jóvenes y adultos, incrementado, por cierto, el padrón de afiliados.
Sin embargo, quienes promueven mediáticamente su fracaso –justo a seis meses +/- de instalare el proceso electoral 2026-27–, pasan por alto el trabajo realizado Muñoz Cano para en el futuro inmediato no dar pie a inconformidades que pudieran poner en entredicho su transparencia como dirigente.
Ahí tiene usted, por ejemplo, sus encuentros con los cuadros que hay en los 43 municipios (en lugares públicos y a la vista de todos), que por sí mismos refieren la cohesión lograda hacia el interior del verde.
Otro político muy difícilmente podría haber logrado cohesionarlos y su compromiso de unidad en torno a lo que viene.
El dirigente estatal no hace alarde de su labor.
Es más discreto que sus homólogos. Y menos populista.
Sé que no lo seduce el canto de las sirenas ni le obsesiona obtener una candidatura en el próximo proceso electoral concurrente, pues su compromiso y lealtad responden a un solo proyecto: posicionar al PVEM como la tercera fuerza en el estado.
La amplia sensibilidad política de Manuel, además, de mucho le ha servido para entender mejor este juego, pese al ‘chaqueteo’ de quienes al Congreso local arribaron cobijados por el verde, pero fuero maiceados por morena. Evito sus identidades porque ni la pena vale gastar tinta en ellos.
Por tanto, una vez llegado el momento meterá el acelerador a fondo.
No antes, ni después, porque Manuel sabe de tiempos.
Y no se acelera.
Estridencia mediática
Sin distingos de ninguna índole la sociedad mexicana acaricia la frontera del hartazgo, gracias a la incapacidad que muestran los actores políticos para alcanzar acuerdos y establecer un diálogo responsable que permita superar el peligroso estancamiento en que se encuentra el país.
Vivimos un escenario de confrontación cotidiana, en el que ninguna de las partes en litigio cede, y sí, por el contrario, se han dado a la tarea de ahondar sus diferencias generando tristes y patéticos espectáculos, que al mismo tiempo amenazan con salirse de cause y provocar una real desestabilización sociopolítica.
La rebatinga y pelea de espacios de poder tiene lugar en todos los frentes, sin que haya un árbitro confiable que reoriente y revierta el estado de las cosas que ya se encuentran en un punto crítico y enredado en demasía.
En este actual contexto, donde se agita la República Mexicana merced al enorme ruido que hacen los grupos de interés, es cuando se afianza la necesidad de que la política sea dignificada.
No es posible que se continúe promoviendo un clima de confrontación desde los poderes de la Unión, en virtud a que estamos llegando a límites peligrosos; y ya en algunos rincones de la patria empieza a enseñar su rostro la ingobernabilidad, cuya presencia perjudica a todo el sistema.
De ahí que resulte propicio distender el ambiente y dar paso a los buenos oficios de personajes que antepongan el interés del país por encima de camarillas y grupúsculos, que con su actitud dañan al tejido social de manera torpe e irresponsable.
Por ello hacen falta auténticos líderes o promotores de la paz y la reconciliación nacional.
Entiéndase bien: políticos de nuevo cuño en el ámbito nacional que liguen la palabra con la acción y den resultados; a la par que generen un clima de confianza y sana convivencia en un marco de pluralidad.
Sólo así podría avanzarse en la consolidación de la democracia y evitar que todas las tentaciones anarquistas, autoritarias y terroristas sean desactivadas en beneficio de los millones de mexicanos que aún creemos en la posibilidad de un país más justo y equitativo, donde se acabe con los grandes rezagos sociales y la inseguridad pública que, por desgracia, mucho daño han hecho a nuestra Patria.




