12 marzo, 2026

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Los Terrícolas y la más hermosa época de Victoria 

Crónicas de la calle / Rigoberto Hernández Guevara
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En aquellos años eran famosos los salones de baile en la ciudad. Ahí se celebraban quinceañeras, bodas, cumpleaños, baile de graduación y tremendas batallas campales entre viejos rivales que a la manera de los luchadores de moda se daban un tiro a mitad de la boda.

Entre otros que se me olvidan estaban el casino de Tamatán, el Rancho bonito, los Salones Alianza, la terraza Santa Cecilia, las canchas de la colonia las playas, el salón mutualista de la Mainero, el casino Victorense y el Campestre que no se juntaban con nosotros, tampoco los ocupamos y hoy somos los mismos,  el casino ganadero, el de los meseros, el casino Ferrocarrilero donde la cumbia era lo fuerte. Mi memoria ya flaquea, uted dígame otros como el pequeño salón del hotel Panorámico o el del Hotel San Antonio, hoy en ruinas por la avenida Tamaulipas. Entre los grupos más solicitados eran «Chuy Cardoza» y hasta no hace mucho los hermanos Rodríguez. 

Al mismo tiempo fueron famosos bailes en los patios de la única universidad que había la UAT, que por entonces logró la autonomía con líderes que hoy se recuerdan en Tampico y cd Victoria: eran bailes en patios, canchas y explanadas de las Facultades de Trabajo Social, Derecho, Comercio, Enfermería cuando estaba en el 21 Méndez. 

Usted mejor que yo sabe que venían grupos chingones a la Benemérita Escuela Normal Federalizads. En el Cecyt 104-hoy Cbetis24- una vez trajeron a Los Terrícolas con su Nestor y Lenni en pleno apogeo, los subieron al segundo piso de la primera planta y desde ahí romantizaron con las parejas que bailaban pegaditos y lentos en la más hermosos época de que haya memoria en cd victoria. En el contexto nacional brillaban los solitarios, grupo Indio, los Joao, los hermanos Carreón. Y no había Facebook ni Tictoc para compartir y presumir que aquella vez te volaste la barda para ver al Costa Chica. 

Todavía, parece que fue ayer, la mujer llegaba en ancas del cuadro o en la parrilla de la bicicleta búfalo de lujo del novio. Llegaban las parejas al salón abrazados desde la colonia Nacozari que era la mera orilla. Las cumbias se bailaban sueltos y había trompos bailando. 

De aquellas casas, muchas de ellas con techo de palma o lámina y paredes de tierra o madera, salía de la radio Philips o general eléctric, la música de los gorriones del topochico y de Pedro Yerena, cantaba muy bien Pedro Vargas, el tenor continental, y había un programa para los tres grandes: Javier Solis, Pedro Infante y Jorge Negrete, un programa de Cri- Cri con cuentos clásicos para niños después de Kaliman y Pofirio Cadena. Por la noche se escuchaba la XEW la voz de la América Latina desde la ciudad de México. 

Las mujeres usaban laca para el copete que les venía muy bien y vestidos de terlenca que un día fue minifalda también al estilo de Angélica Maria o de la española Marisol; ellos, también encopetados con brillantina que vendian suelta a veinte centavos, almidonaban cuellos y puños de las camisas que apretadas se fajaban dentro del pantalón de gabardina verde olivo. Se vaciaban la loción de una bota café de Avón. Estaban mamadillos pues levantaban pesas en el Estadio y todavía no se inventaban los gimnasios. 

Todo en una ciudad que solamente contaba para salir con el Parque de Tamatán, los cines Avenida y Juárez, el partido del Cuerudos que para no fallar siempre iban en el último lugar de la tabla pero aquí le quitaban lo invicto al líder general. En un descuido se iba a «La Peñita» o a dar el rol por la calle Hidalgo. 

Siento que ahí me quedé, en esa hermosa mañana, mientras Ismael, un compañero de la secundaria Industrial, canta «Espejismo» de Juanelo, aquel cantante que ahora dicen que si no tuvo más éxito fue porque estaba feo, pero uno qué iba a saber de eso.

HASTA PRONTO 

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