Por Rigoberto Hernández Guevara
Doy continuidad a este ejercicio citando con memoria de corto alcance una época gloriosa de cd Victoria.
Todo ocurrió cuando por la calle 16 Carrera Torres ya existía el estadio, el monumento al General Pedro J Méndez, la primaria del mismo nombre que por la tarde es Adalberto J Argüelles, estaba también la monumental Escuela Secundaria Técnica Industrial «Álvaro Obregón». Eran los gloriosos 60s.
Mientras que en el Patinadero marchaban los muchachos que hacían el servicio militar, y los soldados efectivos les ponían una chinga haciendo lagartijas y cargando un fusil de a deveras. Los hacían correr a paso veloz desde el cuartel ubicado en el 22 Allende, donde hoy está un museo, por toda la de Carrera Torres y en aquel entonces, siendo las mismas cuadras, estaba bien lejos.
Por las calles rifaban las bicicletas búfalo, las motocicletas Carabela y las primeras Islo, apache 175, que después supe que su fabricación era en Saltillo, Coahuila, y el nombre se debia al fabricante de nombre Isidro López Zertuche .
Poco antes de la olimpiada de 1968 llegaron las televisiones a color, unas cuantas, que sólo poseían la clase pudiente. En tiempos del cine Avenida del 17 Allende, en el 16 y 17 Bravo estuvo el periódico El Corresponsal de Don Mario Valdez, en el 16 Guerrero y Matamoros estaba El Gráfico de Don Guadalupe Diaz Jr, cuyas instalacionesbdicen un político mandó quemar. Aunque nunca se supo si fue verdad.
La carrera ciclista que organizada por la sociedad mutualista Guadalupe Mainero, era toda una tradición en la ciudad, comenzaba por el bulevar Praxedis Balboa y luego agarraba carretera. Algunos recordarán que la ciudad contaba también con un del Toro campeón de esas carreras, Benito Cardona era otro ganador que dejó las competencias luego de una caída.
A finales de los sesentas eran famosos los campos de fútbol el «Marcaná» que estaba cruzando la vía por la de Conrrado Castillo, el campo Cristo Rey en el 20 Nuevo León a un costado de la Iglesia, que dio grandes jugadores del llano, el campo de la Treviño Zapata en donde hoy es el SUTSPET.
Al norponiente de ahí, cruzando aquella todavía empedrada calle 16, había un reconocido campo de Beis bol infantil, donde fue leyenda el equipo de Pollos Quinsal y hubo muchos entrenadores que gozaron de reconocimiento social, hasta que abrieron la tienda Blanco que luego fue Astra, después Gigante, que hoy en día es Soriana verde. Todavía no existía el monumento a Don José de Escandón en cuyo derredor daba vueltas el diablo a las meritas doce del mediodía.
Antes de la existencia de la Sabritas en la ciudad, enfrente de donde vivía Don Carlos Adrián Avilés, en el 13 y 14 Bravo vendían fritos: rancheritos, papas, cacahuates y muéganos, propiedad de Don Manuel cuyo apellido no recuerdo. Ahí se surtían vendedores que luego se desplazaban por Tamatán, el estadio y Paseo Méndez y la estación del tren.
Todavía pasaba el tren de pasajeros que iba a Monterrey pasando por la Misión, Estación Cruz, Santa Engracia, Mainero, Linares y otros puntos intermedios. Al sur pasando por estación Manuel, Altamira y a Tampico. Era común que la raza de bronce viajara de mosca en los estribos o encima de los vagones.
La mayor parte de los ciudadanos se transportaba en Julias amarillas del mercado por la calle Berriozábal, pasando por la secundaria industrial a la estación del tren, rojas del mercado por la de Bravo a el parque de Tamatán. Y las azules de la loma a la Treviño Zapata.
Por aquel entonces Don «Segura» cortaba el pelo a la banda a ras del suelo, a rapa, con un chopo en la frente como el último mohicano. Cobraba un peso en su pequeño establecimiento del 20 y 21 Carrera Torres.
Dejo todavía mucha leyendas en el tintero de la escasa memoria, pero trato de recordar y mientras lo hago no logro descubrir el misterio de la trascendencia para explicar la ciudad que es esta8.
HASTA PRONTO




