18 marzo, 2026

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Desaparición de Pirasol: 16 años sin respuestas


La desaparición de 35 pasajeros en 2010 dio origen a uno de los primeros colectivos de búsqueda en Tamaulipas. A más de una década, las familias siguen exigiendo conocer la verdad
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Alfredo Peña
Expreso-La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAM.- El 17 de marzo de 2010, un autobús de turismo partió de San Luis Potosí con destino a Miguel Alemán, Tamaulipas. A bordo viajaban 35 personas, entre pasajeros y dos conductores. Nunca llegaron.

Esa fecha marcó el inicio de una pesadilla que, 16 años después, sigue sin respuestas, pero que paradójicamente dio origen a una de las luchas más valientes en la historia reciente del estado: la de las mujeres pioneras del Colectivo Pirasol.

En 2010, Tamaulipas se desangraba en una guerra sin cuartel entre grupos del crimen organizado.
La violencia detonó con una crudeza que llenó de terror a la ciudadanía.
En ese contexto, cientos de personas comenzaron a ser engullidas por una laguna de información y miedo.

Historias como la de los 35 viajeros de Pirasol, pesadillas de impotencia ante el poder de los cárteles, permanecieron ocultas durante años. La justicia aún es una deuda pendiente.

«Mi esposo no quería ir, pero lo convencieron»

Alda Nelly Cruz Balderas recuerda con precisión las últimas horas junto a su esposo, Rafael Rodríguez García.
«Ese día mi esposo me dijo que se sentía cansado y que no quería ir, pero al final de cuentas el patrón lo convenció y se fue», relata con la voz entrecortada.
Rafael, de 30 años en ese entonces, salió la noche del 16 de marzo. Al día siguiente, el autobús en el que viajaba junto a su compañero y 33 pasajeros más, se esfumó en la carretera.

La ruta tenía escalas programadas en lugares como Xilitla, donde más pasajeros abordaron. El destino final era Miguel Alemán, en la región conocida como la «frontera chica» o la Ribereña, un punto estratégico para quienes buscaban cruzar hacia Estados Unidos. Pero el autobús jamás llegó.
Alda relata que la encargada del hotel donde los esperaban fue quien dio la primera alerta.
«Dijo que el compañero de mi esposo (chofer) le había comentado que estaban detenidos por la policía».
Hasta hoy, la familia desconoce qué tipo de autoridad los interceptó en un poblado intermedio llamado Valadeces, una zona que entre 2010 y 2013 se convirtió en uno de los puntos más peligrosos de Tamaulipas, y que hasta la fecha sigue siendo disputada por células criminales.
La empresa de turismo Pirasol recuperó el camión, pero el dueño, en lugar de dar respuestas, decidió venderlo.
Poco después, el negocio desapareció y el paradero del propietario también es una incógnita.

«Nosotros fuimos los pioneros»

“Fue el primer autobús que desapareció cuando se dividieron los grupos y ambos carteles estaban reclutando gente”, recuerda Ángeles Rodríguez García, hermana de Rafael, quien se convirtió en una incansable buscadora.
Durante años, el caso permaneció en el olvido.
El miedo paralizaba a las familias.

No fue hasta 2015 que los familiares rompieron el cerco y hablaron con medios estadounidenses. Pero la lucha en el terreno ya había comenzado mucho antes.
«Entramos a la Ribereña cuando todo el mundo en Tamaulipas le tenía miedo. Cuando solicité la búsqueda, les dije que venía a buscar a mi hermano y que no había hecho ocho horas de viaje para regresar así nada más», afirma con entereza.

Su valentía la llevó a estar presente en uno de los episodios más macabros de la entidad: el hallazgo de las fosas de San Fernando.
«Llegamos y vimos los contenedores de tráileres con los cadáveres. Se veían como escurriendo sangre y agua. Las autoridades los tenían ahí, los vimos, pero a ninguno reconocimos», recuerda Ángeles.
Aunque el caso de su hermano había sucedido en Tamaulipas, también lo presentaron ante la justicia en San Luis Potosí, pero solo encontró omisiones al punto de que también le perdieron el expediente.
Fue entonces cuando, al acudir a instancias de Derechos Humanos, les sugirieron formar un colectivo.
«Al principio reclamábamos: ¿cómo es posible que tengamos que organizarnos para exigir justicia? Aquí se habla de vidas», expresó.
Sin embargo, al dar ese paso, estas mujeres sentaron las bases para la búsqueda de personas desaparecidas en Tamaulipas.
«Como quien dice, nosotros fuimos los pioneros. Ya después, otros grupos de madres de familia se unieron, se llenaron de valentía», subraya Ángeles, destacando el papel fundamental de las mujeres en esta lucha.

Una búsqueda entre la esperanza y el terror

Las hijas de Rafael tenían 7 y 11 años cuando su padre desapareció.
«No pierdo la esperanza de encontrarlos. Me hace falta mi padre, me hace falta un abrazo o un consejo» dijo una de ellas.
Ángeles y Alda han sacrificado todo por mantener viva la búsqueda.
Han vendido terrenos y joyas para costear los recorridos.
Han explorado los lugares más peligrosos del estado: la Ribereña, San Fernando, Matamoros, Reynosa, Ciudad Mante y Xicoténcatl. «La Ribereña, comparada con otros lugares, es ‘pan comido'», ironiza Ángeles para describir el nivel de riesgo al que se enfrentan.
Desde 2019, un hallazgo las mantiene en vilo.

Cerca de una presa en los límites de Miguel Alemán, encontraron un punto donde presumen que los delincuentes realizaron un «vaciadero». La ruta de investigación las llevó hasta ahí.
Hoy, el colectivo cuenta con el apoyo de la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas y del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
«Hemos tenido a delincuentes a menos de una hectárea, pero quienes nos cuidan nos dan confianza. Si hay una reacción, ellos repelen», señala Ángeles, evidenciando los peligros que aún enfrentan en su labor.

La verdad por encima de la justicia

Las denuncias de los familiares apuntan, una vez más, a la participación de autoridades.
Ángeles asegura que tuvieron conocimiento de un operativo donde un grupo de soldados habría privado de la libertad a personas para después entregarlas a grupos criminales.

Mientras tanto, las cifras de desaparecidos en Tamaulipas se han disparado.
«Cuando se presentaron las denuncias, pasaron de 3 mil a 11 mil, y tal vez pueden existir más», lamenta Ángela. Cada número es una historia de impotencia, un hogar roto.
Tras 16 años de peregrinar, la exigencia de la familia Rodríguez ha mutado.
«Ya no pido justicia. Yo creo que lo que quiero es saber la verdad: ¿qué fue lo que pasó?», cuestionó Ángeles.

Los 35 viajeros de Pirasol emprendieron su viaje buscando un futuro mejor.
Sabían de los peligros, pero se animaron.
Hoy, sus familias continúan el trayecto más difícil: el de la esperanza sin certezas.
Un viaje que, como aquel autobús, aún no encuentra retorno.

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