El expresidente Andrés Manuel López Obrador quedó enredado en sus propias palabras con su mensaje de apoyo a la Cuba de Fidel Castro y la invocación a la solidaridad del presidente Lázaro Cárdenas en abril de 1961 cuando la CIA operó el intento de invasión de contrarrevolucionarios por Bahía de Cochinos/Playa Girón.
En efecto, el expresidente Cárdenas se quiso movilizar físicamente para participar como soldado en la defensa de Cuba y lo hizo por convicción ideológica. Pero 27 años después, el Fidel Castro de Playa Girón traicionó la memoria del general Cárdenas al asistir a la ceremonia de entronización presidencial de Carlos Salinas de Gortari, quien se había adjudicado las elecciones presidenciales de julio de 1988 a través de un fraude electoral nada menos que contra el candidato disidente Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo el expresidente Cárdenas.
En aquel diciembre de 1988, Fidel Castro hizo una machincuepa ideológica-política-circense para señalar que el líder de las guerrillas de Sierra maestra se había quedado en La Habana y que en la ceremonia del Palacio Legislativo de México estaba el jefe del Estado cubano con traje de calle.
Y llama la atención la falta de memoria de López Obrador porque en 1988 él había estado al lado de Cárdenas en el Frente Democrático Nacional y el fraude del PRI lo alcanzó para derrotarlo en la competencia por la gubernatura de Tabasco.
Pero la historia política da muchas vueltas: casi tres lustros después, el primer presidente de oposición en México, el panista Vicente Fox Quesada, le dio al comandante-jefe de Estado-guerrillero histórico-figura mundial Fidel Castro el trato de político tercermundista al invitarlo en 2002 a una Cumbre Iberoamericana donde estaría el presidente estadounidense George Bush Jr. pero limitó su presencia: después de la ceremonia y por favor sin causarle molestias al invitado especial de EU, “comes y te vas”. Ahí quedó enterrado en México el cadáver político del legendario Fidel Castro.
El mensaje del presidente emérito López Obrador como encargado –se supone– de ejercer la política exterior de México que le corresponde sólo a la presidenta de la República en funciones y con la participación institucional del Senado invocó la supremacía política e ideológica de la Cuba de Fidel y Raúl Castro casi como guía ideológica de los mexicanos, porque el expresidente no habló a título personal ni como autoridad política máxima de Morena, sino que lo hizo en nombre nada menos que del expresidente Cárdenas.
Cuba y Fidel Castro fueron históricamente desdeñosos con el México priista, a pesar de que el presidente López Mateos se negó a romper relaciones diplomáticas con La Habana por orden Estados Unidos a través de la OEA como su Departamento de Colonias, pero 1962 a 1970 el gobierno castrista financió, cobijó y entrenó a la guerrilla mexicana que quería derrocar precisamente al PRI del poder.
Echeverría y López Portillo, forjados en el pensamiento político del PRI, protegieron a Fidel Castro y siempre recibieron del comandante histórico gestos de desdén. La única izquierda –por llamarle de algún modo– mexicana que apoyó a Castro fue la del nacionalismo revolucionario del PRI, aunque como ejemplo de un cargo de conciencia de los priistas que tuvieron que avalar la derechización del partido y se aferraron a Cuba como coartada ideológica. Por ello, la priista ya sin ideología Beatriz Paredes Rangel se atrevió a decir ahora que Cuba es un asunto de política interior de México, lo cual demostró su falta de capacidad teórica para razonar lo que es la política interior y en todos casos sólo porque fue embajadora de México en Cuba como posición burocrática.
Fidel Castro no solo traicionó la memoria del general Cárdenas ni los compromisos de solidaridad con la verdadera izquierda socialista-comunista de México –la del Partido Comunista Mexicano que por cierto siempre miró con desdén a Castro por acomodaticio ideológico y su subordinación a Moscú– cuando contribuyó a la entronización al poder de Carlos Salinas de Gortari en diciembre de 1988. Años después, sin rubor, Raúl Castro le entregó a doña Amalia Solórzano de Cárdenas la medalla póstuma para el general Cárdenas, en un acto de hipocresía política e ideológica porque a muchos mexicanos nunca se les olvidó cuando el comandante Fidel Castro Ruz simbólicamente le puso la banda presidencial al Salinas del fraude de 1988.
Queda por aclarar qué quiso decir el presidente emérito López Obrador con su frase de los “ideales de libertad” de la Cuba de Fidel Castro, cuando sobran testimonios, evidencias, fusilados, exiliados y tumbas de cubanos que enfrentaron la dictadura del comandante Fidel y perdieron la partida, y sobre todo cuando las cárceles cubanas están llenas de presos por ideas políticas, a veces más radicales que las comunistas y a veces también muy conservadoras, pero testimoniales de que en Cuba no existe libertad de pensar, de escribir, de manifestarse.
Por orden el Palacio de Invierno de Palenque, todos los funcionarios municipales, estatales y federales están siendo obligados a dar su moche obligatorio al fondo para la Cuba de Castro.
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Política para dummies: la política es el “ya sé quién eres, te he estado observando” de José Agustín.
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