31 marzo, 2026

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CATALEJOS / MIGUEL DOMINGUEZ FLORES

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Energía, narrativa y poder

POR: MIGUEL DOMINGUEZ FLORES

La conmemoración del aniversario de la Expropiación Petrolera volvió a cumplir su función central: ser un punto de articulación política del discurso energético del gobierno federal. No es un acto meramente simbólico. Es, en realidad, un espacio donde se fija la narrativa sobre el rumbo económico del país y se definen prioridades que trascienden lo técnico.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo utilizó ese escenario para reiterar dos líneas que han sido constantes desde el inicio de su administración: el fortalecimiento de Petróleos Mexicanos y de Comisión Federal de Electricidad, y la defensa de la soberanía energética como eje rector. No hay matices en ese planteamiento. La apuesta es clara: consolidar el papel del Estado como actor dominante en el sector.
En ese contexto, se confirma que Tamaulipas es una entidad estratégica en la geografía energética nacional: concentra infraestructura clave, conecta con mercados internacionales y participa en la dinámica de hidrocarburos tanto en producción como en logística. Su alineación con la política energética federal implica, en términos prácticos, una continuidad en la ruta trazada desde el centro.
El mensaje presidencial incorpora un elemento adicional: la institucionalización del análisis estratégico a través de la comisión que encabezará Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. La creación de este órgano sugiere la intención de dotar de soporte técnico a decisiones que, en los últimos años, han sido cuestionadas por su viabilidad financiera o ambiental. Sin embargo, su eficacia dependerá de su capacidad real de incidir en la toma de decisiones, no solo de emitir recomendaciones.
El gobierno insiste en que la autosuficiencia energética es alcanzable bajo control estatal, incluso en un entorno internacional marcado por volatilidad y transición hacia energías limpias.
El acto también deja ver otra constante: la construcción de legitimidad a partir de referentes históricos. La evocación de 1938 no es casual. Funciona como ancla simbólica para justificar decisiones presentes y para reforzar la idea de que el control estatal de la energía es una condición de soberanía.
En ese marco, la política energética se mantiene como uno de los pilares del proyecto de gobierno. No solo por su impacto económico, sino por su capacidad de articular discurso, identidad y poder.

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