Por. Miguel Domínguez Flores
No fue azarosa la elección del tema con el que el gobernador cerró su mensaje en el Polyforum.
Acaso por el clima político que padeció durante el proceso electoral previo a ganar la gubernatura, las reflexiones sobre la verdad y la mentira, han sido un tópico recurrente en sus discursos.
Para el de ayer, escogió palabras más duras.
Cuando llamó a los tamaulipecos a cerrar filas contra “quienes pretenden de vuelta llegar a sus privilegios”, advirtió sobre el método que buscan emplear.
Pretenden, dijo “que el tribunal impostor de las redes sociales, que desde el anonimato y las noticias falsas abran de nuevo el espacio a las oligarquías que ya venció nuestro movimiento”.
Esos antagonistas de la Cuarta Transformación, acusó, “se refugian aún en la mentira, la manipulación, en el espejismo de las pantallas, en el espacio digital de la infocracia; y que son a todas luces enemigos hostiles de la verdad, el derecho, la igualdad y la prosperidad compartida”.
El llamado del gobernador llega justo cuando se ha rebasado ya la mitad de su sexenio y se acerca en el horizonte el proceso electoral intermedio que enfrentará en el 2027.
Prueba complicada si las hay, que ha causado muchos dolores de cabeza a sus antecesores.
Su diagnóstico apunta a una guerra de lodo en las redes sociales que cada vez se hace más evidente, y que no respeta código moral alguno.
En la era de la posverdad, Américo Villarreal apuesta contra la corriente.
De hecho, en el mensaje de su tercer informe, ya se había referido al tema, cuando invitó a la ciudadanía “a comprender que la verdad no es un constructo individual, sino que es una construcción colectiva, que es además un valor superior que no debe subestimarse o darse por sentado, ante la banalidad de su opuesto que es la mentira”.
Y hace unos cuantos meses, en la conmemoración del día del periodista, escapó a los eufemismos, y habló con claridad a los informadores:
«El periodismo debe ejercerse desde la responsabilidad, dando la cara… sin el anonimato que generalmente es cobarde y esconde intereses. No pondero ni valoro una nota de redes sociales que no sé quién la escribió. No la puedo interactuar ni asimilar para mover el rumbo de una brújula de una función de gobierno. No hay quien la respalde, un editorial que no se firma no tiene peso».
En tiempos donde la mentira está normalizada, lo que plantea el gobernador ya es un posicionamiento personal que empieza a definir los códigos y la narrativa de su sexenio.
No se puede construir un proyecto de transformación sobre el ruido, sino sobre certezas.
Aunque muchas veces pase desapercibida, ahí está la verdadera disputa política.




