Por Carlos Ramírez
A 32 años de distancia del asesinato en Lomas Taurinas, hoy podemos ya afirmar el certificado de muerte civil y política de Luis Donaldo Colosio Murrieta. La exigencia de Luis Donaldo Colosio Riojas de pedir la liberación del asesino confeso Mario Aburto Martínez no es más que la última paletada al significado político que tuvo durante muy poco tiempo el candidato presidencial sonorense sacrificado en 1994.
El mensaje explícito de Colosio Riojas está mucho más claro que las confusiones políticas que rodearon el magnicidio en Lomas Taurinas: dar por enterrada la figura y el significado político de Colosio Murrieta para que el júnior pueda caminar su carrera política hacia la presidencia de la República sin tener que estar arrastrando el féretro del candidato que abrió un espacio muy importante aunque muy breve a la posibilidad de romper con la ilusión del neoliberalismo salinista de Pronasol y de acordar con Manuel Camacho Solís la reforma democrática del poder.
Colosio no le importa ya a priistas, ni a colosistas, ni a quienes tibiamente jalaron el discurso de Colosio el 6 de marzo en la temática de terminar con el perverso ciclo de presidencialismo autoritario que fundó el PRI con el sonorense Álvaro Obregón en 1920-1928 y que consolidaron Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas del Río, Miguel Alemán Valdés, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, y menos interesa el mensaje del candidato sacrificado al júnior quiere deslindarse de la agenda de su padre.
Ahora sí, a partir del pasado lunes 23 de marzo, Colosio pasó a otra vida, no la mejor, pero ya no la que le había abierto los resquicios dio un discurso político alentador en su momento frente al absolutismo autoritario de Carlos Salinas de Gortari y para abandonar los senderos del neoliberalismo económico que con la complicidad de los presidentes Zedillo hasta los de la actual 4T siguen sacrificando el bienestar real de los marginados.
Los en su momento seguidores de Colosio –amigos, priistas y familiares– tuvieron la responsabilidad histórica de catapultar el crimen político en Lomas Taurinas para consolidar las ideas políticas de Colosio, proyectar sus propuestas de reforma del poder y sobre todo impedir que se le diera varios carpetazos al asesinato que desde cualquier punto de vista representó el magnicidio del 23 de marzo de 1994, pero ahora ya no quieren.
El responsable más comprometido con la memoria del candidato Colosio era su hijo Luis Donaldo Colosio Riojas, pero hoy aparece como el más interesado en exigir que ya dejen de molestar con Colosio, que liberen al asesino atrapado con la pistola humeante en las manos y que finalmente le den al expediente la condición de sobreseído para que ni siquiera pueda ser rescatado por la historia política de México que cambió en una colonia popular a donde el candidato fue llevado y colocado en una trampa.
El presidente Salinas de Gortari, el presidente Zedillo y el presidente Peña Nieto –todos ellos del PRI que ungió a Colosio y luego lo abandonó en Lomas taurinas– y los presidentes opositores Fox, Calderón, López Obrador y Sheinbaum fueron los más interesados en abandonar el caso Colosio en las gavetas de las fiscalías judiciales y en encerrar a Aburto Martínez en celdas olvidadas y con las llaves extraviadas.
Aburto no es/no fue un loquito ni un asesino solitario. Acicateado por alguien, Aburto llegó al mitin de Lomas Taurinas con la intención de agredir al candidato Colosio, llevaba al cinto la pistola con balas disponibles, esperó que terminara el mitin, de manera fácil o difícil avanzó entre el mar de gente para colocarse al lado derecho de Colosio, sacó la pistola y la colocó en la sien de la víctima, y todo lo que indica un proceso criminal imposible de ocultar.
Los priistas, los amigos y los familiares de Colosio tenían la obligación no solo moral sino política de llevar otra investigación hasta sus últimas consecuencias, pero hoy el hijo Colosio Riojas ya no quiere que sigan con la cantaleta de Aburto, ha solicitado su liberación antes de terminar la pena de su sentencia y desea que el asesino de su padre se vaya exiliado del país para quitarle de encima la monserga del cadáver de su padre porque todo indica que Luis Donaldo Colosio Murrieta está frenando la carrera política sistémica –del sistema priista que quiso cambiar el candidato y el crimen le impidió lograr sus objetivos– del júnior, aunque el camino más fácil sería el de cambiarse el nombre para que sus ambiciones personales en un partido que nació del vientre del PRI –MC– no se vean contaminadas con la sombra de su padre que lleva como apellido.
Por ello se debe de publicar ya una esquela fechada el 23 de marzo de 2026 para anunciar la muerte definitiva del político Luis Donaldo Colosio Murrieta. Y que descanse en la paz de los sepulcros y no en la paz de una propuesta de reforma del régimen priista que Colosio no pudo llevar a la práctica.
-0-
Política para dummies: la política da, la política quita. Y que los muertos entierren a los muertos (Lucas 9:60) y los vivos se queden en el reino de su dios.
carlosramirezh@elindependiente.mx
http://elindependiente.mx
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.




