Por. Angélica González
En México se suele pensar que “salir adelante” depende solo de trabajar más o estudiar más. Y, si es importante considerarlo, no obstante, hay un factor silencioso que en muchas ocasiones decide qué tan lejos puede llegar una familia con sus ingresos: la inclusión financiera.
Hablar de inclusión financiera significa que un individuo tiene acceso y usa recursos formales bancarios, como cuentas, ahorro, crédito o seguros, las cuales son herramientas que ayudan a resolver el día a día, cumplir metas y/o resistir emergencias.
El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) acaba de publicar su Informe de movilidad social en México 2025: la ruta hacia la inclusión financiera, donde abordar esta situación. Lo primero que es importante recordar es que en México la movilidad social es baja, ya que 50 de cada 100 personas que nacen en el grupo con menos recursos no logra superar el mismo en la adultez.
Y, aunque la educación debería ser el motor para cambiar el destino de un individuo, la realidad es que la inclusión financiera sí está asociada con mejores posibilidades de “subir peldaños”. Por ejemplo, de acuerdo con el CEEY las personas que nacieron en grupos con menos recursos economicas tienen 3.25 veces más probabilidades de alcanzar la posición más alta de recursos económicos, en comparación con aquellas personas cuyos padres no contaron con productos financieros.
Dicho de otra forma, esto muestra que no solo se trata de cuánto ganas, sino de con qué herramientas se administra, protege y multiplica lo que se gana. Es decir, imagina dos familias con ingresos parecidos. La primera cobra en efectivo, ahorra debajo del colchón y cuando surge una emergencia médica pide prestado caro o vende algo. La segunda recibe su ingreso en una cuenta, guarda un porcentaje en ahorro formal y tiene algún seguro o acceso a crédito con reglas claras.
En este ejemplo se muestra a una familia preparada, que tiene amortiguadores. De esto se trata la movilidad en una versión simple, de poder enfrentar un imprevisto sin atentar contra la seguridad familiar.
Ahora bien, al abordar lo que sucede en Tamaulipas, las cosas parecen ser un poco mejor, pero sin ser una garantía. Las cifras que muestra el informe mencionan que, en la región norte, donde se ubica el estado, alrededor del 70 por ciento de la población tiene inclusión financiera.
Esto sugiere que, por ubicación geográfica, muchas familias tamaulipecas tienen más cercanía a servicios financieros, empleo formal y oferta bancaria. Pero, todavía hay hogares que siguen operando solo con efectivo, sin historial, sin ahorro formal y sin protección; por lo que, en caso de un imprevisto el golpe al bolsillo será más fuerte.
Este informe demuestra que no se trata solo de educar conceptos financieros, sino de dotar de capacidades a los integrantes de un hogar, ya que para los más pequeños aprender por imitación sobre cómo se ahorra, si se usa un banco, si se planea o se sobrevive, son prácticas que se relacionan positivamente con la inclusión financiera.
Recuerda que, una forma efectiva de iniciar con la inclusión desde casa es empezar a utilizar cuentas, para ahorrar o gastar; además, identifica cuáles son los riesgos más probables de tu hogar y empieza a protegerte, ya sea con un fondo de emergencia o un seguro básico.
Estas pequeñas acciones ayudará a que los integrantes del hogar cuenten con herramientas financieras, puesto que éstas le permitirán cambiar en trayecto de una familia a lo largo de generaciones.




