Por José Luis Rodríguez Castro
Expreso-La Razón
CIUDAD MADERO, TAM.- Cae la tarde y la música repiquetea el oído a la distancia.
“¡Ay, mi Yaquesita, no me dejes de querer, que en la arena y bajo el cielo yo te vuelvo a ver!… ¡Ay, mi Yaquesita!”
La surada se siente con más fuerza poco antes de las seis de la tarde.
Los vendedores comienzan a moverse entre la arena tras finalizar la jornada, o apuran la venta de sus últimos productos.
Rostros rojizos, espaldas bronceadas, cuerpos que se contonean aún entre las olas, mientras el sol se despide entre el pinar.
Es lunes de Semana Santa y parece un domingo cualquiera por la enorme cantidad de turistas.
Las aves revolotean sobre la muchedumbre que descansa sobre la arena, en busca de apropiarse de algo de comida.
Los músicos ofrecen su repertorio con fragmentos de canciones que animan el ambiente. Los cuerpos se contonean sobre la arena, con bebidas en mano, al ritmo de la música.
Numerosas familias de Guanajuato, Estado de México, Hidalgo y de otros municipios de Tamaulipas encuentran el sitio ideal para disfrutar de un merecido descanso.
Es lunes, primer lunes de Semana Santa, y playa Miramar revive tras semanas de otoño e invierno que obligaron a guardar las sombrillas y resguardar las sillas de madera.
“¿Pues qué les vendo?”, dice un comerciante de frutas que abandona el lugar con el carrito semivacío.
El sol se abre paso entre el pinar antes de esconderse por completo, mientras comienza a asomarse la luna llena sobre las escolleras.
Playa Miramar revive en 2026.
La música acompaña la salida de los paseantes.
La tarde se disuelve entre acordes y pasos que se alejan lentamente sobre la arena.
La noche abre la posibilidad para otras historias.
Porque mañana, apenas el sol vuelva a tocar la arena, miles de historias comenzarán otra vez.
“Se casó el huitlacoche,
con una urraca parda…”
¡Ay, ay, ay… ay, ay, ay! 🎶




