7 abril, 2026

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El espectro invisible

En Tamaulipas hay entre 8,000 y 10,000 menores con autismo y el estado no puede confirmarlo porque nunca ha hecho un censo
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POR NORA M GARCIA RODRIGUEZ
Expreso – La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAM.,- Cuando a Isabel le dijeron que Bastian, su bebé de cuatro meses, no gesticulaba ni fijaba la mirada, el pediatra la tranquilizó: era temprano, habría que esperar; esperó, y a los seis meses el niño dejó de hacer cosas que ya hacía; esperó más, y cerca de los dos años llegó un diagnóstico que no fue el correcto; esperó de nuevo, y el primero de noviembre de 2025, Bastian a punto de cumplir tres años, llegó el diagnóstico final: Trastorno del Espectro Autista grado 2, apoyo sustancial, lo que en el lenguaje de una familia significa terapias que cuestan lo que la mayoría no gana, escuelas que no saben responder y un sistema de salud que deriva pero no resuelve; el mismo itinerario que repiten, con distintos nombres y municipios, miles de familias en Tamaulipas, donde el autismo es una condición que el Estado tarda en ver, tarda en nombrar y tarda en atender.

El caso de Isabel ocurrió fuera del estado, pero la geometría del problema es idéntica aquí: México tiene un solo estudio de prevalencia, realizado en 2016 en León, Guanajuato, que identificó 1 de cada 115 niños con TEA; ese dato tiene casi una década, fue generado en una sola ciudad y sigue siendo la referencia con la que el Estado diseña (o evade diseñar) política pública para millones de personas, mientras Tamaulipas no tiene censo propio y no puede decir con precisión cuántos niños con autismo tiene ni cuántos están fuera de cualquier sistema de atención.

La OMS estima que 1 de cada 160 niños en el mundo tiene Trastorno del Espectro Autista (TEA), mientras que en EE.UU. la cifra es de 1 de cada 36, según el CDC 2023, un incremento del 384% desde 2000. En México, no hay un estudio nacional representativo. En Tamaulipas, se proyectan entre 8,000 y 10,000 menores con autismo, pero el sistema de educación especial atiende a 23,800 alumnos con 1,501 docentes. El diagnóstico privado cuesta $7,000 y la terapia $10,000 mensuales, inalcanzable para hogares con ingreso promedio de $8,000. Esto significa que solo quienes pueden pagarlo acceden a atención, mientras que los demás lo esperan o no lo atienden, evidenciando una desigualdad crítica en el acceso a servicios para personas con autismo.

Tamaulipas cumplió con la Ley General para la Atención y Protección a Personas con la Condición del Espectro Autista de 2015, promulgando su propia norma en 2017. Sin embargo, la Comisión Interinstitucional Estatal prevista en la ley no produjo políticas efectivas durante casi una década, lo que resultó en un rezago significativo.

La 66ª Legislatura procesó el rezago y reformó el artículo 3 de la ley para incorporar definiciones actualizadas. Además, se dictaminó por unanimidad la reforma al artículo 10 BIS en abril de 2025. El diputado Alberto Moctezuma Castillo presentó una iniciativa para modificar la Ley de Educación e incorporar un numeral específico sobre TEA, destacando que el derecho a la educación se vuelve letra muerta sin protocolos, psicólogos y personal formado para acompañar a niños con autismo.
La corrección llega tarde para quienes entre 2017 y 2025 buscaron apoyo y encontraron puertas cerradas. La reforma busca abordar el rezago y mejorar la atención a personas con autismo en Tamaulipas, pero es importante que se implementen políticas efectivas y se rindan cuentas para garantizar el cumplimiento de la ley.
Las familias visitan en promedio cinco profesionales y reciben entre dos y diez diagnósticos distintos antes de llegar al TEA; en Tamaulipas ese peregrinaje se prolonga cuando se vive fuera de Ciudad Victoria y hay que cruzar 100, 150 o 200 kilómetros al único centro público con capacidad de evaluación formal; por cada niña diagnosticada hay cuatro niños, proporción que encubre un problema mayor: el autismo femenino está sistemáticamente subdiagnosticado porque las niñas desarrollan mecanismos de camuflaje social: copian reglas de interacción, simulan empatía, parecen adaptadas con un costo silencioso de ansiedad crónica y crisis de salud mental en la adolescencia.

El CATAM no publica datos desagregados por sexo, lo que impide saber si esa brecha se reproduce en la capital; detrás de cada cifra oficial hay un número invisible de niñas que el sistema no encontró porque no buscaba lo que ellas mostraban; ese duelo, decía el especialista Estavillo en la presentación del CATAM, lo procesa cada familia sola, porque las redes entre padres —grupos de mensajería, salas de espera, pasillos de los CAM, son autoorganización ciudadana ante la ausencia del Estado, no política pública.

El autismo fue descrito por Leo Kanner en 1943, pero fue hasta 2013 que se unificó bajo el concepto de espectro en el DSM-5. En México, el avance tardó en política, y el primer estudio de prevalencia nacional se realizó en 2016. Tamaulipas fue pionero con el CATAM, primer centro público escolarizado dedicado al autismo en México, reflejando voluntad, pero también la tardanza y excepcionalidad del apoyo.

CIUDAD VICTORIA: EL ESPECTRO EN LA CAPITAL

En la calle Flores Magón 195, colonia Doctores, a diez minutos del palacio de gobierno, está el edificio que parece un juguete de bloques apilados con lógica: cubos de distintas alturas, fachadas de rojo, azul y amarillo que evocan desde cierto ángulo un trenecito, desde otro un barco, desde otro un avión de papel; no es capricho estético sino decisión clínica, porque para un niño con hipersensibilidad sensorial el entorno no es decorado sino parte del tratamiento: tecnología acústica que aísla el ruido exterior, iluminación ajustable en tres ambientes, jardín terapéutico de texturas naturales, señalética reconocible para orientarse sin depender del lenguaje verbal; el edificio ganó el primer lugar en Interiorismo con Impacto Social, reconocimiento que aquí no es simbólico: la arquitectura es terapia.

El Centro de Atención y Terapia del Autismo (CATAM) en Tamaulipas atiende niños de 2 a 8 años con una Prueba Única de Diagnóstico Efectivo y el método Tomatis de estimulación auditiva. Fue desarrollado con la UAT, el Centro de Autismo Teletón y la SET, y ha capacitado a 70 docentes, 20 maestros sombra, 25 maestros de las Casas del Arte y 15 instructores del Instituto del Deporte.

A pesar de los esfuerzos, el CATAM enfrenta limitaciones estructurales, como su ubicación en Ciudad Victoria, dejando a 42 municipios sin acceso directo. Además, la falta de incorporación de profesionales de educación especial es un problema, con 60 graduados esperando nombramiento y plaza.
El sistema de educación especial en Tamaulipas tiene aulas, ley y un CATAM premiado, pero carece de personal suficiente para conectar las piezas y brindar atención adecuada a los niños con autismo. Esto convierte el proceso de atención en un «peregrinaje permanente» para las familias, como el de Isabel, que buscan apoyo para sus hijos.

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