La guerra que debió ser de pega y corre, con una rápida victoria, no solo continúa y se profundiza tras más de cinco semanas sino que acaba de dar un giro mediático de gran importancia. Tras de que Trump anunció una victoria total sobre Irán, en la que habría arrasado con su marina, su aviación, su sistema de radares y sus misiles, resulta que el país supuestamente derrotado derribó dos aviones militares norteamericanos. Algo extremadamente raro que no le había ocurrido a Estados Unidos en más de 20 años. Que Irán pudiera derribar esas aeronaves desmiente que se encuentre derrotado.
Destaca la caída de un avión de combate F-15, de los que cuestan algo más de 100 millones de dólares cada uno. Fuerzas iranies lo derribaron y sus dos tripulantes se eyectaron antes de que se estrellara. Esta manera de escapar de un avión dañado, en pleno vuelo, es una operación de alto riesgo que puede causar un trauma considerable e incluso la muerte al tripulante.
No obstante, uno de los dos tripulantes fue encontrado y rescatado, mientras que del segundo se desconoce su suerte. Cuando menos hasta el momento de escribir esta nota. Las fotos de los restos del avión publicadas por los medios iranies hacen suponer que el segundo tripulante tampoco falleció y eso abre la posibilidad de que se encuentre oculto, tal vez malherido. O que en este momento ya haya sido rescatado o sea prisionero. Irán ofreció un rescate generoso a quien lo hiciera prisionero y lo presentara con vida. Esto último es muy importante; un mensaje a la población del área de que no debe ser dañado.
Si la demostración de la capacidad iraní para derribar una aeronave de muy avanzada tecnología es importante, lo es aún más la importancia mediática de la perspectiva humana, el rescate de un tripulante y, sobre todo, la incógnita de lo ocurrido con el otro. Es una información seguida por la enorme mayoría de la población de los Estados Unidos y buena parte de la de todo el mundo. Lo que ocurra con ese tripulante impactará a la opinión pública y la evolución del conflicto.
El rescate de uno de los tripulantes fue una acción de alto riesgo pero también inevitable desde una perspectiva mediática y de honor militar. En esa operación un helicóptero Blackhawk fue dañado y un tripulante herido pero logró regresar a su base. Rescatar al segundo tripulante es un intento de mayor riesgo pero la opinión pública norteamericana no perdonaría que fuera simplemente abandonado. La suerte de este segundo tripulante, rescatarlo o atraparlo con vida, se juega en una desesperada carrera por ambos bandos; el que lo consiga obtendrá una gran victoria.
Un antecedente interesante es la declaración del secretario de guerra norteamericano Pete Hegseth que esta es una guerra sin cuartel y sin piedad. Entre los analistas militares esto se interpreta como la instrucción de no hacer prisioneros, es decir matar sin piedad a los que se rindan. Hegseth se presenta como un macho alfa, ejercitado y en buena condición física que alguna vez convocó a los generales de más alto rango, a los que hizo venir a las cerca de 900 bases militares que tiene Estados Unidos en todo el mundo, para instruirlos a hacer ejercicio y no permitir gordos en el ejército.
Hegseth inicia las sesiones en que dará instrucciones militares con oraciones cristianas, son eventos religiosos que el mismo preside donde pide la ayuda divina para obtener victorias en las guerras sin cuartel, ilegales desde la perspectiva de los tratados aprobados por el congreso norteamericano. Un día después de que dijo que no habría piedad con el enemigo el Papa León XIV, norteamericano de origen, declaró que Dios no escucha las oraciones de los que hacen la guerra y tienen las manos manchadas de sangre. Lo que fue ampliamente interpretado como respuesta a Hegseth.
Recientemente Hegseth impidió el ascenso a generales de dos mujeres y dos hombres negros; algo inusitado en la historia de la milicia. A media semana despidió de manera fulminante al Jefe de Personal del Ejercito, el militar del más alto rango posible dentro del ejército norteamericano. No explicó el motivo de obligarlo a retirarse y se especula que fue por el tema de los ascensos o por asuntos de mucho mayor envergadura que podrían ser diferencias en cuanto a los ataques ilegales a instalaciones civiles o la negativa del general a una invasión por tierra a islas iranies que tendría resultados desastrosos.
Al mismo tiempo Hegseth despidió a otros militares de alto rango, entre ellos el jefe de los servicios religiosos dentro del ejército, que comanda a los ministros de diversos cultos que forman parte de los militares y se encargan de su conducción moral. El comportamiento de Hegseth se interpreta como parte del supremacismo blanco cristiano evangélico y hace del secretario de guerra un adalid religioso. Sobre esto conviene recordar que de vez en cuando y de manera no muy difundida, lideres evangélicos blancos tienen ceremonias de oración en la Casa Blanca en torno a Donald Trump en las que se sostiene que haberse salvado de la bala que le hirió la oreja, fue un milagro que hace de Trump una especie de mesías.
Es decir que en la guerra contra Irán se enfrentan tres corrientes religiosas; el cristianismo evangélico sionista; el judaísmo sionista, ambos centrados en el antiguo testamento y poco en el nuevo que enfrentan al islamismo. Una guerra en la que se confrontan motivaciones religiosas es muy difícil de detener.
Al interior de Estados Unidos los que profesan otras religiones, por ejemplo los cerca de 4 millones de musulmanes, se empiezan a sentir como ciudadanos de segunda, incluso en riesgo ante una agenda supremacista blanca cristiana que parece haber tomado el control de su gobierno.
Cabe añadir otra mala noticia para Trump. Irán acaba de dejar pasar por el estrecho de Ormuz a un carguero francés. Posiblemente debido a una negociación entre Francia e Irán, o como simple respuesta a la fuerte crítica del presidente de Francia, Macron, a las declaraciones contradictorias de Donald Trump.
En el plano interno Trump declaró abiertamente que el costo de la guerra hace que ya no sea posible financiar los programas sociales, en particular médicos y de alimentación. Estos son vitales para el bienestar y la vida de docenas de millones de norteamericanos pero para su presidente lo más importante es multiplicar el presupuesto militar y solventar una guerra que cuesta más de mil millones de dólares diarios y que requerirá reabastecer su arsenal militar con equipos muy caros producidos por el sector privado. Aquí habría que apuntar que en este conflicto las empresas petroleras y de armamento tienen enormes ganancias.
Trump pierde una triple batalla: Irán no está derrotado y regula el paso por el estrecho de Ormuz en favor de los que no son sus enemigos y le pagan peaje en moneda china. A nivel global sus supuestos aliados no lo apoyan y empiezan a ejercer una diplomacia independiente. Dentro de los Estados Unidos se desprestigia y pierde soporte político al punto de que se apunta una fuerte derrota en las elecciones legislativas de noviembre próximo.




