POR. DANIEL VÁZQUEZ
Correcaminos está hoy más cerca del fracaso que de la gloria. A pesar del cambio de directiva, del esfuerzo por traer un cuerpo técnico con experiencia y jugadores en un mercado invernal complicado, el equipo naranja no responde; no responde a lo que esperaba la afición, tampoco a lo que proyectábamos desde los medios y, sobre todo, no responde a lo que su propio entrenador prometió.
Porque sí, vale la pena volver atrás, a diciembre de 2025, a las palabras de Gustavo Díaz en entrevista con el periodista Darío Vera, del medio digital Expresión, además de otras intervenciones en conferencias de prensa:
“De parte mía y de nuestro Cuerpo Técnico quédense tranquilos, que la gente vuelva a creer en este equipo. A medida que el torneo vaya corriendo el equipo se irá haciendo más fuerte; llegar fuerte a la recta final y calificar. Que el equipo sea muy competitivo, ir al frente, ser un equipo agresivo, dominar los partidos, que sepa el rival que nosotros vamos a ir a buscar el partido; queremos poner al club en el lugar donde tiene que estar. Cuando paguen el boleto van a disfrutar de un equipo que va a querer ganar y que va a buscar el resultado”.
Fueron promesas claras y mensajes directos que terminaron por ilusionar a una afición necesitada de resultados, pero hoy la realidad es distinta, porque más allá del discurso, el equipo no ha logrado sostener ni en funcionamiento ni en resultados aquello que se planteó desde un inicio.
El sudamericano habló de calificar, de pelear arriba, de ser protagonista y, aunque matemáticamente aún hay posibilidades, la realidad indica que Correcaminos necesita ganar sus últimos partidos y depender de otros resultados, por lo que está más cerca de quedarse fuera que de cumplir ese objetivo. En cuanto al fútbol vistoso, ese que también formaba parte del discurso, prácticamente no ha existido; apenas algunos destellos, lapsos de 10 o 15 minutos en ciertos encuentros donde el equipo mostró algo distinto, pero nunca una identidad clara ni sostenida, más bien han sido individualidades las que han maquillado ciertos momentos del torneo.
También han existido explicaciones, como la falta de refuerzos específicos, el poco tiempo de trabajo o lo corto de la pretemporada, argumentos que pueden ser válidos, pero que han sido constantes, y ahí es donde aparece el punto central: no es tanto el justificar, sino el haber prometido algo distinto desde el inicio.
Porque además hubo otro discurso que tocaba fibras importantes en una plaza como Ciudad Victoria: el de los jóvenes capitalinos.
“Tenemos que saber llevarlos… no podemos cargarles la responsabilidad… pero hay que DARLES SU LUGAR”, dijo.
Incluso, en otras ocasiones, el propio Díaz se ha definido como un entrenador que sabe trabajar con juveniles, que ha debutado a varios a lo largo de su carrera, sin embargo, en la práctica la historia ha sido diferente. Correcaminos dio oportunidad a jóvenes de fuerzas básicas en las primeras jornadas, pero después, como si fuera en un abrir y cerrar de ojos, desaparecieron; llegaron refuerzos y con ellos se cerraron espacios.
Hoy, salvo el caso de Rafael Arce, quien sí ha tenido participación constante, el resto de los juveniles viven entre convocatorias a la banca y minutos inexistentes; nombres como Servando Aguilar, Luis Requena, Alan Aguilar o Jesús Mata apenas figuran en la lista, pero no en la cancha, lo que deja claro que, hasta ahora, no hay una apuesta real.
A esto se suma otro detalle que también pesa: la poca presencia del cuerpo técnico en partidos de Liga Premier, donde están precisamente esos jóvenes, ya que aun cuando en varias ocasiones ha existido la posibilidad de asistir, la realidad es que el seguimiento ha sido mínimo.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿dónde quedó ese proyecto de formación?
No se trata de etiquetar ni de señalar por señalar, ni de decir si es o no mentiroso o que no cumple promesas para no ser tan agresivo, pero los hechos están ahí y terminan marcando la conversación. Como bien aplica en este contexto, “la credibilidad no se construye con palabras, sino con hechos sostenidos”, y si desde un inicio el torneo pintaba complicado o el proceso requería más tiempo, quizá lo más adecuado habría sido decirlo.
Porque el discurso fue claro y fue el de competir arriba, jugar bien e impulsar jóvenes, y hoy ninguno de esos tres ejes se ha cumplido. El único que sí apareció fue el de la afición, que volvió, se ilusionó, respondió a los cambios y creyó, pero que también, una vez más, empieza a desilusionarse.
Y es que la afición victorense no es nueva en esto; tiene décadas viendo fútbol profesional, ha pasado por Primera División, Ascenso, Liga de Expansión, y sabe reconocer procesos, pero también identificar promesas vacías, sabe cuándo le venden ilusión y cuándo esa ilusión no tiene sustento.
Aún nada está escrito, el fútbol siempre deja margen para lo inesperado y Correcaminos podría meterse a la liguilla y cambiar por completo la narrativa, pero hoy la realidad es otra, y el camino empieza a parecerse demasiado al de muchos que llegaron prometiendo todo y terminaron yéndose por la puerta de atrás.
Ojalá no sea el caso, aunque por ahora, las palabras del ‘Chavo’ pesan más por lo que no se cumplió que por lo que se dijo.




